Cabrales despide a un «grande» de los Picos

Cabrales despide a un «grande» de los Picos
Nel Acebal

Sus amigos lanzaron voladores en su honor, antes de que el féretro recorriese a hombros Arenas seguido por una comitiva rota de dolor | Félix Moradiellos fue despedido por más de trescientas personas en Cabrales

GLORIA POMARADA

Solo una traca de voladores y un sentido aplauso rompieron ayer el silencio que el dolor impone en Cabrales tras la trágica muerte de Félix Moradiellos López en un accidente de montaña este domingo. Más de tres centenares de personas despidieron el pasado mediodía al joven en un funeral celebrado en la iglesia de Santa María de Llas, en la localidad de Arenas de Cabrales, donde residía. Pasadas las once y media de la mañana, en el cielo retumbaba una descarga en su honor, un homenaje motivado por la afición de Félix a lanzar voladores en toda fiesta, recordaron sus allegados. Del tanatorio salía al mismo tiempo el féretro, a hombros de nueve amigos y familiares seguidos de una comitiva que marchó en silencio por la carretera hasta llegar al templo. Allí aguardaban decenas de vecinos y allegados, aún conmocionados por su muerte. «Cuando vi pasar el helicóptero no me gustó nada», relató Ana Moradiellos, vecina de Sotres, sobre la jornada del siniestro. El joven mantenía un fuerte vínculo con el pueblo, pues allí residen sus abuelos Cipriano y Valentina, conocidos hosteleros tanto en el concejo como entre los aficionados a la montaña. «Venía mucho a verlos y tenía allí una pandilla de amigos», explicó. Los jóvenes de Sotres fueron algunos de los integrantes de la cuadrilla que, en plena noche del domingo, se volcó en su búsqueda por la vertiente cántabra del macizo de Ándara. Fue su tío, Cipriano López, quien encontró el cadáver al filo de las dos de la mañana, en el pico Mancondiu.

Uno de los lamentos más repetidos ayer en las conversaciones fue el de la fatalidad que se ha cebado con la familia. Hace año y medio, el hermano mayor de Félix, David, fallecía en otro accidente, en su caso tratando de acceder a su vivienda en Arenas a través de una ventana. «Fue muy seguido uno de otro, da pena y dolor ver a la familia», señaló Antonio Díaz, llegado desde Cangas de Onís para despedir al joven. «Últimamente iba más a la montaña para quitarse de la cabeza lo del hermano», explicó uno de sus compañeros del grupo cabraliego, Óscar Álvarez. «Había cogido mucha afición a la montaña», respaldó uno de sus excompañeros de trabajo, Sergio Tárano. Junto a Félix pasó años revisando líneas de alta tensión para una compañía eléctrica, un tiempo en el que demostró «ser muy trabajador y un gran compañero».

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En la grandeza del joven insistían ayer todos los que le conocieron. «Era muy buen chico, muy formal y trabajador», destacó Antonio Díaz. «Es un golpe duro, era una gran persona, siempre estaba apoyando en todas las carreras», abundó Álvarez. Hasta Santa María de Llas se desplazaron también montañeros de toda la región y de comunidades como País Vasco, todos ellos con semblante serio e incapaces de recordar a su amigo sin desmoronarse. Una vez en la iglesia, el párroco Pedro Fernández salió a recibir el féretro para oficiar a continuación las exequias, que decenas de personas tuvieron que seguir desde los soportales al abarrotarse el templo. El llanto de sus familiares al término del funeral fue sofocado con un caluroso aplauso de la multitud, que resonó hasta la partida del coche fúnebre en dirección a Oviedo, donde fue incinerado.

Félix Moradiellos tenía 35 años y una larga experiencia en la práctica de deportes de montaña, desde escalada a esquí. A esquiar había salido precisamente en la mañana del domingo, pero un resbalón en la cumbre del Mancondiu, a la que había ascendido a pie en su último tramo, acabó para siempre con un enamorado de Picos cuyo recuerdo queda grabado en una montaña que, como bien saben en Cabrales, da tanto como lo que se lleva.