Cerca de sesenta piloñeses se unen para recordar al joven deportista Eduardo Valero

Los asistentes al homenaje a Eduardo Valero, ayer, antes de iniciar el ascenso al monte Cayón. /  E. C.
Los asistentes al homenaje a Eduardo Valero, ayer, antes de iniciar el ascenso al monte Cayón. / E. C.

Desde su muerte en un accidente en 2010, sus familiares, amigos y compañeros del Piloña Deporte le homenajean subiendo al monte Cayón

ENRIQUE CARBALLEIRA INFIESTO.

El de ayer fue un día muy especial para el concejo de Piloña. No fue un sábado de grandes celebraciones ni de eventos destacados, pero fue una jornada en la que la gran familia del deporte local quiso reunirse de nuevo para recordar a uno de los suyos, a un chaval que se fue en lo mejor de la vida, dejando un gran sentimiento de pesar en toda la sociedad piloñesa. Se cumplen nueve años ya de la muerte, en 2010 debido a un fatal accidente, de un gran deportista y, como siempre recuerdan en su club, el Piloña Deporte, «un chaval ejemplar»: Eduardo Valero Cayón.

La tarde se abrió, el sol comenzó a calentar y las condiciones eran óptimas para la práctica del deporte. Se trataba de subir al monte Cayón, que se eleva sobre Infiesto y que constituye uno de los lugares habituales para entrenamientos y pruebas. Sin embargo, no se trataba de competir, sino de recordar y homenajear a Eduardo disfrutando del deporte que él tanto amaba. Sus amigos, familiares y compañeros de club se citan todos los años para recordarle.

A partir de las cinco de la tarde tuvo lugar la reunión de salida, en la misma plaza del Ayuntamiento. Unos sesenta participantes posaron para la fotografía de familia, antes de dar comienzo al ascenso a Cayón. La idea no es, ni mucho menos, competir. Se trata simplemente de subir a la montaña. Unos eligen hacerlo corriendo, otros caminando y otros en bicicleta. Es una forma de rendir homenaje a Eduardo y tenerle presente.

Una vez en la cima, todos se reunieron para pronunciar unas palabras en su memoria. La música de gaita acompañó estos momentos de emoción y posteriormente se desarrolló la habitual merienda de confraternización entre todos los presentes, entre quienes no faltaban varios niños, jóvenes y adultos de todas las edades.

Eduardo Valero Cayón contaba tan solo con 22 años cuando un fatídico atropello acabó con su vida. Un suceso que tenía lugar en Grado y que sumió en la consternación y la pena a toda Piloña. El deporte constituía una de sus pasiones y procuraba sacar tiempo para entrenar en varias disciplinas. Era uno de los miembros destacados de la sección de orientación, aunque competía igualmente en atletismo y practicaba rutas de BTT o duatlón cross.