Las pistolas eran poco para el Sella

El cañón, ayer a orillas del Sella, listo para dar la salida en la 82 edición del Descenso. /  NEL ACEBAL
El cañón, ayer a orillas del Sella, listo para dar la salida en la 82 edición del Descenso. / NEL ACEBAL

De Dionisio de la Huerta fue la idea de utilizar una pieza de artillería, adquirida en el Rastro de Madrid y donada por Juan Antonio Samaranch El cañón celebra su medio siglo en Arriondas tras recuperar el disparo de salida

GLORIA POMARADA ARRIONDAS.

Que el inicio del Descenso del Sella estuviese marcado por el común 'pistoletazo de salida' de un arma corta fue una opción que el pintoresco fundador de la prueba, Dionisio de la Huerta, nunca consideró a la altura de la competición piragüística. Así, un mes de agosto de hace justo cincuenta años llegaba a Arriondas la artillería pesada, un cañón del siglo XVIII llamado a iniciar la carrera de los palistas hacia el río. «Llegó a Arriondas pocos días antes del Sella», rememora el presidente del Comité Organizador (Codis), Juan Manuel Feliz, sobre la pieza, un «regalo» de Juan Antonio Samaranch. Fue el exdirector del Comité Olímpico Internacional (COI), y amigo personal de Dionisio de la Huerta, quien encargó la compra del particular presente a Hernando Calleja, que lo adquirió «en el Rastro de Madrid», explica Feliz.

En aquella 32 edición la esposa de Samaranch, Lily, prendió la mecha y, tras cumplir su cometido, la pieza de artillería pasó a estar bajo el cuidado de Ramón Llamedo, sereno de Arriondas en la época. «Aprendió a manejar el cañón y los años siguientes se encargó de dispararlo», explica el presidente del Codis. Ya entonces, la plaza a la que hoy da su nombre oficioso el cañón fue el espacio en el que se instaló la pieza durante el año.

Desde el Descenso de 1968 y hasta el de 1973, el estruendo del cañón se escenificó a orillas del Sella, pero la seguridad acabó imponiéndose al espectáculo. El motivo no fue otro que un accidente registrado durante las fiestas de El Carmen, una tradición añadida que pasaba por «disparar con pólvora y en la misma plaza», relata Feliz. La mala suerte quiso que Llamedo introdujese «demasiado» material, lo que provocó daños en un vehículo. «No pasó nada de milagro, porque había mucha gente», indica el presidente.

El cañonazo fue desterrado del Descenso y desde su pedestal en la plaza de Venancio Pando, el paso de los años acabó convirtiendo a la pieza de artillería en un monumento silente que aguardó impasible su batalla final. Hace dos años, y con la colaboración de Hulleras del Norte S. A. (Hunosa), el cañón apuntaba a un nuevo objetivo: su restauración. Durante meses un equipo de técnicos de Hunosa se afanó en sustituir la madera y las ruedas del carro sobre el cual se asienta el cuerpo del cañón, pulir la superficie de la pieza y encapsularla por dentro, con el fin de alcanzar la misma resistencia que la de un cañón nuevo. La restauración consiguió también devolverle su funcionalidad, aún sin poner a prueba.

En la pasada edición del Descenso, la primera en regresar a la ribera del Sella, el disparo fue efecto del ingenio más que de la pólvora. Y este 4 de agosto, indica Feliz, todo indica que se repetirá el truco. «Se pone un artilugio debajo del original», se limita a desvelar el presidente del Codis, temeroso de romper la 'magia' prendida por los mineros del Pozo Sotón.

«Está mejor que nunca»

A la espera de que en esta 82 edición se repita la puesta en escena, y ya a orillas del Sella, los mineros del pozo Sotón realizaban en la mañana de ayer las primeras pruebas de disparo. Era también el momento de dar los últimos retoques estéticos a la pieza de artillería, que llega a su cita de mañana celebrando sus bodas de oro con el Sella y luciendo una traza que «está mejor que nunca», destaca Feliz.