Agua bendita para los compañeros de cuatro patas

Los perros fueron los animales más numerosos en la fiesta de San Antón celebrada en Parres. /  G. F. B.
Los perros fueron los animales más numerosos en la fiesta de San Antón celebrada en Parres. / G. F. B.

De conducir la subasta de los obsequios se encargó Ricardo Gómez 'Cardi' y el mejor remate, de 50 euros, fue por una tarta de manzanas y pasas La localidad llanisca de Parres festejó a San Antón con la bendición de perros, conejos, gatos e incluso gallinas

GUILLERMO FERNÁNDEZ LLANES.

Con menos presencia humana que en anteriores ediciones, la localidad llanisca de Parres festejó ayer a San Antonio Abad, conocido por aquellas tierras con el cariñoso apelativo de San Antón. No obstante, tres decenas de personas acudieron acompañadas por sus mascotas y animales de compañía, en su mayoría perros, sin que faltara algún conejo, gato o gallina. Todos ellos recibieron generosas raciones de agua bendita de manos del párroco, Florentino Hoyos. La bendición tuvo lugar en el pórtico de la iglesia, al término de la eucaristía.

La llanisca Lourdes Villar acudió con 'Max', un can cruzado. La lugareña Soraya Fernández, se presentó con 'Rocky', un perro pastor que le regalaron hace un año y que utiliza para cuidar «vacas casinas, cabras y alguna yegua». Reyes Alea llegó con 'Dobby', un chihuahua de dos años que tiene todos sus complementos personalizados. Y el joven Pelayo Pereira no se separaba de un lustroso gato llamado 'Calcetines'.

Los perros eran mayoría -no en vano se calcula que hay más de cuatrocientos millones en el mundo- y todos ellos marcharon bien regados por la bola metálica con la que finalizaba el hisopo que el sacerdote manejaba con habilidad.

La fría mañana en Parres, a la sombra de las primeras estribaciones de la sierra del Cuera, se daba por concluida con la subasta de las ofrendas que habían llevado hasta el lugar los devotos. De conducir las pujas, un año más, se encargó Ricardo Gómez 'Cardi'. Una tarta de manzanas y pasas fue el bien más valorado y por ella pagaron cincuenta euros unos lugareños de los barrios de La Veguca y Brañes. Los bizcochos cotizaron entre quince y veinticinco euros y las docenas de huevos caseros se vendieron a entre seis y diez.