Los relatos de la abuela Mónica se hacen realidad

Los relatos de la abuela Mónica se hacen realidad
Oskar Proy, junto a los vecinos de Llano de Margolles, ante la casa de su abuela. / NEL ACEBAL

Oskar Proy conoce la aldea en la que nació la mujer que le enseñó a cantarle a Asturias

LUCÍA RAMOS CANGAS DE ONÍS.

«Todavía no me creo que esté viviendo todo esto. Es tan irreal...». Con los ojos abiertos como platos y una sonrisa pintada en la cara desde que puso un pie en la localidad canguesa de Llano de Margolles, Oskar Proy no era capaz ayer de quitar la vista de la casa blanca en la que nació su abuela. Mónica Povea Huergo, la mujer que le enseñó a cantar a su Asturias, a su 'patria querida', le había hablado mil veces de la pequeña aldea de la parroquia de Margolles que la vio nacer y crecer, de «la fiesta más grande de todas», la de les Piragües, que ella siempre bajaba a ver al río, y del encanto y el verde de su tierrina. Oskar había pintado esas imágenes en su mente, se había imaginado a su abuela recorriendo la calle principal de su pueblo, dejándose arrullar por el sonido del Sella. Ayer todo eso se hizo realidad. «Habíamos visto fotos, pero no es lo mismo, ahora estamos viviendo todo aquello que mi madre siempre nos contaba. Es muy emocionante», reconocía Edgar, el padre del joven australiano que saltó a la fama tras cantar el himno de Asturias en la televisión de su país.

Ambos visitaban ayer por la tarde, por primera vez, el pueblo del que es oriunda la matriarca, donde les esperaban numerosos vecinos, deseosos de conocer al chico de «la voz dulce» que puso a la parroquia canguesa en el mapa. «En el pueblo todos estamos muy orgullosos y presumimos de que tenemos a todo un artista», aseveraban, radiantes, Raquel Rivero y Mati Zardón, quienes llegaron a conocer tanto a la abuela como a la bisabuela de Oskar. De esta última dijeron que «era tremenda, muy comediante» y también recordaron «lo dulce y agradable» que era Mónica.

Sin perder la sonrisa y ayudado por la joven Carmen Aguirregoicoa González, cuya familia siempre fue vecina de la Oskar, el australiano conversó y se hizo fotos con todos los que se acercaron a darle la bienvenida al pueblo de sus orígenes, para después participar en una merienda en la cercana localidad de Peruyes, donde la Asociación Cultural y de Fiestas de San Bartolomé le hizo entrega de un triskel de escayola en agradecimiento por su visita.

«Este viaje está siendo mágico, es increíble conocer al fin el lugar del que procede mi abuela», apuntó el cantante, quien reconoció que jamás olvidará la impresión que le produjo «cantar ante tantas personas el día del Descenso y ver cómo nada más terminar la canción salían todas las piraguas a la vez». Un deporte que, por cierto, él practica en Australia pero que ayer también experimentó por primera vez sobre las aguas del Sella, junto a su padre.

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