Arqueología «forense» en Cangas

Vázquez Rodríguez y Coya, durante el trabajo de campo, ayer, en la cueva de Los Azules. /
Vázquez Rodríguez y Coya, durante el trabajo de campo, ayer, en la cueva de Los Azules.

Los investigadores regresan con nuevas tecnologías a la cueva de Los Azules | Un equipo multidisciplinar vuelve 25 años después al yacimiento aziliense para realizar una topografía 3D y un estudio «completo», dado su «gran potencial»

GLORIA POMARADACANGAS DE ONÍS.

Escudada por una empalizada metálica y una suerte de grandes paraguas destinados a protegerla tanto de los fenómenos naturales como de los visitantes, la cueva canguesa de Los Azules permanecía bajo candado desde 1994, cuando culminó la última campaña de investigación tras dos décadas de excavaciones, con el ya fallecido Juan Fernández-Tresguerres como figura principal. Un cuarto de siglo después, el yacimiento aziliense ubicado en Contranquil vuelve a ser objeto de estudio a través de un equipo multidisciplinar capitaneado por David Álvarez Alonso, profesor de Prehistoria de la Universidad Complutense de Madrid.

El trabajo de campo ha comenzado esta misma semana y está previsto que también concluya antes de que finalice, pues la meta fijada por los científicos está clara: «Realizar un nuevo estudio, sin intención de excavar, para completar los datos sobre la cueva». «Es hacer arqueología forense», compara Álvarez, animado a revisar el yacimiento dado lo «mucho que aún puede aportar sin hacer más excavaciones».

El punto de partida son esas investigaciones previas, cuyo principal hallazgo se produjo en 1974 con un esqueleto humano de hace 11.000 años, custodiado hoy en el Museo Arqueológico de Asturias. «Es el enterramiento más antiguo que se conoce en Asturias», explica Álvarez, quien recuerda que no es equiparable al Sidrón al ser el de Los Azules «intencional». Prueba de ello es la posición del cadáver -reposado sobre la espalda y con las manos sobre la pelvis- y la especie de «ajuar» encontrado a su alrededor, con conchas y cantos pintados. «Los Azules es el mejor registro del Norte para conocer las últimas fases del Paleolítico superior, no sabemos el potencial real que tiene», apunta.

En las campañas anteriores el trabajo consistió en ir «excavando y bajando» metros en la cueva, ya que estaba colmatada. Así se fueron detectando diferentes niveles que aportan información en múltiples ámbitos, desde la relativa a la sociedad de cazadores recolectores de la época a los datos sobre la transición entre fases climáticas de los periodos glaciares.

Expectativas «muy altas»

El trabajo de estos días ha comenzado por una limpieza de la cueva y de los perfiles sin excavar, para a continuación realizar una fotogrametría y obtener un modelo en 3D. Esa tarea recaerá en un equipo de la universidad Hafen City de Hamburgo, que esta semana trabaja también en la cueva de Coimbre y sus alrededores, en Peñamellera Alta. «Queremos tener un buen registro documental, previo a tocar cualquier cosa», explica Álvarez. Las expectativas, cuenta, son «muy altas», pues hasta la fecha «no se ha exprimido toda la información». Entre los descubrimientos que esperan obtener figuran dataciones, cronología más precisa, cuestiones de paleoambiente, cambio de fases climáticas, fauna o sociedad de la época. Todo ello se comparará con los registros de otras cavidades como Coimbre.

En pleno siglo XXI la tecnología irrumpe además como aliada, pues en el último cuarto de siglo se han producido mejoras en técnicas como el carbono 14. «Los laboratorios han afinado y los datos son mucho más fiables», explica el investigador. Y agrega que «también podremos hacer analíticas que en su día no se llegaron a realizar».

Todo ese volumen de datos será analizado hasta plasmar los resultados en un estudio completo, lo que les llevará «más de un año». «El próximo, si hay dinero, intentaremos hacer una campaña más extensa para muestrear», abunda Álvarez. También más adelante se plantearán si «merece la pena seguir completando la secuencia arqueológica para detectar niveles más antiguos». Tampoco descartan los investigadores que la cueva, dividida en dos bocas conectadas, pueda entroncar con espacios más profundos. De hecho, la denominada Los Azules II aún se encuentra colmatada.

Distintas universidades

Por su parte, en la cueva peñamellerana de Coimbre -también conocida como Las Brujas- se plantea un trabajo similar, de documentación tridimensional sin llegar a excavar. Esa cavidad, descubierta en 1971 y de mayores dimensiones, alberga muestras de arte rupestre, como el bisonte de la sala principal, así como grabados magdalenienses distribuidos por más zonas.

En el equipo de David Álvarez Alonso se integra el también profesor de la Complutense José Yravedra, así como más miembros de la universidad madrileña, de la UNED de Asturias y de la Universidad de Salamanca.