Cangas talará y repondrá los árboles dañados del Robledal de San Antonio

El Robledal de San Antonio, listo para la celebración de las fiestas patronales. /  FOTOS: NEL ACEBAL
El Robledal de San Antonio, listo para la celebración de las fiestas patronales. / FOTOS: NEL ACEBAL

Los vecinos del barrio anteponen la seguridad a la conservación de los árboles centenarios y dicen que «los gusanos afectan a las casas»

G. POMARADACANGAS DE ONÍS.

Enclavado en pleno barrio de San Antonio, el Robledal ha sido testigo de innumerables romerías, como la que mañana volverá a albergar Cangas de Onís en honor al santo de Padua. Este año, sin embargo, lo hará con una ausencia, la de uno de los robles que pueblan el campo frente a la capilla, donde fueron plantados hace más de dos siglos por orden de Sebastián Posada y Soto, quien donó terreno y árboles a la ciudad canguesa.

La pasada semana, el Ayuntamiento procedía a cortar el ejemplar dañado «por seguridad», explicó el alcalde en funciones, José Manuel González (PP), tras comprobar que «ya estaba tocado de muerte». La misma sombra se extiende desde hace años sobre el resto del Robledal, integrado actualmente por una veintena de árboles. «Se hizo un estudio en su día y están bastante tocados», apuntó el regidor sobre un informe que abordó el estado fisiológico y fitopatológico de los árboles, elaborado hace seis años por Gesatec. En él se apuntó al debilitamiento producido por múltiples factores, desde la falta de cuidados al desmoche de ramas y las quemaduras de la hoguera. Se detectaron asimismo enfermedades y plagas ocasionadas por hongos y xilófagos.

Ante la persistencia de la problemática, González adelantaba ayer medidas en el mandato que ahora se abre. «Vamos a ir salvando los que podamos y reponiendo con árboles de un determinado grosor para mantener la esencia de un sitio muy especial para los cangueses», precisó.

La actuación va en la línea de las peticiones de los vecinos del barrio, quienes en los últimos días, tras la tala, dicen haber escuchado críticas de los cangueses por la decisión, que sin embargo ellos entienden. «Lo primero es garantizar la seguridad, el que talaron estaba mal y era un peligro con la carpa», sostenía ayer Mari Carmen Álvarez. Ella misma, contó, fue testigo hace tres años de la caída de uno de los árboles. «Era un sábado de verano, aquel día hubo boda en la capilla y el último coche se fue a las dos y media. El árbol cayó a las cinco menos veinte», rememoró sobre la desgracia evitada.

Con vivienda frente al Robledal, Orlando Poo es también partidario de primar la seguridad. Uno de los ejemplares se derrumbó años atrás sobre el muro de su casa y desde entonces dice mirar con recelo hacia los viejos robles. «Todo tiene su tiempo de vida, puede haber una tragedia», consideró. Poo apuntó además que los «gusanos, más grandes que un dedo», que dañan los robles han llegado hasta las casas cercanas, afectando a los tejados.

«Si se pueden salvar hay que salvarlos, pero si están mal los habrá que talar y plantar más», resumía Álvaro Zapico, cangués que en estos días tiene instaladas sus atracciones en la zona del Robledal. «Es un lugar emblemático y tienen que seguir poniendo otros nuevos», animó, por su parte, la vecina Nieves Martínez.