Covadonga reza por el pequeño Héctor

Numerosos turistas, en la zona en la que tuvo lugar el trágico accidente./Xuan Cueto
Numerosos turistas, en la zona en la que tuvo lugar el trágico accidente. / Xuan Cueto

«Ahora es momento de silencio y respeto, si hay que hablar de seguridad, se hará, como del resto de temas, en el marco del Patronato», señala el abad

Lucía Ramos
LUCÍA RAMOS

El Real Sitio se vuelca con el pequeño Héctor Moreno y su familia tras el trágico accidente. Pendientes en un primer momento de la evolución del niño de tres años que el pasado lunes se precipitó desde una altura de más de seis metros mientras posaba para una foto, según los testigos, y consternados del fatal desenlace después, religiosos y trabajadores del Santuario están dedicando todas sus oraciones al fallecido, así como a sus padres y hermana. También lo hacen la mayoría de los peregrinos que, en plena temporada alta, se cuentan por miles cada día.

Entre quienes peor están llevando lo sucedido se encuentra el propio abad de Covadonga, Adolfo Mariño, quien este miércoles se ha desplazado a Oviedo para despedirse de los progenitores del niño, originario de Zaragoza, que han dejado Asturias totalmente destrozados. Eso sí, dentro del tremendo dolor que supone perder a un hijo, ambos han demostrado una gran entereza, según destacó el sacerdote. «Los dos están siendo un ejemplo excepcional, pues están llevando lo ocurrido, además de con evidente tristeza, con una gran serenidad. Son dos personas increíbles», apostilló, muy «disgustado» con lo sucedido.

No era la primera vez que la pareja, amante de la montaña, visitaba el santuario ubicado en pleno corazón de los Picos de Europa.

Almenas

En relación a la idoneidad o no de implementar las medidas de seguridad en la zona donde tuvo lugar el siniestro, las almenas ajardinadas ubicadas a la entrada de la Santa Cueva, Adolfo Mariño rehusó profundizar en el asunto. «Ahora es tiempo de silencio, respeto y oración», aseveró, indicando que «no hay que buscar culpables», ya que lo ocurrido en la tarde del pasado lunes fue «una fatalidad a la que ninguno de nosotros puede encontrar una explicación».

Sí recordó que es el Patronato de Covadonga –en el que están representados el Arzobispado, el Principado y el Ayuntamiento de Cangas de Onís– el que tiene competencias sobre el Real Sitio. Y señaló que «si hay que hablar de seguridad, se hará, como del resto de temas relacionados con el santuario, en las reuniones del Patronato».

En términos similares se expresaban estos días algunos de los trabajadores que llevan años vinculados al Real Sitio, como Manuela de Diego, quien aseveró que «las almenas llevan toda la vida así y nunca había pasado nada».

Concretamente, más de un siglo hace que el jardín almenado hace las veces de 'recibidor' de la Cueva de la Santina, según apuntaba ayer el canónigo penitenciario José Juan Hernández Déniz. Como el abad, instaba a centrarse en «rezar por el pequeño angelito y su familia», como llevan haciendo desde el lunes en Covadonga.

Patrimonio protegido

«El lugar donde todo sucedió es, probablemente, el sitio más fotografiado del Santuario y es la primera vez que sucede algo así, esperemos también que la última», apuntó. E indicó que el conjunto del Real Sitio está catalogado y protegido, por lo que cualquier tipo de actuación en el mismo queda muy limitada.

El fatal suceso tuvo lugar el pasado lunes, en torno a las seis y cuarto de la tarde, cuando el pequeño Héctor se precipitó desde las citadas almenas hacia unas escaleras que discurren por debajo, quedando tendido sobre ellas, inconsciente. En un primer momento, el niño fue atendido por una pediatra y una enfermera que visitaban la zona, así como por el personal sanitario de la ambulancia de Covadonga, hasta la llegada del a UVImóvil de Arriondas. Tuvo que ser trasladado en helicóptero al HUCA, donde falleció el mediodía del martes al no poder superar las lesiones sufridas.