«A nivel social, el famoseo y la chabacanería están mejor vistos que la cultura»

Jorge Martínez en su despacho del IESO El Sueve. /
Jorge Martínez en su despacho del IESO El Sueve.

«Nuestros investigadores malviven o se tienen que ir al extranjero. Desde Ramón y Cajal no hemos tenido un Nobel de Ciencias»

SHEILA VACA

Jorge Rodríguez ha empezado el presente curso escolar una nueva etapa como director del IESO El Sueve de Arriondas. Una etapa que además de por la novedad y responsabilidad del cargo está marcada por la implantación de la Lomce, «una normativa confusa donde se nos piden cambios metodológicos, cambios en los sistemas de calificación e impartir contenidos con nuevos currículos». «Estamos agobiados», confiesa.

¿Cuántos años lleva como docente?

Llevo en esto desde los 17 años, aunque la mayor parte de mi labor docente la realicé en ciclos formativos, por lo que en Educación Secundaria Obligatoria llevo poco más de tres años, soy casi un recién llegado.

¿Cómo valora esta nueva etapa al frente del centro?

Soy un director de circunstancias, que accedió a este puesto de forma accidental. No se trata de un puesto al que aspirase, sencillamente hube de asumir el cargo cuando el anterior director dimitió. Antes que nada soy un profesor de Ciencias Naturales, el cargo de director es circunstancial, una tarea que debí asumir en un momento determinado.

¿Qué retos y metas se ha marcado?

Dadas las circunstancias, debe entenderse que no traigo del brazo ningún proyecto de Dirección. Por lo tanto, la meta inicial era comenzar el curso de la forma más tranquila posible. El principal reto es que todo el mundo, profesorado, personal laboral y alumnado se encuentre en el centro lo más a gusto posible. Si todos trabajamos con comodidad, si todos nos encontramos bien, las cosas funcionarán mucho mejor.

¿Hay alguna novedad este año?

La implantación de la Lomce va a marcar la vida del centro este curso. Es una tarea compleja, pues debemos adaptarnos a un nuevo marco normativo en un plazo muy corto de tiempo. Además, el hecho de que debamos adaptarnos a ella en cursos alternos aumenta la complejidad. Deben impartirse en tercero de ESO contenidos que presuponen una formación de la que carecen, pues en segundo no han tenido algunas de las materias Lomce, como la Física y Química.

Cambios que afectan también al profesorado.

Se nos piden cambios metodológicos, cambios en los sistemas de calificación y evaluación; y a la vez, impartir contenidos con nuevos currículos. Los plazos son apretados, toda la normativa es confusa y esto nos agobia, tanto a los equipos directivos y coordinadores como al profesorado en general. Por otro lado, estamos en fase II del Contrato Programa, lo que nos obliga a desarrollar un proyecto de centro durante este curso. Es un proyecto ilusionante, supone un cambio metodológico importante y gran parte del claustro se ha implicado. Pero, al mismo tiempo, es un trabajo añadido en un año especialmente difícil por la implantación de la nueva ley. En resumen, todo un reto.

¿En qué se diferencia el IESO El Sueve del resto de institutos de la comarca?

Somos el único centro que tiene Educación Secundaria Obligatoria de primero a cuarto curso, pero carece de Bachillerato. Aunque, sin lugar a dudas, nuestro caballo de batalla son los espacios. Se encuentra ubicado en dos edificios, uno de ellos las antiguas oficinas de Extensión Agraria y el otro un albergue. Nos faltan aulas. Las que tenemos son pequeñas, solo hay un laboratorio en el que tenemos que trabajar Física y Química y Biología y Geología.

Se planteó hace un tiempo una ampliación.

Sí, está proyectada una ampliación, aunque de momento está paralizada. De todas formas, está claro que se trata de un parche, lo ideal sería un centro nuevo y en condiciones, aunque somos conscientes de que en las actuales circunstancias esta demanda es absolutamente utópica.

El sistema de enseñanza en general está experimentando un cambio. ¿Podría decirse que hay ahora más comunicación entre alumnos y profesores?

Quizás sí, quizás los profesores somos ahora más accesibles, aunque el cambio no ha sido solo en lo concerniente a la educación. Ha habido un cambio social bastante profundo, por lo que se pierden las referencias respecto al pasado. Por un lado, algunas situaciones que se daban hace 20 años, como profesores que se negaban a justificar la nota que te ponían o no te enseñaban los exámenes, son hoy por hoy altamente improbables. A cambio, la figura del profesor se ha desprestigiado considerablemente, tanto a nivel social como en las relaciones personales con los alumnos y, en ocasiones, con las familias. Es un equilibrio difícil.

¿Cómo influye en las aulas el desarrollo de las nuevas tecnologías?

Son muy importantes, nos han trasladado a una educación inimaginable hace pocos años. Hoy en día es muy sencillo proyectar todo tipo de imágenes e internet es una herramienta muy poderosa, tanto de información como de difusión y comunicación. Los chavales, además, manejan las herramientas de comunicación con gran soltura. La cuestión, la clave, es enseñarles a manejar este medio con coherencia y con sentido. Los problemas de convivencia derivados de usos indebidos de las redes sociales están a la orden del día.

¿Los padres juegan también un papel importante?

Sí. La buena comunicación y sintonía entre los padres y los centros educativos facilita enormemente el trabajo. Las familias deben entender y apoyar nuestro trabajo, nosotros debemos asumir que nuestros alumnos son sus hijos. Por suerte, en nuestro centro la comunicación con las familias es muy fluida.

¿Qué cree que se debería mejorar en la enseñanza?

La sociedad española en general debe tomar mayor conciencia de lo que supone la educación. No es en absoluto normal que estemos implantando una nueva ley educativa mirando de reojo a las próximas elecciones, ya que al aprobarse sin consenso es posible que buena parte de ella quede derogada.

Sin referentes

¿Qué ley se necesita?

España necesita una ley educativa de consenso y la necesita ya. No es solo cuestión de datos o estadísticas, o rasgarnos las vestiduras cuando llegan los informes PISA. Es algo más profundo. Desde Ramón y Cajal no hemos vuelto a tener un premio Nobel de Ciencias, aparte de Severo Ochoa, que realizó su labor investigadora en Estados Unidos. O comprendemos que esto es una tragedia, o nos condenamos como nación de futuro.

¿Y a nivel social?

A nivel social, el famoseo y la chabacanería están mejor vistos que la cultura. Nuestros investigadores malviven o se tienen que ir al extranjero. Muchos de los que iniciamos nuestra actividad profesional tras los estudios intentando vivir de la investigación decidimos abandonar el barco y dedicarnos a labores más mundanas.

¿Ha cambiado el concepto de ídolo?

Cuando era niño admiraba a Félix Rodríguez de la Fuente, sus documentales. Sé que eso, al menos en parte, me llevó a estudiar Ciencias. Ahora los chavales carecen de este tipo de referentes. En los institutos tratamos de transmitirles el amor por la ciencia, por la cultura, por la literatura, por el saber. Pero más allá, los medios de masas apuestan por la anticultura, el más grosero triunfa. Los debates son auténticas jaulas de grillos. ¿Qué enseñamos a los chavales?

Aquí es donde entran ustedes, los docentes.

No todo es pesimismo. Los jóvenes reciben formación y tienen en su mano, con las nuevas tecnologías, un mundo que hace unos años era inalcanzable. Pero es imprescindible un cambio social que vuelva a tener en consideración el conocimiento como un auténtico valor. Y como decía, unos agentes sociales y políticos que apuesten por esto, por la educación pública, por que todos puedan acceder a este conocimiento con calidad.