Una mujer enamorada del pueblo que la vio crecer y al que siempre volvía

L. R. INFIESTO.

«Estaba enamorada de Sieres y siempre que podía venía a pasar unos días». Todos los vecinos de esta pequeña localidad piloñesa donde en la tarde del miércoles la fatalidad quiso que un hórreo se desplomase sobre Lourdes Álvarez, coincidían ayer en destacar cómo una de las grandes pasiones de esta mujer de 58 años recién cumplidos era, precisamente, su pueblo. El lugar donde se crió en una bonita casa indiana, ubicada en una ladera, en compañía de su madre, Piedad, y su padre, Tino, quien fue guarda en El Sueve.

Hacía años que Lourdes, quien trabajaba en una residencia de ancianos de Gijón, residía en La Felguera junto a su marido, Tino, y sus dos hijas, Marta y Cristina. Sin embargo, jamás dejó de ir a Sieres, donde todo el mundo la conocía. Y es que, según relataban ayer los vecinos de la localidad, todavía consternados por el fatal accidente, no había persona con la que la fallecida no se llevara bien.

«Era amable, siempre miraba por los demás y tenía detalles con todos», recordaba Ángel Rodríguez, quien no podía evitar emocionarse al hablar de su vecina. «Colaboraba con todo y le encantaba ayudar en lo que pudiera para que hubiese fiestas en Sieres», agregó.

También muy apesadumbrado se mostró el regidor piloñés, Iván Allende, quien ya el mismo día del siniestro se acercó hasta la zona. «Estamos todos consternados ante un accidente de esta magnitud y la muerte de una persona joven», señaló, manifestando su apoyo a los allegados de Lourdes.

 

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