Los increíbles pasos de los pastores por los Picos

Tratan de preservar la memoria de los primeros caminos del Cares o el Dobra, ya dotados de armaduras o puentes tibetanos | «Al haber dado la espalda a la historia casi todos han desaparecido», dicen. Temen además que los aún existentes queden vedados por el PRUG

Alberto Tapia en la Travesina del Cuervu, en la peña El Tornu y sobre Bulnes. / FOTOS: VÍCTOR SÁNCHEZ
Alberto Tapia en la Travesina del Cuervu, en la peña El Tornu y sobre Bulnes. / FOTOS: VÍCTOR SÁNCHEZ
GLORIA POMARADA CANGAS DE ONÍS.

En los Picos de Europa existen dos tipos de «regalos», unos son obra de la propia naturaleza, como el Urriellu, y otros el legado milenario de los pastores. La categorización la hace el oniense Víctor Sánchez Martínez, uno de los montañeros que se ha propuesto preservar la memoria de aquellas rutas que en su día abrieron los moradores de Picos y que hoy corren incluso el riesgo de quedar vedadas como consecuencia del olvido. «El Parque Nacional no tiene ni idea de la mayoría de las rutas que existen en Picos», afirma el guía, buen conocedor de la zona del Cares. Como él, más expertos centran su labor en desfiladeros de la zona del Dobra o el propio Cares.

Tras años trabajando sobre el terreno y compartiendo sus hallazgos, los montañeros apuntan a una falta de documentación oficial sobre esos caminos primitivos que los sume ahora en la encrucijada del Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG). El documento permite de forma general el tránsito por senderos, veredas y trochas, pero de ese artículo se deriva un interrogante: «¿Qué pasa si no consta que hay camino?», expresa el guía. «Al haber dado la espalda a la historia casi todos los caminos han desaparecido y no se contemplan como tales. Puede pasar que vayas por uno sabiendo que existe pero que desde el Parque lo desconozcan», explica.

Para evitar ese extremo, los montañeros apuestan por catalogar los senderos primitivos, no tanto con fin deportivo como histórico. «La idea no es hacer una guía, sino un documento en el que conste que eso existió», explica. La iniciativa es también un homenaje al legado de esos pastores que «cada día se jugaban la vida» y que «equiparon los caminos». «Todos los accesos que tenemos en la alta montaña se los debemos al pastor», recuerda Sánchez, descendiente de la familia de los Martínez, vinculada al Urriellu, y de los pastores Cirilo Sánchez y Leoncia Campillo, elaboradores de Gamonéu y primeros ganadores del certamen.

De la riqueza de los caminos de Picos dan cuenta los hallazgos de armaduras y calzadas a modo de ferratas, puentes tibetanos o cabañas «en zonas donde nadie podría pensar que se puede llegar a pie». Pero los pastores tenían que hacerlo para sobrevivir en un oficio que supuso «la muerte de muchos, dependientes de los caprichos de las cabras. Por eso tenían que ir donde ellas iban, jugándose la vida cada día», destaca Sánchez.

Por todo ello, considera que la historia del Parque Nacional «está mal contada», pues debería prestar mayor atención «al patrimonio rural que nos ha dejado el pastor, que lleva aquí cinco mil años, pero solo se recuerdan los últimos cien». En ese punto incidirá precisamente el 1 de junio en la majada de Soñín, durante la primera fiesta del pastor de Onís, de la que será pregonero.