Arriondas rechaza nuevos estudios sobre las riadas y exige iniciar las obras

Una de las crecidas del río registradas este año a su paso por Arriondas. /  NEL ACEBAL
Una de las crecidas del río registradas este año a su paso por Arriondas. / NEL ACEBAL

«Son intentos de alargar un proyecto que ya está definido», dice el alcalde, mientras que los vecinos recuerdan que se trata de un «clamor social»

GLORIA POMARADA ARRIONDAS.

La «demanda social» que tendrá en cuenta el estudio en el que se analiza la prioridad de las obras para evitar las riadas en Arriondas es más bien un «clamor» entre vecinos y empresarios de la villa ocho años después de las inundaciones. «Es la obra más demandada, es una urgencia social», sostiene el alcalde de Parres, Emilio García Longo (PSOE). El tiempo de los estudios, dice, «ya finalizó, el problema y las actuaciones están definidas en el proyecto» elaborado por la Confederación Hidrográfica del Cantábrico (CHC) en 2015 y con una previsión de inversión de 15,4 millones de euros. Su materialización está ahora a la espera del dictamen del estudio, en el que se analiza la prioridad de cerca de sesenta obras a nivel nacional. Encargado este mismo otoño y adjudicado en abril, el plazo para emitir los informes es de dos años prorrogables.

Los tiempos no convencen en Arriondas. «Es una obra de interés general, necesitamos que se haga cuanto antes», afirma el alcalde, que entiende que los nuevos estudios son «intentos de alargar». Tras reunirse en los últimos meses con el anterior delegado del gobierno, Mariano Marín, y obtener su compromiso para intentar desbloquear las obras, el regidor volverá a insistir con Delia Losa, nombrada este jueves por el Consejo de Ministros del nuevo Ejecutivo socialista. «La carta para pedir la reunión ya está redactada desde el viernes y el lunes la mandaremos», indica García Longo.

Ayer se cumplían ocho años de las inundaciones y pocos eran los vecinos de Arriondas que no recordaban cómo vivieron aquel 16 de junio de 2010. «Aquello fue impresionante, indescriptible», rememora Titu Manzano, presidente de Amigos de Parres y docente en el colegio en el momento de las riadas. «Afortunadamente no habían llegado los niños, si los pilla dentro del parvulario hubiera sido una catástrofe», señala. Con los centros educativos, el ambulatorio, el hospital y residencias de mayores en la ribera de los ríos, considera prioritarias las medidas. «Estamos jugando con enfermos y con críos», indica.

La necesidad de las obras de protección frente a avenidas es compartida por el AMPA del instituto El Sueve, que recuerdan que el conjunto escolar está en zona inundable. «Para ampliarlo no dejan porque es zona inundable, pero para subsanarlo o llevarlo a otro sitio no. Es una contradicción», lamentan.

Junto con la comunidad educativa y sanitaria, los comerciantes y hosteleros de Arriondas fueron de los colectivos más afectados. «Había agua por todos los locales, en algunos llegó a más de un metro», recuerda el presidente de la asociación de hosteleros (Hotupa), Gigel Ciubotariu. El temor a que se repitan los incidentes, dice, continúa presente entre los empresarios. «Hace poco el río llegó arriba y la gente empezó a subir la mercancía porque se asustaron», cuenta.

También los comerciantes destacan cómo el miedo regresa «cada vez que sube el río». Tras las riadas de 2010, algunos negocios próximos al Piloña tuvieron que permanecer cerrados durante todo el verano. «La necesidad de las obras era evidente entonces y nada ha cambiado. Llevamos ocho años esperando unas obras sin fecha», lamentan desde la Asociación de Profesionales del Comercio. Su deseo, dicen, es que «sea una intervención eficiente con las inundaciones y también en armonía con el entorno», pero recelan de su ejecución. «Si como parece no se van a realizar, es una pena el gasto de dinero en estudios que se debería invertir en limpiar y mantener el río», apuntan.

El malestar por la dilación de los trabajos llega asimismo a los barrios más afectados por las grandes avenidas de hace ocho años, como el Tocoti o Castañera. Se da la circunstancia de que en esta última urbanización se ubican el Hospital del Oriente y una residencia para mayores. Cada vez que el río sube, explican los habitantes, el primer impulso es el de sacar los coches de los garajes. «Esta primavera se vivieron dos situaciones preocupantes, es un riesgo continuado. Es hora de que se ponga en marcha el proyecto», zanja el alcalde.