El porruano que vino de Holanda

La procesión de San Antonio por las calles del pueblo llanisco de Villahormes estuvo acompañada de medio centenar de mozas y numerosos fieles. /  FOTOS: XUAN CUETO
La procesión de San Antonio por las calles del pueblo llanisco de Villahormes estuvo acompañada de medio centenar de mozas y numerosos fieles. / FOTOS: XUAN CUETO

En la procesión de la localidad llanisca salieron dos ramos y medio centenar de mozas de aldeana junto a numerosos fieles Hasta San Antonio en Villahormes llega Bernardus Degenhart para llevar las andas

GUILLERMO FERNÁNDEZLLANES.

En una mañana soleada y calurosa, la localidad llanisca de Villahormes celebró ayer el día grande en honor a San Antonio con un programa de actos que incluía misa cantada por el coro Manín y procesión a la benéfica sombra de nogales, castaños y robles centenarios. Del traslado de las andas con la imagen del santo se ocuparon los lugareños Arturo Llaca, Juan Ríos y Andrés Amieva, acompañando al holandés Bernardus Degenhart, llegado desde Amsterdam expresamente para la ocasión.

La actividad festiva comenzaba a mediodía, en la capilla del santo, con un concierto de piezas sacras a cargo del coro Manín, dirigido por Faustino Martínez. De oficiar la misa se encargó el párroco, Domingo González, y al término de la función religiosa se ponía en marcha una concurrida procesión con presencia de vecinos y visitantes. A la vera de la ermita transcurre el Camino de Santiago y fueron numerosos los peregrinos que no quisieron perder detalle de la festividad.

La comitiva salió encabezaba por el estandarte de San Antonio en manos del presidente de la comisión, Pepe Valle. Seguía el grupo de gaitas Principado y dos ramos. El de pan dulce trasladado por los niños Juan Sánchez, Mario Gutiérrez, Manuel Ardines y Dani Amifa, mientras que el de pan artesanal marchaba a hombros de Daniel Ríos, Andrés Cabrero, Daniel Gutiérrez y Juan Francisco Mijares, riosellano este último que a sus 65 años era la primera vez que se vestía de porruano. A continuación aparecían medio centenar de niñas y mozas vestidas de aldeana llanisca. Ellas abrían paso a las andas con la imagen del santo, que antecedían al sacerdote y al grupo de devotos.

Al salir la imagen de San Antonio de su capilla, el pirotécnico Juan Carlos Devita encendió la mecha de una caja china que realizó cien disparos en medio minuto. Y al regreso del cortejo a la ermita dio suelta a una traca de sesenta docenas de potentes voladores. Ruido y poderío.

Antes de regresar al prau de la fiesta para participar en una sesión vermú, el coro Manín ofreció un concierto de habaneras que se abrió con dos piezas propias: 'El faro, el mar y tú' y 'A fondo perdido', para continuar recogiendo peticiones del numeroso público.