Manifiesto de repulsa por el asesinato del edil Javier Ardines

Manifiesto de repulsa por el asesinato del edil Javier Ardines

Javier Ardines ha dejado un gran vacío en Llanes. Sus compañeros de la agrupación de Izquierda Unida han elaborado un emotivo manifiesto para recordar a una persona «honesta y llena de valores» y lo han leído ante cientos de personas frente al Ayuntamiento donde tantas horas pasó el edil. El encargado de recitar dichas palabras fue el excoordinador regional de IU en Asturias Manuel González Orviz. Aquí puede leer el texto íntegro:

«En días como hoy faltan las palabras y al mismo tiempo nos sobran, en ese silencio tan elocuente que ilustra el enorme vacío de la ausencia. Hablar de la muerte siempre es doloroso y más cuando llega a destiempo y de forma violenta. Hablar de la muerte duele, cuando quien se va es tu padre, o tu esposo, o tu hijo, o tu amigo, o tu camarada. Hablar de la muerte cuesta, cuando no hay razón y solo sinrazón.

Javier Ardines, Javi para muchos de nosotros y nosotras, se ha ido, pero no así todo el calor que supo transmitir, toda su energía, toda su ilusión y capacidad para enganchar a quien le oía en la tarea de hacer un mundo mejor, empezando por su propio entorno, por su propio pueblo.

Son muchas las personas que conocían a Javier en las distintas etapas y facetas de su vida. Sin embargo, estoy seguro que hubo un denominador común que llegó a todas y cada una de ellas: su bonhomía. Porque Javi era, por encima de cualquier otra cosa, un hombre justo y bueno y no verlo solo se explica desde una mente distorsionada o desde la maldad.

Había un Javi emigrante, en forma de los recuerdos de una primera infancia en Halle, Bélgica; había un esposo, padre, hijo, abuelo y amigo; había un hortelano, fruto de sus estudios de técnico agrícola y de invernaderos, había un marinero, un pescador, un navegante que surcó el cantábrico marcando el rumbo del Bramadoria; había un político peculiar, íntegro porque era nítidamente de izquierdas, comprometido en la limpieza, la transparencia, la democratización y la lucha contra la corrupción y caciquismo, aquí en Llanes, en su ayuntamiento, con el único dictado que el de su propia conciencia.

Todos los seres humanos somos polifacéticos y algunos, como Javi, tienen tantas facetas que, como en un prisma, reflejan en múltiples destellos una imagen que, solo en su conjunto, nos permite formar el retrato y el relato definitivo del hombre. Yo he tenido la suerte de conocerlo, de tratarlo y de disfrutar de su amistad, en la política y fuera de ella, en el día a día, con su familia y la mía.

Cuesta pensar que mañana no podremos contar con él, que siempre estaba dispuesto, para echar una mano, o para analizar un problema o una situación; duele pensar que no podremos quedar, como tantas otras veces, para salir un rato y hablar de todo y de nada, para reírnos también, porque Javi tenía un especial sentido del humor, con su socarronería y esa flema británica que, en realidad, es tan asturiana como la sidra.

Desde el jueves aquí han pasado solo unas horas, unos días, pero se diría que ha transcurrido un siglo, en el que hemos tenido que pasar desde la incredulidad ante un hecho espantoso e incomprensible a la certeza de que no hay despertar posible para esta pesadilla, porque no es un sueño, sino la más inimaginable y aborrecible de las realidades.

No podemos especular con las causas de esta muerte absurda, de este crimen horrendo: por respeto a su memoria y por amor a su familia, que sufre la pérdida y la incertidumbre al ser incapaces de explicarse qué ha pasado. En realidad, nunca será posible, porque no hay razones para que nadie mate a nadie y, en una sociedad sana, precisamente por su salud, las muertes violentas se nos hacen incomprensibles y horrendas.

Lamentablemente, la violencia es más frecuente de lo que nos gustaría, también aquí, en sitios en los que a veces nos creemos a salvo de los crímenes que nos muestran los telediarios, los informativos de cualquier medio.

En esta concentración de hoy, quiero recordar a nuestro compañero y amigo Javier Ardines, su compromiso político y social, su bondad como una persona que luchaba, cada día, por hacer de Llanes, de su pueblo, un mejor lugar para vivir.

Esta concentración es un homenaje a su memoria, es un abrazo gigante a su familia más cercana, es un acto de autoapoyo de todas las personas que le echamos y echaremos de menos, es un reconocimiento a alguien sin el que, hoy, no podría entenderse Izquierda Unida de Llanes.

Desde aquí, en este lugar que hubiera preferido no tener que ocupar jamás, hago un llamamiento para el pronto esclarecimiento de este crimen y pido a todos y cada uno de quienes me escucháis que mantengáis la calma y la prudencia. Hagámoslo por la memoria de Javi Ardines y por su familia. Especular no lleva a nada, salvo a sumar más dolor al dolor.

Pero también quiero decir que estamos aquí consternados y horrorizados pero sabemos, y debéis saber, que la instigación al odio y a la falsedad es un caldo de cultivo idóneo para que se produzcan hechos tan graves como éste y situaciones similares.

Hoy, en Llanes, en esta concentración silenciosa, y amarga, muchos de vosotros y vosotras jamás os habéis visto, pero aquí estáis, unidos por el mismo dolor y sentimiento, por la misma rabia, porque han asesinado a una persona íntegra, honesta y llena de valores que siempre defendió el respeto a los demás. Porque queremos conocer toda la verdad que ayude a nuestro duelo aunque la pérdida es irreparable. Porque necesitamos justicia y castigo ejemplar para los culpables. Entre tanto dolor, quiero que nos quedemos, al menos, con una imagen de Javier que es la de tanta y tanta gente que habéis querido estar hoy aquí, en repulsa del crimen, contra la violencia y en memoria de nuestro compañero querido.

En su memoria, gracias y justicia.»

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