Huellas en la carretera prueban la vuelta del oso a Ponga tras décadas

Huellas atribuidas al oso por los expertos, en la carretera al pueblo pongueto de Sobrefoz. / XUAN CUETO
Huellas atribuidas al oso por los expertos, en la carretera al pueblo pongueto de Sobrefoz. / XUAN CUETO

La guardería también ha hallado restos de excrementos y pelos que serán analizados. «Las evidencias son cada vez más notorias», dicen

GLORIA POMARADABELEÑO.

El oso llegó a considerarse extinguido en Ponga tras décadas sin constancia de ejemplares en sus montañas. Sin embargo, desde hace cinco años en el Parque Natural, que abarca la totalidad del concejo, vienen sucediéndose «evidencias» de un retorno ahora confirmado. Las pruebas definitivas han llegado en los últimos quince días, con rastros de haberse provisto de alimento en cerezales y unas huellas aparecidas esta misma semana que no dejan lugar a dudas para los expertos. Marcadas sobre el asfalto de la carretera de Sobrefoz, las pisadas del plantígrado indican que al menos un ejemplar vuelve a campar por Ponga. «También recogimos restos de excrementos y pelos», explican desde la guardería del Principado. Esas pruebas serán ahora sometidas a un análisis de ADN para determinar las características del animal o animales. A la espera de los resultados, los agentes se decantan por un oso macho «aparentemente grande» que podría estar bajando de la zona de Caldes.

En el último lustro, los agentes que operan en el Parque Natural de Ponga vienen observando «evidencias cada vez más notorias» de que los osos «están de paso» en zonas como Ventaniella, Viego o Les Llampes. «El oso está en expansión y es fácil que acabe ocupando estos montes porque están bien conservados», explican. El buen estado de la naturaleza pongueta es precisamente uno de los elementos que destacan como motivo del retorno: «Es un termómetro que indica que el monte está bien», insisten. Recuerdan además que de la existencia pasada del oso en Ponga da fe la propia toponimia local, desde Valloseru a Brañadosu.

La vuelta del rey de la Cordillera Cantábrica se esperaba desde tiempo atrás en el concejo, que ha comenzado a formarse para la convivencia mediante talleres impartidos por la Fundación Oso Pardo y enfocados a distintos colectivos, desde los propios residentes a los cazadores. El objetivo es que los vecinos estén preparados en caso de que se asienten poblaciones con crías, meta última que anhelan tanto desde el Ayuntamiento como desde el Parque Natural. «Ojalá se introduzca y críe en Ponga», expresan. La alcaldesa Marta Alonso señala que las últimas pruebas «son una muy buena noticia», tanto a nivel de conservación como de impulso turístico. «Es un recurso importante, Somiedo ha salido adelante gracias al oso», recuerda. A ese concejo viajaron precisamente el pasado año los ponguetos para conocer de primera mano cómo coexisten con esos animales y las oportunidades que brindan en materia de desarrollo local.

Los expertos siguen desde hace cinco años el rastro de un animal dado por extinto«Es un termómetro de la buena conservación y un recurso turístico importante», dicen

Por el momento, explica la regidora, la vuelta del plantígrado ha sido recibida con agrado por los ponguetos. «A los ganaderos no les produce perjuicio y, al contrario, beneficia al concejo», insiste Alonso. Los expertos de guardería y Parque respaldan su apreciación, ya que estos mamíferos omnívoros «originan pocos daños». «Son muy selectivos, ahora están a frutos carnosos y recurren a la carne de enero a marzo, pero les gusta la carroña descompuesta», indican.

Hasta la fecha, la población osera ha crecido en mayor medida en la zona occidental de la Cordillera Cantábrica. Según los datos oficiales de los últimos años, ente 190 y 230 ejemplares se corresponden a la subpoblación occidental, frente a los cuarenta de la oriental.

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