Más de un centenar de vecinos y amigos despiden a Lourdes Álvarez

Funeral ayer en la iglesia de Borines, en Piloña. / N. A.
Funeral ayer en la iglesia de Borines, en Piloña. / N. A.

Piloñeses y langreanos se congregaron en el funeral oficiado en la iglesia de Borines tras la muerte de la mujer, aplastada por un hórreo en Sieres

G. P. INFIESTO.

La parroquia piloñesa de Borines dio en la mañana de ayer su último adiós a Lourdes Álvarez Antuña, fallecida el miércoles al desplomarse sobre ella el hórreo de su vivienda de Sieres, mientras tendía la colada.

Fueron muchos los que apreciaron en vida a una mujer considerada luchadora y afable y el pasado mediodía ese cariño se demostró en un funeral al que acudieron más de un centenar de personas, tanto del concejo piloñés como de Langreo, donde residía desde hacía décadas.

«Nos sentimos robados, estafados», expresó sobre el sentir general el párroco Cristóbal Samaniego, titular de las parroquias de Sevares y Villamayor. El sacerdote lamentó también «el vacío que la muerte deja en nuestros corazones» y recordó que la pérdida es «más trágica cuando se trata de una persona joven». Lourdes Álvarez acababa de cumplir 58 años y «le quedaba mucho tiempo para compartir con nosotros. Cuando la muerte se produce de una manera inesperada el dolor se hace mucho más sangrante, la puñalada es más honda», señaló durante la homilía.

Desde que se conociese el suceso, la consternación se extiende por todo el concejo piloñés. El infortunio de que el hórreo se desplomase coincidiendo con su presencia sigue afligiendo a los vecinos y allegados, que ayer lamentaban el estado de ruina de muchas de las tradicionales construcciones asturianas. El hórreo de la familia había sido revisado recientemente sin que se apreciase riesgo de derrumbe.

 

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