Niembro entona las coplas del Genaro

La imagen de San Pelayo, por las retorcidas calles de Niembro. / J. LL.
La imagen de San Pelayo, por las retorcidas calles de Niembro. / J. LL.

En la mañana de San Pelayo hubo pasacalles, procesión, misa, ofrecimiento del ramo, subasta de los panes y festival folclórico

GUILLERMO FERNÁNDEZ LLANES.

En una mañana de mucho calor y nubes bajas, la localidad de Niembro celebraba en ayer su día grande en honor a San Pelayo. En apenas cuatro horas hubo pasacalles, procesión, ofrecimiento del ramo, misa, cántico del Genaro y festival folclórico en la finca de la Sinariega. Todo ello en un marco incomparable, a orillas de las tranquilas aguas del Cantábrico.

Desde las once de la mañana, el gaitero José Rey y el tamboritero Manolín Fernández recorrían el desparramado caserío de Niembro para hacer llegar a todos los hogares pinceladas de asturianía. Y una hora más tarde los lugareños acudían a la ermita de San Pelayo para dar comienzo a una concurrida procesión que les iba a trasladar hasta la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Dolores.

Abría la marcha la pareja de gaiteros y a su estela aparecían tres ramos. La pirámide de rosquillas de anís iba a hombros de cuatro niñas: Selene Balmori, Lucía Ruisánchez y las hermanas Sara y Paula Santoveña. A continuación se hacía visible un grupo de medio centenar de niñas y mozas vestidas de llanisca, que batían con garbo sus panderetas al contrapunto de un tambor en manos de Mariluz Ardisana Sustacha y se dejaban el alma en sus cantares siguiendo las notas que marcaba Eva Cuanda Bilbao.

Por detrás de las aldeanas aparecía la pequeña y lustrosa imagen de San Pelayo, en cuyas andas ejercían como costaleros cuatro chavales: Félix Obeso Ollé, Juan Cuanda del Hoyo y los hermanos Fernando y Antonio Fuentecilla Cuanda. El párroco, Florentino Hoyos, y un elevado número de romeros cerraban la comitiva. Entre estos últimos, ufanos y risueños, marchaba el matrimonio Cuanda Bilbao: Manolo y Manuela, que por delante llevaban a cinco nietos de porruano o llanisca: María, Juan, Antonio, Manuel y Fernando.

En la explanada de la iglesia, formando un amplio círculo, las aldeanas realizaron el ofrecimiento de los panes del ramo y más tarde, en un templo abarrotado, comenzaba la misa. Como desde hace más de 60 años, al finalizar la eucaristía se escenificó el ya tradicional canto del Genaro, una serie de coplas en cuyas letras el pueblo agradece los favores recibidos por el indiano Genaro Riestra. Se trata del mismo hombre a quien el Ayuntamiento de Llanes retiraba su nombre de una calle en noviembre de 2016. Así es la vida.

La mañana festiva se daba por concluida con un festival folclórico en el que los pequeños interpretaron la jota de Leitariegos y el Xiringüelín, mientras que los mayores bailaban las jotas de Cadavedo y el Cuera, la Bomba y el Xiringüelu de Naves.

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