Los hosteleros del Sella piden que se «ponga fin» a los chiringuitos ilegales

Uno de los chiringuitos ilegales a orillas del Sella el pasado verano. /  JUAN LLACA
Uno de los chiringuitos ilegales a orillas del Sella el pasado verano. / JUAN LLACA

Aseguran que les hacen competencia desleal, dan mala imagen al sector y podrían ocasionar daños a los turistas al incumplir la normativa sanitaria

LAURA CASTRO ARRIONDAS.

«Cansados» de ver cómo cada verano la situación se repite, los hosteleros de Arriondas, Ribadesella y Cangas de Onís exigen que los controles de los chiringuitos ilegales del Sella sean «periódicos y continuos para ponerle fin al problema de una vez por todas». Consideran, al igual que los regidores de los concejos ribereños, que los trabajos realizados por las patrullas el año pasado peinando las márgenes del río fueron «efectivos», pero prevén que no serán suficientes para frenar esta problemática actividad.

«De poco sirve que pasen un día por la zona y les obliguen a desmontarlo, pues esto solo les da la oportunidad de cambiar su puesto a otra zona», indicó Lilo Arias, la tesorera de la Asociación de Hosteleros y Turismo de Parres (Hotupa), quien agregó que su colectivo está «dispuesto a ayudar y colaborar» para acabar con el problema. Una postura similar a la mostrada por José Antonio Sánchez, el presidente de la Asociación de Empresarios de los Picos de Europa (Incatur), quien hizo especial hincapié en «la ilegalidad de estos negocios, pues es especialmente grave porque están vinculados con el turismo activo de la región». Sánchez aseguró que «a todos los empresarios se les exigen unos mínimos bajo la legalidad vigente que estos chiringuitos no cumplen, por lo que la competencia es absolutamente desleal».

Les preocupa, además, la imagen que estos negocios fraudulentos dan a los turistas que aprovechan la temporada estival para disfrutar del tradicional descenso del Sella. «Es una de las actividades más importantes que ofrece esta zona y parece que no se está cuidando como debería», reiteró Sánchez.

El año pasado la lucha contra estos vendedores ambulantes sin ningún tipo de licencia arrancó en Semana Santa. Las primeras redadas se llevaron a cabo coincidiendo con las buenas condiciones climáticas que animaban entonces a los turistas a realizar el descenso. Unas circunstancias que este 2018 no se han producido, por lo que se ha originado cierto retraso en las negociaciones entre los consistorios ribereños para retomar el dispositivo, tal y como reconoció el alcalde de Parres, Emilio García.

Sin embargo, los hosteleros instan a las autoridades a tratar el tema con premura para que cada vez haya menos puestos de este tipo. «No se puede permitir que continúen con esta actividad ilegal», espetó Bruno Lombán, representante de los hosteleros de Ribadesella. «Es de locos, llegan con su carrito y se ponen a vender bebidas a los turistas a orillas del Sella sin ningún tipo de normativa que lo regule. Lo ideal sería que se efrentaran a sanciones decentes, de más de 3.000 euros, para que se les quitaran las ganas de repetir», añadió Lombán. «Si cualquier ciudadano abre un negocio sin licencia, se enfrentaría a unas multas y unos problemas tremendos y esto es lo que debería pasar en este caso», insistió.

Los turistas, en riesgo

«Necesitan inraestructuras y una normativa. Así podrían salir a licitación y se podrían explotar de manera legal. Y, además, de esta forma se garantizarían ciertas condiciones de salubridad que ahora no se dan», planteó Lombán.

«No solo da mala imagen, sino que puede acarrear problemas de salud a los turistas porque no tienen ningún tipo de control sanitario», señaló Arias. «Los hosteleros de Parres trabajamos muy duro para poner en lo alto del mundo gastronómico a nuestro concejo. Lo estamos haciendo bien, tenemos dos estrellas michelín en la zona, pero esta situación nos perjudica», continuó la tesorera de Hotupa.