La Guía toma las calles de Llanes

El paso de la Virgen de la Guía por Llanes puso de manifiesto la devoción, el respeto y el sentimiento de sus simpatizantes. /  FOTOS: NEL ACEBAL
El paso de la Virgen de la Guía por Llanes puso de manifiesto la devoción, el respeto y el sentimiento de sus simpatizantes. / FOTOS: NEL ACEBAL

Más de dos mil personas, de aldeana o porruano, participaron en el desfileCuatro bandas de música al ritmo de la melodía 'Los Nardos' acompañaron a cuatro ramos de pan artesanal y a los niños de la Danza de Arcos

GUILLERMO FERNÁNDEZ LLANES.

En una mañana soleada y de agradable temperatura, los simpatizantes llaniscos de la Virgen de la Guía mostraron todo su poderío. En el desfile folclórico matinal, desde la Venta de la Uña hasta la avenida de la Paz, pusieron en la calle a más de dos mil personas vestidas de llanisca o porruano, cuatro bandas de música, la banda de gaitas Llacín, cuatro ramos de pan artesanal, las once parejas de niños de la Danza de Arcos y varios gaiteros y tamboriteros. En el cortejo sacro de la procesión posterior a la misa, impresionó la llegada de las andas de la Virgen al puente sobre el río Carrocedo, momento en el que las aceras de la villa parecían insuficientes para acoger al enorme gentío dispuesto a no perder detalle de lo que iba sucediendo ante sus ojos.

Las primeras notas de asturianía procedían de los gaiteros que acompañaban el traslado del ramo de Pancar, que llegó a la villa a hombros de los jóvenes Diego Sánchez, Ignacio del Río, Óscar Menéndez y Pablo Fernández, que más tarde cedían su sitio a los veteranos Javier Menéndez, Ramón Sánchez, Juanjo del Río y Javier Fernández.

Al frente del desfile folclórico aparecían las once parejas de niños danzantes, dirigidos por Ángela Morán y acompañados a la gaita por Santi Galguera y Luis González Puente, al tambor. Tras ellos marchaban los gaiteros de Balmori, los hermanos Julián y Conchita Herrero, quienes abrían paso a los cuatro ramos y a la banda Llacín, de la que formaban parte 28 gaiteros y doce percusionistas. Cuatro bandas de música, con más de un centenar de intérpretes, se intercalaban entre los dos millares de hombres y mujeres ataviados de llanisca y porruano. Eran la Unión Musical del Principado, la banda de Laviana, la Agrupación Musical de Torrelavega y la banda del Ateneo Musical de Mieres en las que actuaban como directores, respectivamente, Jesús Alberto Alonso Pacheco, Jesús Enrique García Martínez, Alfonso Díaz Casado y Antonio Cánovas. Cerraban el cortejo los abanderados: Antonio Dueñas, Emilio Carrandi, Nacho Torre, José Ramón Sánchez y José Ramón Suárez, quienes enarbolaban las enseñas de la Guía, Llanes, Asturias, España y Europa. En ese pelotón de veteranos marchaba el entrañable José María Soberón 'Chovero', que ayer cumplía 45 años vistiéndose de porruano para el día grande de la Guía, de forma ininterrumpida.

Multitudinaria y fluida

Tras la misa, oficiada por el párroco, Florentino Hoyos, y cantada por el coro parroquial, se formó una procesión que resultó tan multitudinaria como otros años pero mucho más fluida que en ediciones anteriores. Lo cual es de agradecer.

Además de todos los participantes en el desfile folclórico matinal, que formaban la comitiva profana, el cortejo sacro se iniciaba con la presencia del estandarte de la Virgen, en manos de Juan Antonio Sotres Dueñas. Tras la trabajada tela aparecían las once parejas de niños que fueron interpretando la Danza de Arcos a lo largo del recorrido. La pareja cabecera estaba formada por Carmen Torre y Álvaro Martínez, mientras que el dúo más joven lo integraban Yara Tárano y Pelayo Bilbao, de siete y ocho años.

Al llegar las andas con la imagen de la Virgen de la Guía al puente sobre el río Carrocedo, ululaba la sirena de la lonja de pescadores. La imagen de la Virgen giró para orientar su mirada al mar, la banda de música del Ateneo de Mieres interpretaba la Marcha Real y se procedía a la suelta de 110 palomas mensajeras, aportadas por Rubén Fernández, Joaquín de la Vega y Pedro Sustacha, vecinos de Barro los dos primeros y de Niembro el tercero. A los cinco minutos, el joven Rubén ya había sido notificado por su abuela, Ángeles de la Vega, de que las palomas estaban de vuelta, sanas y a salvo, en el palomar barrucano.

La comitiva, que tardó más de una hora en atravesar la villa, estaba cerrada por los sacerdotes, el presidente del bando, David Prada, significados simpatizantes de la fiesta, la agrupación musical de Mieres y un importante número de devotos.

La presentación del relevo

La llegada de los romeros al campo de la Guía dejó el espacio abarrotado. No cabía un alfiler. En presencia de la Virgen y acompañados por la banda de música, los más pequeños interpretaron la Danza de Arcos y a la torre que se forma al finalizar sus evoluciones, acudieron decenas de progenitores que llevaban en sus brazos a los niños nacidos durante el año para presentárselos a la Virgen. El futuro relevo generacional quedó comprometido, antes de que la talla de la Virgen de la Guía regresara a la capilla que le sirve de morada a lo largo del año.

A continuación, se escenificó la Reverencia y los cantares del ofrecimiento de los ramos. Mientras, la juventud calentaba motores para ofrecer un selecto festival foclórico. Los últimos 20 días habían estado ensayando bajo la batuta de Marta Sanz y Marta Gutiérrez y justificaron su pericia en la ejecución del Fandango, la Jota del Cuera y el Xiringüelu de Naves. Después, llegó el Pericote, acompañado por dos panderos y cantado por Elena Álvarez. De los ensayos de este emblemático baile se habían encargado Begoña Valle y Alejandro Burgos.

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