Los cazadores alertan de un aumento de los ataques de jabalíes a sus perros

Herida provocada por un jabalí durante una cacería en Ribadedeva a un perro de la raza ‘villano’. /E.C.
Herida provocada por un jabalí durante una cacería en Ribadedeva a un perro de la raza ‘villano’. / E.C.

El contacto con los lobos «les habitúa a la pelea» y su «espectacular» tamaño, con ejemplares de más de cien kilos, provoca «daños graves» en los canes

G. POMARADA /G. FERNÁNDEZ LLANES.

Un jabalí de 115 kilos atraviesa a la carrera una finca «limpia» perseguido por cuatro perros de caza. En plena persecución, el suido se da la vuelta y encara a los sabuesos, asestando nueve puñaladas a uno de ellos y provocando heridas de consideración en el resto. Ocurrió esta misma temporada en un prau conocido como El Pando, en el lote cabraliego de El Escobal y es una escena a la que los cazadores, cuentan, se enfrentan de forma cada vez más habitual. De hecho, el colectivo señala que «raro es el fin de semana en el que alguno de los perros no acabe en el veterinario». A pesar de que las heridas provocadas por jabalíes en el cuerpo a cuerpo «son inevitables» en el transcurso de una cacería, los monteros perciben unos embates de mayor virulencia. Entre las explicaciones que el gremio atribuye al fenómeno se encuentra la superpoblación de suidos o la pérdida de recelo hacia otras especies.

«El jabalí ofrece un comportamiento distinto, está sobreprotegido y humanizado», explica el guarda del coto de Ribadesella, Carlos Callejón, que achaca «cientos de causas» a los ataques, desde el incremento en el número de ejemplares hasta su mayor tamaño. En el concejo «se pasó de los 30 a los 130» jabalíes abatidos durante la temporada de caza y «cada vez tienen más peso», lo que deriva en «un mayor peligro» para los perros.

Los incidentes más graves han tenido como protagonistas a suidos que superan los cien kilos, un peso considerado excepcional hasta hace pocos años. Detrás del aumento de estos 'superjabalíes', el colectivo de cazadores sitúa el progresivo abandono del medio rural, con ingentes cantidades de castañas o avellanas sin recoger que contribuyen a una sobrealimentación de los suidos, especialmente en los meses de otoño.

«Los jabalíes son de un tamaño espectacular y cuando se produce un impacto el daño es mayor», cuenta Lolo Piquero, cazador de Llanes. En la pasada temporada diez de los perros de su cuadrilla resultaron «heridos graves» y dos fallecieron. «Cada vez se hacen más fuertes, más poderosos y terminan llegando a la costa», cuenta este cazador que, el pasado año, presenció como un jabalí se adentraba en las inmediaciones de la capilla Virgen de la Guía de Llanes, a escasos 500 metros del centro de la villa. «Hay más, son más grandes y están más cerca de las casas», resume el cabraliego Pepe Huerta.

Chalecos 'antijabalíes'

En los concejos del interior, entra también en juego la convivencia entre lobos y suidos. «Hay una gran densidad de lobos y los jabalíes están resabiados», indica Sergio Simón, guarda del coto de Onís. Esa superpoblación de ambas especies origina una mayor competitividad por la supervivencia. En su área, dos canes murieron tras el enfrentamiento con los jabalíes.

«Los jabalíes grandes y con buenas defensas están acostumbrados a pelearse con los lobos», abunda Manuel Berdial, presidente del coto de Peñamellera Baja. «Los lobos son visibles en Suarías o Merodio». Manuel García, montero llanisco, apunta que, ante la mayor densidad de jabalíes, esta especie y los lobos «comparten hábitat», lo que introduce una transformación en el tradicional comportamiento de los suidos ante los perros de caza. «Los aguantan más».

El presidente del coto de Peñamellera Baja señala que «se aculan en el encame y atacan a los perros». En las últimas semanas, cinco canes resultaron heridos durante las cacerías en su coto. Una de las medidas que en los últimos tiempos ha comenzado a verse entre los perros de caza son los llamados 'chalecos antinavajazos', una especie de coraza que aminora el impacto de los colmillos del jabalí. Las distintas variedades de chaleco presentan capas de protección superpuestas, elaboradas con fibra de polietileno, material empleado en los chalecos antibalas.

 

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