El campanu más versátil, en Parres

La familia De Diego Yáñez -Pedro, Iker, Christian, Aroa y Yoli-, con el campanu, en Casa Pedro. /  N. ACEBAL
La familia De Diego Yáñez -Pedro, Iker, Christian, Aroa y Yoli-, con el campanu, en Casa Pedro. / N. ACEBAL

La familia De Diego creará una «mini carta» con varios platos para que el salmón lo pueda degustar más gente y de forma variada

L. RAMOS SAN JUAN DE PARRES.

De rey del Sella a rey de Casa Pedro. El campanu del río oriental que este miércoles se adjudicaba la familia De Diego por 7.100 euros fue ayer el protagonista de todas las miradas en el restaurante que regentan en la localidad de San Juan de Parres. «Está viniendo gente a verlo y ya recibimos numerosas llamadas de personas interesadas en comerlo», explicaba, abrumado, el chef Christian de Diego Yáñez. Es quien está al frente, junto a su hermana Aroa, de un establecimiento que ya abrieron sus padres, Yoli y Pedro, en 1986.

Fue Christian también quien se encargó de subir al estrado y enfrentarse al resto de pujadores con un objetivo muy claro: llevarse a casa el campanu pescado en el mismo coto al que su familia paterna dedicó gran parte de su vida. Y será él quien se encargue de preparar, con ayuda de su equipo, la pieza para su degustación. «Para nosotros es una inversión importante, es una apuesta, y queremos tratarlo con mucho mimo», aseveró a EL COMERCIO.

Metido de lleno en la campaña de Semana Santa y con el local a rebosar, ayer el joven parragués seguía todavía dando vueltas al destino que le dará al primer ejemplar del año. Su idea, adelantó, es «crear una mini carta del salmón del Sella, que cuente con cuatro o cinco platos diferentes que permitan aprovecharlo y que lo pueda probar cuanta más gente, mejor». Así, ya tiene en mente varias elaboraciones, desde originales y novedosos bocados a platos más tradicionales y característicos de la zona ribereña de la que bebe su cocina. «Nuestra intención es que el campanu sea el rey, pero invitar también a más productos de la tierra y de temporada a esta fiesta gastronómica», apuntó Christian de Diego.

La codiciada pieza, que dio un peso de 5,46 kilos y tiene una longitud de 77 centímetros, fue echada a tierra por el sierense Ricardo Navarro en la tarde de este martes. Fue en el coto de Tempranes, junto a la localidad canguesa de Avalle, donde tiene su raíz la familia paterna de Christian y Aroa y donde varios de sus antepasados se labraron una reputación como buenos gancheros. No en vano, las primeras palabras que el chef pronunció tras hacerse con la pieza fueron en recuerdo de sus abuelos, a quienes quiso rendir homenaje. Un tributo que ahora les rendirá haciendo aquello que mejor se le da: crear.