El Cristo abarrota a su paso las calles y aceras de Nueva

Seis niños se turnaron en el traslado del ramo de rosquillas. / G. F. B.
Seis niños se turnaron en el traslado del ramo de rosquillas. / G. F. B.

La procesión, en la que participaron más de doscientas niñas y mozas de llanisca, tardó una hora en retornar a la capillaEn la comitiva que atravesó la localidad salieron cuatro ramos, los gaiteros y más de un centenar de hombres y mujeres de mortaja

GUILLERMO FERNÁNDEZLLANES.

La localidad de Nueva celebró ayer el día grande en honor al Cristo del Amparo y al pueblo llegaron devotos de toda Asturias y de los lugares más insospechados de la geografía peninsular. Al paso de la kilométrica procesión por el centro de Nueva, las calles y aceras de la localidad permanecían abarrotadas por vecinos, turistas y curiosos. El cortejo invirtió más de una hora en regresar a la ermita de Triana.

Desde las ocho de la mañana se celebraron misas de forma ininterrumpida en la capilla del Cristo. La misa solemne, cantada por el Coro Manín de Lastres y presidida por el párroco, Domingo González, tuvo lugar a mediodía. Al término de la eucaristía se formó la procesión.

Abría la comitiva el estandarte de San Jorge, patrón del pueblo, enarbolado por Benigno Fernández, y a su estela aparecían el gaitero Manolín Vela y el tamboritero Gregorio Trespalacios. Entre ellos, tocaba el tambor el niño Mateo Álvarez González, de un año de edad.

Por detrás aparecían cuatro ramos repletos de rosquillas y pan artesanal. El de los niños lo llevaron, por turnos, Rodrigo Otero, Juan Noval, Álvaro Gonzalo, Martín Peral del Valle, Mateo Fernández e Izan Villa, mientras que el de los veteranos lo trasladaron Álvaro Gutiérrez, Gerardo Fernández, Jesús Alonso y Javier Piquero. Seguían a las pirámides de pan varias decenas de hombres enfundados en el traje de porruano y más de doscientas niñas y mozas vestidas de aldeana llanisca, quienes cantaban y tañían sus panderetas acompañadas por el monorrítmico sonido de dos tambores.

La comitiva sacra se iniciaba con la presencia de más de un centenar de hombres y mujeres, cubiertos con el conocido atuendo de mortaja, en cumplimiento de alguna promesa para agradecer los favores recibidos por la divinidad. Ellas abrían paso a las andas con la imponente imagen de Cristo crucificado, sobre un tupido manto de claveles rojos y multitud de cintas con los colores de las banderas de España y Asturias. Cinco sacerdotes, el alcalde de barrio de Nueva, Lucio Carriles, la banda de música de San Martín del Rey Aurelio y un incalculable número de devotos, que tardaron más de una hora en recorrer el circular periplo por el pueblo de Nueva, cerraban el cortejo.

La salida de la imagen del Cristo del Amparo a las calles de Nueva fue saludada con la explosión de una potente traca de voladores y otro tanto sucedía al regreso a la capilla. El retorno disparó la febrilidad y la emoción entre los devotos y eran numerosos los que no podían contener sus lágrimas.

La mañana festiva se completó con un festival folclórico en el que niños y mayores bailaron al compás de la gaita de Manolín Vela y el tambor de Gregorio Trespalacios. Los más pequeños interpretaron el Quirosanu y las jotas de Cadavedo y Leitariegos, mientras que los mayores escenificaron las jotas de Boal y el Cuera, el Saltón, la Flor, la jotina Asturiana, el Xiringüelu de Naves y el Pericote. A partir de las seis de la tarde, los simpatizantes entrelazaron los brazos para dar vida a la llamada Danza de los Casados y se repitieron los bailes.