«La batalla de Covadonga se mitificó por intereses políticos»

Javier Fernández Conde ayer, en el Parador de Cangas de Onís. / N. A.
Javier Fernández Conde ayer, en el Parador de Cangas de Onís. / N. A.

«Los historiadores de ahora consideran que el enfrentamiento no tuvo lugar en 718, sino en 722», señala este doctorado en Historia de la Iglesia

LUCÍA RAMOS CANGAS DE ONÍS.

En pleno año de la conmemoración del triple centenario de Covadonga -se celebran los 1.300 años de la batalla y el siglo de la coronación de la Santina y la creación del Parque Nacional-, el sacerdote y doctor en Historia de la Iglesia por la Universidad Gregoriana de Roma y en Historia por la Universidad de Oviedo Javier Fernández Conde (Pillarno, 1937) abría ayer un nuevo ciclo de los Encuentros del Parador de Cangas de Onís. Y lo hacía acercándose a la historia que se esconde detrás de «la mitificada» batalla que dio origen al Reino de Asturias.

--Cuando habla usted de 'covadonguismo', ¿a qué se refiere?

-Para mí se refiere a enfatizar mucho sobre un hecho histórico hasta convertirlo casi en mítico. Convertirlo en mucho más grande de lo que fue. Creo que es una palabra que acuñé yo, pues no la suelo ver por ahí.

«Espero que estos centenarios no nos distraigan de los problemas de la región»

-¿Cree que eso es lo que sucedió con la batalla de Covadonga?

-Sí. En Covadonga hay un hecho real y luego sobre el mismo se edifica una construcción ideológica o mítica. El hecho real es que hubo una escaramuza entre unos rebeldes locales, uno de los cuales era Pelayo, con un grupo de musulmanes dirigidos por Alqama, lugarteniente de Munuza. Vencieron los locales y así empezó todo, poco a poco se fue consolidando la jefatura de Pelayo hasta convertirse en el Reino de Asturias.

-¿De qué forma se inició la conversión en mito?

-Esos hechos se escribieron 150 años más tarde, en la época de Alfonso III, quien a finales del siglo IX está abriéndose paso hacia la Meseta y tiene que justificar sus conquistas. Fue entonces cuando se mitificó la batalla.

-Es decir, ¿considera que fue una estrategia?

-Sí, claro, tiene objetivos políticos. La Historia es siempre muy política, siempre se utiliza como conviene a los que tienen el poder. Ocurre ahora y ocurrió siempre.

-¿Cómo fue realmente la batalla?

-Fue una escaramuza, un encuentro de dimensiones muy pequeñas y ya está. Hubo otras muchas escaramuzas similares, no solamente en Covadonga. Ésta es la mejor historiada y la más famosa, pero en toda la parte norte de la Península, en la primera década tras la invasión musulmana, se encuentran continuamente este tipo de enfrentamientos.

-¿Entonces no fue tan decisiva en el inicio de la Reconquista?

-Exacto. Si no hubiera existido esta batalla, se habría producido otra que habría iniciado un movimiento de tipo reconquistador. En este sentido, el mismo término 'Reconquista' habría también que redimensionarlo y explicarlo, pues reconquistar es volver a conquistar tierras que te pertenecían. ¿A quién pertenecían? ¿Al reino visigodo? Eso es lo que está en las crónicas y es también mítico. Yo lo que creo que pasó es que esos nobles locales, la aristocracia local, se fue haciendo cada vez más fuerte y fue expandiendo su poder paulatinamente, primero en Asturias y luego en la Meseta. Los señores en esa época necesitaban tierras y las que se estaban arrebatando al Islam era de las que se beneficiaban. El término 'Reconquista' está muy manipulado y muy mitificado también.

Herederos de Pelayo

-¿Hay más casos de 'covadonguismo' en Asturias o España?

-Por supuesto. En España muchos reyes, como título de grandeza, intentan establecer su relación con Pelayo. Todos afirman provenir de él. Eso está en las crónicas hasta el siglo XVI y los humanistas de entonces establecen listas de reyes y los hacen empalmar con Pelayo. Eso era un poco el 'covadonguismo', convertir a Covadonga en el motor, por así decirlo, de la España posterior. Todos los que escriben de Asturias, hasta el siglo XX, reproducen las mismas ideas de la crónica, la asumen y no son críticos con ella.

-¿Cuándo empezó a cuestionarse todo este relato?

-Yo creo que a partir de Sánchez Albornoz fue cuando los historiadores comenzaron a ser más críticos y a analizar mejor los hechos. Incluso se considera que la batalla de Covadonga no fue en el 718, sino más tarde, en el 722, según la fecha más probable. Es decir, que incluso la conmemoración que celebramos este año es mítica, pues no corresponde a la realidad.

-¿Qué importancia tienen estos tres centenarios para Asturias?

-Son eventos complementarios que traerán mucho despliegue a todos los niveles, no solo de la Iglesia. Asturias sonará mucho este año en todas partes. Creo, eso sí, que tenemos que tener cuidado con un posible 'grandonismo' asturiano para evitar que la gloria del pasado contribuya a que olvidemos problemas presentes. Me preocupa que de nuevo se levanten sentimientos de tipo regionalista y se olvide que Asturias es una autonomía absolutamente marginada, inferior, que no es capaz de sacar adelante temas tan serios como la llingua asturiana y que esos y otros muchos problemas económicos y de infraestructuras queden silenciados. Durante un año se va a hablar de Covadonga por arriba y por abajo y los grandes problemas quedarán marginados.

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