Pelayo reconquista a los cangueses

Una de las pruebas, la de las anillas, a las que se tuvieron que enfrentar los guerreros astures en el robledal de San Antonio ayer por la tarde. / FOTOS: JUAN LLACA
Una de las pruebas, la de las anillas, a las que se tuvieron que enfrentar los guerreros astures en el robledal de San Antonio ayer por la tarde. / FOTOS: JUAN LLACA

El Puente Romano y cientos de personas fueron testigos de la proclamación de primer rey astur | Interpretado por el actor Pablo Castañón, el guerrero godo logró ganarse al público y revivir la historia 1.300 años después

LUCÍA RAMOS CANGAS DE ONÍS.

Han pasado 1.300 años, pero Pelayo y su leyenda siguen más vivos que nunca. El fervor con que ayer vitorearon al líder astur los cientos de personas que se dieron cita en Cangas de Onís para revivir su proclamación es el mejor ejemplo. Fue a los pies del imponente Puente Romano, a la luz de la luna y las antorchas, donde los nobles godos y astures abrieron los ojos, decidieron plantar cara al invasor musulmán y eligieron para guiarles en la batalla al avezado guerrero, entre los aplausos y los gritos de alegría de un publico entregado a la historia desde el primer minuto.

Pero la jornada había comenzado mucho antes, ya por la mañana, con la apertura de los campamentos, en los que pequeños y mayores pudieron comprobar cómo era la vida en el siglo VIII, conocer las partes de un traje de guerrero y ver trabajar a un herrero en directo, entre otras cosas, antes de los actos centrales de la tarde.

Pasaban unos minutos de las seis y media cuando daba comienzo el desfile, encabezado por las autoridades locales, con el alcalde, José Manuel González Castro, al frente. Junto a él marchaban, además, los directores generales de Patrimonio Cultural y Comercio y Turismo, Otilia Requejo y Julio González Zapico. Les seguían varios guardianes y los temibles guerreros del Clan del Cuervo. A continuación marchaba una pareja dedicada a la cetrería que captó la atención del numerosos público congregado en la avenida de Covadonga gracias al búho y el halcón que portaban.

Pocos metros por detrás, la Banda de Gaitas Ciudad de Cangas de Onís se encargaba de poner música a los pasos de la comitiva, seguidos por el grupo de actores que más tarde darían vida a los personajes que protagonizaron la proclamación de Don Pelayo. Les acompañaban también dos bailarinas exóticas que poco después, en el robledal de San Antonio, entre combate y combate asombraron a todos los presentes.

El grueso del desfile lo componían los miembros de los cuatro clanes protagonistas de la jornada. A saber, los Corovescos, con su jefe Taielo y su guerrero Bodoeco de Beceña al frente; los de Argandenes, capitaneados por Veremundo y defendidos por Teodenando de Acebedo; los de Meluerda, comandados por Vimarano y representados por el luchador Teodulfo de Camango, y los de Curiel, encabezados por su señor, Nepociano, y su guerrero, Leoverto de Fano. Cerraban filas varios vecinos de la activa localidad de Coviella, agrupados bajo el nombre de 'Los Raposos'.

La representación comenzaba a las nueve y media de la noche con un misterioso personaje encapuchado haciendo una predicción a un sorprendido y joven Pelayo, interpretado por el reconocido actor Pablo Castañón, en el interior de una cueva emplazada en el corazón de los Picos de Europa. «Seréis la llave que abra la puerta a una nueva era», vaticinó en anciano. Y pocos años después sus palabras se cumplieron. Con la Península tomada por los musulmanes y ultrajado por la decisión del gobernador Munuza de tomar como esposa a su hermana, Dosinda, Pelayo abandonó Gijón, dirigiéndose a los montes que le vieron crecer. Allí se encontró con una cumbre de señores godos y astures que se habían citado en Cánicas (Cangas) para decidir cuál sería su postura frente al invasor.

Una postura que hoy, trece siglos después, todos conocemos, pero que entonces no estaba clara. La traición de Munuza finalmente decantó la balanza y un exacerbado Tarano, interpretado por Carlos Manuel Díaz, instó a «luchar para defender nuestra tierra» y propuso nombrar jefe a Pelayo. El noble Veremundo, a quien daba vida Adrián Delgado, secundó la idea, alabando el valor del guerrero godo y arrancando palabras de ánimo del público, que abarrotaba el Puente Romano y sus alrededores.

Así las cosas, el joven godo aceptó su destino y arengó a los presentes a unirse frente a un enemigo común. «Todos somos hijos de esta tierra. Ya no hay godos, astures ni romanos, sino un mismo pueblo que atraviesa ahora su desierto», manifestó, y prometió dejarse la vida por ellos. «¡Ya está bien de escondernos en las cimas de los montes como si fuéramos bestias asustadas! ¡Esta es nuestra tierra! ¡Bajemos de las alturas y expulsemos a los invasores, a los que nos oprimen!», exclamó, ganándose por completo al público. El resto es historia, pues como bien señaló el propio Pelayo, su nombre y el de otros artífices de la Reconquista quedaron escritos «con letras de oro entre las memorias de los héroes».

Fue la de ayer una segunda edición de Astures que encantó a todos y que contó con la participación de cerca de cuatrocientos cangueses como nobles, guerreros y miembros de las diferentes familias, según fuentes municipales. «Me ha encantado, es una forma genial de aprender historia», aseveraba la pequeña Paula González, de diez años, quien participaba por primera vez en el evento. Para Magda Bonastre, Celia Piñán, Laura Barranco y Zaida Pérez la hora elegida para la representación «fue todo un acierto. Con la noche, la luna y el fuego el ambiente era aún más mágico», aseveraron estas cuatro amigas que participaron por segunda vez en Astures y se confeccionaron sus propios trajes. «Esperamos que se repita muchas veces más y que cada año siga yendo a mejor», agregaron.

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