La recuperación de la calzada romana de Caoru será «muy complicada»

Estado en el que quedó la calzada romana de Caoro tras el paso del argayo registrado el domingo. /  RUBÉN CARBAJAL
Estado en el que quedó la calzada romana de Caoro tras el paso del argayo registrado el domingo. / RUBÉN CARBAJAL

Especialistas en arqueología y montañeros instan a reconstruir la vía, una de las pocas «pétreas y en zigzag» de Asturias

GLORIA POMARADA ARENAS.

Las piedras de hasta una tonelada arrasadas por el argayo que el domingo se desprendió de la ladera de Portudera, en las inmediaciones de Arenas de Cabrales, hacían temer lo peor sobre la calzada romana de Caoru y, con el paso de los días, las sospechas se confirman. El guía de montaña Rubén Carbajal fue el primero en acceder el lunes a la vía tras el desastre natural y, ayer, conseguía llegar al tramo superior de la zona afectada. Su conclusión es que los daños son mayores que los observados en un primer momento. «Arrancó desde más arriba, desde la Fuente», detalla este montañero experto en la zona de Portudera.

Situado a una altitud de cerca de 800 metros, el tramo destruido presenta ahora una reconstrucción «muy complicada». Así lo entiende la historiadora y especialista en arqueología Patricia Argüelles, cuya tesis doctoral analiza la red viaria de Asturias desde la época romana hasta siglos medievales. Es autora, además, de estudio sobre la calzada romana de Caoru encargado por el Ayuntamiento de Cabrales. Su apuesta inmediata pasa por evaluar los daños y realizar «un estudio en profundidad», contando con un equipo multidisciplinar de expertos, como geólogos, ingenieros y arqueólogos. Una vez dado ese paso, es partidaria de reconstruir la calzada, ya que «las vías no se pueden cerrar, están para ser utilizadas, no es como un yacimiento arqueológico». De hecho, la de Caoru es hoy en día la ruta empleada por los ganaderos para subir y bajar a sus reses del puerto, una tarea ahora comprometida por el estado del firme.

El primer informe de los daños, indican desde el Ayuntamiento, ha sido remitido a la Consejería de Educación y Cultura, que hace siete años incluía la antigua calzada romana en el Inventario de Patrimonio Cultural de Asturias. Como bien arqueológico catalogado con el segundo mayor grado de protección existente, la normativa marca que cualquier intervención debe «respetar sus valores históricos y culturales y no poner en riesgo su conservación».

«Estamos a expensas de lo que decidan, a ver si se restaura», indica el alcalde Francisco González, quien reconoce la gravedad de los daños ocasionados por el argayo, que arrastró más de cuatrocientos metros cúbicos de materiales según las estimaciones de los técnicos. Por el momento, la medida adoptada por el Consistorio ha sido la de acopiar las piedras de caliza de la calzada que llegaron a la carretera AS-114, por si pudiesen volver a ser colocadas en su emplazamiento original.

Considerada un «icono»

La red viaria romana ha conectado durante siglos la zona de la actual Arenas de Cabrales con la comarca cántabra de Liébana. Durante la invasión del Imperio fue vía de salida de las extracciones mineras de Picos de Europa, relata Argüelles. Una de las hipótesis de los historiadores es que por ella se trasladaban a la vertiente asturiana los minerales del desaparecido lago Ándara. «Era como la espina dorsal que vertebraba, de ella nacían comunicaciones secundarias», explica la especialista en arqueología viaria romana. Así, el conjunto de estradas, hoy conocidas como 'vía de los Picos de Europa', se extendían hacia las Peñamelleras, Llanes, Bulnes y Tielve.

La de Caoru era considerada hasta ahora como una de las mejor conservadas de Asturias, especialmente en el tramo afectado. «Cogió de pleno el sector más destacado, el icono de la vía romana», lamenta la historiadora. Su singularidad se explica tanto por el diseño del trazado como por los materiales empleados. «Vías con sectores en zigzag y pétreas casi no hay en la región», detalla. Esa estructura había sido diseñada por los romanos, abunda, para salvar el fuerte desnivel de la ladera de Portudera. Además, la calzada cuenta con «unos pavimentos muy interesantes», pues seguían el modelo de Vitruvio, con capas superpuestas. También se aprecian en ella muros de contención, previstos precisamente como defensa frente a los desprendimientos. El del domingo, sin embargo, superó todos los cálculos romanos.