Artesanía en directo en Llanes

Los 85 puestos que acudieron al Mercáu de la Magdalena continuarán hoy la actividad comercial. / LLACA
Los 85 puestos que acudieron al Mercáu de la Magdalena continuarán hoy la actividad comercial. / LLACA

Las calles y plazas de la villa se llenaron de visitantes y vendedores con motivo del XVI Mercáu de la Magdalena

GUILLERMO FERNÁNDEZ LLANES.

El casco histórico de Llanes acogió ayer la XVI edición del Mercáu Tradicional de la Magdalena. En las plazas de Santa Ana y Cristo Rey y en las calles Mayor y Posada Argüelles encontraban ubicación 85 puestos con una oferta de mucha calidad en los segmentos de conservas, joyería y bisutería, complementos, quesos y embutidos, panes, empanadas, tartas, sobaos, boronas y crepes, jabones, frutas, vidrio, papelería, pimentón de la Vera, licores, mermeladas y miel. No faltó la tradicional propuesta de paseos en burro ni la presencia de un rebaño de cabras gestionadas por un perro de la raza border collie. Desde La Bañeza llegó Tomás Morla con un carrusel de madera de nueve plazas, movido por un desmultiplicador manual. Y de la localidad casina de Bezanes acudió Alejandro Rodríguez Junco, quien elaboraba en directo madreñas de abedul, cerezo, plágano y nogal.

Los jóvenes simpatizantes de la Magdalena administraban un bar en el que tenían previsto despachar 120 cajas de sidra Cabañón y dar salida a cien costillares de cerdo y 300 chorizos criollos, que en una parrilla cocinaban Carlos Martínez y Paco Romano. También vendían con fluidez décimos de Lotería de Navidad del número 78.221, un guarismo muy solicitado porque lleva los dígitos de los dos días grandes de la Magdalena: 21 y 22 de julio.

Desde primeras horas de la mañana, los productos de comer eran los que gozaban de la principal demanda. Y por encima de cualquier alimento el queso era el rey. Así lo aseguraban dos jóvenes emprendedores llegados desde la comarca cántabra de Liébana: Pedro Labandón, con los quesucos pasteurizados de Cabezón de Liébana, y Tomás Cabeza, con la denominación Picón Bejes-Tresviso, que vendía a 19 euros el kilo.

Muy concurrido se encontraba el tenderete en el que la maliaya Belén Alonso labraba piedra arenisca. Explicó que traía el material de canteras situadas en Cantabria y Burgos y que los principales encargos que recibe son para decoración en forma de «chimeneas, fuentes, heráldica e imaginería».

Desde la localidad llanisca de Soberrón acudió el artesano Ignacio Martínez, quien elaboraba en directo cestos y baúles utilizando madera de avellano que el hombre recoge en tierras peñamelleranas de Llonín. «Hay que escoger los palos más lisos y rectos posible, acarrearlos a cuestas hasta un camino al que llegue el coche y trasladarlos al pueblo de Soberrón, a unos 45 kilómetros», explicaba Ignacio.

El joven Pablo Peláez González pertenece a la tercera generación de la familia que fabrica en la localidad de Cue las anchoas Ballota. Al mercáu acudió con anchoas del Cantábrico en diferentes formatos y recipientes de boquerones al estilo tradicional, con ajo y perejil. Pero se atrevió a presentar una novedad, los boquerones en tomate con un toque de picante que vendía como churros a nueve euros el envase de 27 piezas.

Junto a la puerta principal de la basílica de Santa María, el joven llanisco Gabriel González presentaba una edición especial de cerveza bautizada con el nombre de Magdalena. El chaval regenta una industria de cerveza artesana en tierras de Ribadesella, en el polígono de Guadamía. Y causaban sensación las especialidades que Natalia Valle traía desde Gijón, bajo el nombre comercial de 'Llambionaes Xixón'. Se trataba de canutillos rellenos de crema, marañuelas, cocadas, rosquillas de anís, deslumbrantes trozos de empanada, casadiellas y bollos rellenos de crema de queso de Cabrales.

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