La Fundación Quebrantahuesos estudiará los Picos en busca de malaria

Análisis en uno de los quebrantahuesos del Pirineo durante la primera fase del estudio. /  FCQ
Análisis en uno de los quebrantahuesos del Pirineo durante la primera fase del estudio. / FCQ

Tras hallar mosquitos Culex y moscas negras en Pirineos, la segunda fase de la investigación se desarrollará en Asturias a partir de marzo

GLORIA POMARADA BENIA.

Como especie en vía de recuperación, el quebrantahuesos es objeto de un seguimiento clínico de «alto nivel» de cuyos resultados se beneficiará también el conjunto de la fauna de las zonas montañosas e incluso los humanos. Así ha sucedido con los virus de la fiebre del Nilo Occidental y de la malaria aviar, desconocidos hasta la hecha en las áreas de mayor altitud y detectados en los últimos meses a través del trabajo con los quebrantahuesos del Pirineo aragonés. «Había sospechas de que podría haber pollos infectados y de ahí partió la investigación. El quebrantahuesos dio la voz de alarma», explica Gerardo Báguena, director de la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos (FCQ) sobre el proyecto emprendido entre febrero y junio junto al Instituto de Investigación de Recursos Cinegéticos -dependiente del CSIC-, las universidades de Zaragoza y Castilla La Mancha y la Fundación Iberdrola, que aporta la financiación.

Ayer, los resultados de la primera fase de estudio, realizada en Pirineos, fueron presentados en Madrid. Los hallazgos son concluyentes: el virus ha sido detectado en individuos cautivos y silvestres, con lo que «queda demostrado que el quebrantahuesos es susceptible de desarrollar estas enfermedades y, en el caso de la fiebre del Nilo, puede llegar a morir». La presencia de mosquitos Culex y moscas negras -simúlidos-, vectores de los virus de la fiebre del Nilo Occidental y de la malaria aviar, se confirma además «en todas las ubicaciones estudiadas» en el Pirineo español , «a excepción de las situadas a gran altura o áreas muy boscosas».

La segunda parte del proyecto científico llegará ahora a Picos de Europa, donde el trabajo de campo comenzará cuando remitan las nieves, «en febrero o marzo», explica Báguena. El método empleado será similar al ya implantado en Aragón, con trampas que permiten capturar a los insectos hematófagos. «Las estaciones de captura se colocarán a 1.000, 1.500, 1.700 y 2.000 metros», indica Báguena. A continuación, mediante la técnica de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) «se podrá saber si está afectado» y a qué especies puede haber contagiado.

En una zona como Picos de Europa, con carga ganadera, los resultados van más allá del quebrantahuesos y permitirán también conocer el riesgo potencial para las reses.

170 personas fallecidas

Desde la FCQ recuerdan que el virus de la fiebre del Nilo Occidental no es habitual en estas latitudes, una irrupción que podría estar relacionada con el cambio climático. Durante sus horas de actividad, las noches, las «temperaturas son cada vez más cálidas», un «escenario favorable» que permite que proliferen en zonas altas y «encuentren nuevos huéspedes», explica Báguena.

Otro de los cambios observados en el virus está relacionado precisamente con los 'huéspedes', pues solía afectar a las aves. «En los últimos años, su afección se ha extendido con gran virulencia en zonas de Europa donde no se había detectado anteriormente, llegando, incluso, a afectar a personas y causar fallecimientos en casos puntuales», indican desde FCQ. Según datos del Centro Europeo de Prevención y Control de Enfermedades, en países de la Unión son 170 las personas fallecidas y 1.463 las afectadas por la fiebre del Nilo Occidental.