Guardianes de los Picos al Sella

Agentes del Seprona de Cangas de Onís y Panes vigilan el río Sella. / FOTOS: NEL ACEBAL
Agentes del Seprona de Cangas de Onís y Panes vigilan el río Sella. / FOTOS: NEL ACEBAL

El Seprona intensifica estos meses la vigilancia en los ríos mientras investiga incendios | Cinco personas han sido investigadas en la comarca oriental tras la oleada de fuegos de este invierno

GLORIA POMARADA CANGAS DE ONÍS.

Son conocidos como los 'guardianes de la naturaleza', un medio que en la comarca oriental se extiende allá donde se pose la vista, desde el Cantábrico a los ríos, pasando por las cumbres del Cuera, el Sueve y los Picos de Europa, con sus respectivas protecciones normativas de por medio. Los agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil de los puestos de Cangas de Onís y Panes son de hecho los únicos de Asturias que tienen el cometido de velar por un Parque Nacional. A ello se suma, en el caso de los cangueses, otro espacio protegido: el Parque Natural de Ponga. Con tal ámbito de acción, amplio en superficie y normativa -se encargan desde cuestiones medioambientales a urbanísticas-, el suyo es un trabajo que combina horas de oficina y de inspección sobre terreno.

En ello se afanan precisamente estas últimas semanas, con el foco puesto en los ríos en los que ayer comenzaba la temporada con muerte. Los agentes intensifican esa vigilancia para atajar la «picaresca» desde semanas antes de la subasta del Campanu, con el fin de evitar que el primer salmón del año sea fruto del furtivismo de jornadas previas a la apertura oficial. «A las seis ya estamos en el río, controlando que todo sea legal», cuentan los guardias, y relatan cómo fruto de su constante vigilancia en los cauces han atajado todo tipo de prácticas: «Cogimos a gente que pescaba a fusil, buceando, y ya tuvimos que quitar redes del Cares».

La pesca es uno de los aspectos de los ríos bajo su control, pero no el único. El mayor rompedero de cabeza del Seprona en el Oriente, reconocen los propios agentes, es el de los chiringuitos ilegales del Sella. «Siempre son los mismos, una y otra vez», lamentan los efectivos del Seprona sobre los infractores, que al estilo de los 'manteros' montan sus puestos junto al cauce, replegándose con rapidez en caso de detectar la presencia policial. «Llegan a vender grandes cantidades de bebida, tienen sitios donde la almacenan cerca del río, en apartaderos de la carretera», relatan.

Lejos de erradicarse, la problemática «sube o se mantiene», consideran los agentes, quienes echan en falta mayor regulación. Sin esas herramientas normativas, su labor no cesa en materia de inspección y a las puertas de la Semana Santa «ya empezamos a intensificar la vigilancia», indican. Lo mismo ocurre con las acampadas, otro 'punto calientes' de una comarca «muy turística que también tiene ese problema en la playa en época estival, especialmente en la zona de Llanes», explican.

Colaboración vecinal

Mientras las tareas propias de la temporada alta entran en acción, el Seprona atiende en estos meses otro de los desafíos que se repiten año tras año, los incendios. A raíz de la última oleada, son cinco los investigados en distintos concejos de la comarca. «En Cabrales pillamos a uno 'in fraganti' en febrero», apuntan. La lucha contra el fuego pasa por varias fases, desde la prevención y vigilancia en momentos de meteorología favorables al fuego, a la posterior investigación en caso de que los montes lleguen a arder. De su experiencia infieren que los fuegos provocados se inician con «la intención de regenerar pastos», principalmente en los meses de invierno.

Una de las dificultades que se mantiene en esos casos es la de la colaboración ciudadana a la hora de aportar pistas. «Que llame alguien diciendo que tal persona quemó es imposible», sostienen. Todo lo contrario sucede en materia animal. «Tenemos muchos avisos, sobre todo en verano. Hay mucha concienciación en el tema del bienestar de los animales», apuntan. En ocasiones es tal el celo de la ciudadanía, principalmente turistas y peregrinos, que reciben alertas sobre animales sueltos por los pueblos que confunden con mascotas abandonadas. También se repite el patrón de dar la voz de alarma ante perros con cadena. «Siempre se comprueba lo que nos dicen y se agradece la colaboración», afirman.

A pesar de ser «hechos aislados», de cuando en cuando sí surgen en la comarca casos de maltrato en animales de compañía o de producción. En el Seprona aún recuerdan las recientes experiencias con la burra 'Margarita', fallecida en 2016 en Llanes tras permanecer durante semanas sin alimentos, o la granja de Porrúa donde aparecieron cadáveres de ovejas y gallinas en 2017.

Entre los éxitos recientes del Seprona se encuentra su participación en la operación Antitox VII, que se saldó con 21 detenidos e investigados en toda España por el uso ilegal de veneno en el medio natural. Entre ellas, la del presunto autor del envenenamiento de un ejemplar de quebrantahuesos liberado en Picos.

Veneno para animales

Los venenos más utilizados, explican, siguen siendo el aldicarb y el carbofurano, «fáciles de comprar», si bien perciben que «el uso va a menos a raíz de las condenas». Lo mismo ocurre con el furtivismo de la angula, sin casos en el último año. También el lobo vive meses de tranquilidad tras la aparición de restos de cadáveres en enclaves céntricos de Cangas y Arriondas a lo largo de 2017.

Respecto a las especies exóticas, los casos son contados en el Oriente, donde recuerdan la aparición tiempo atrás de un tigre en Cangas de Onís. Otra especie de renombre, el cerdolí, también llegó a pasearse por la comarca, si bien «ahora se ven menos que hace tres o cuatro años». Acostumbrados a bregar con la naturaleza, los agentes del Seprona afrontan además otro tipo de infracciones, las urbanísticas y aquellas relacionadas con el patrimonio. A pesar de lo vasto de los bienes en la zona, los daños son poco frecuentes. Una calma por la que seguirán velando desde las montañas al Cantábrico.