Los chiringuitos legales del Sella piden endurecer las sanciones a los ilegales

Varios turistas descansan y reponen fuerzas en el chiringuito de Toraño. /  FOTOS: NEL ACEBAL
Varios turistas descansan y reponen fuerzas en el chiringuito de Toraño. / FOTOS: NEL ACEBAL

Los hosteleros señalan que la presión policial no es suficiente y reclaman que los ayuntamientos tomen más medidas

LUCÍA RAMOS CANGAS/ARRIONDAS.

Unas sanciones más duras y otro tipo de medidas, como la retirada de ayudas a quienes reincidan, para disuadir a quienes de forma habitual instalan puestos de venta de comida y bebida ilegales a orillas del Sella. Es lo que solicitan los propietarios de los chiringuitos legalmente establecidos en el entorno del río, quienes aseveran que el daño que esta práctica les hace «es muy elevado».

Los hosteleros reconocen que tanto las policías locales de Cangas de Onís y Parres, como la Guardia Civil sí llevan a cabo controles de forma habitual, pero aseveran que los dueños de estos puestos irregulares «tienen a gente vigilando que les avisa, por lo que se esconden y vuelven a salir en cuanto los agentes se van». Y si les pillan, aunque se les retire la mercancía y se les proponga para sanción, «les compensa pagar, los que la pagan, y al día siguiente vuelven», lamentaba ayer José Daniel González, quien regenta desde hace varios años un chiringuito en Triongo. «En la zona todos sabemos quiénes son, muchos de ellos reciben ayudas municipales y si desde el Ayuntamiento se les retirasen cuando reinciden y son multados varias veces por lo mismo, seguro que se lo pensarían dos veces», apuntó.

Algo con lo que se mostró de acuerdo su colega José Manuel Pérez, propietario de otro establecimiento en Triongo desde hace más de una década. «Es un pitorreo lo que está sucediendo aquí, ha habido personas establecidas de forma legal que incluso tuvieron que cerrar por la presión que ejercen los irregulares», aseveró. «Se ponen con los puestos prácticamente en el agua, por lo que mucha gente ya ni viene por no caminar, pero es que la normativa impide ponerse a menos de cien metros», apuntó.

En este sentido, González manifestó que «dan una muy mala imagen del Sella, pues pegan voces y lo dejan todo hecho una porquería». Pérez fue más allá y apuntó a que «muchos incluso ofrecen sidra caliente, lo que hace que los turistas que no la conozcan y la prueben así por primera vez no quieran volver a tomarla». A esto se suma, coincidieron ambos, el hecho de que los legales pasan controles -ayer mismo recibieron la visita de inspectores de Sanidad- y ofrecen servicios, además de hacer inversiones para mejorar sus instalaciones, mientras que los irregulares «se llevan íntegro todo lo que sacan, que es mucho, pues también abusan de los precios».

Desde Toraño, Rosa María Dago se mostraba de acuerdo, si bien reconocía que «este año está habiendo menos que el pasado, parece que las rondas surten efecto y los clientes vienen mucho más contentos, pues disfrutan de la tranquilidad y el encanto del Sella».

Efectivamente, desde el otro lado del mostrador, los turistas apoyan las reclamaciones de los hosteleros. «Claro que se tiene que perseguir a los chiringuitos ilegales, pues no es justo que unos cumplan y otros no», apuntaba la madrileña Elena Soler, mientras que la avilesina Laura Penedo y su amiga Sofía Mónaco, llegada de Guadalajara, aseveraban que no se fiarían de consumir nada en este tipo de puestos, pues «podría resultar peligroso, ya que no pasan ningún tipo de control».