Las restauradoras de Moru atribuyen las pinturas a artistas itinerantes

Las restauradoras esta semana en San Salvador de Moru. /  ACEBAL
Las restauradoras esta semana en San Salvador de Moru. / ACEBAL

Las expertas apuran la última fase de los trabajos y adelantan que la obra pudo ser hecha por un taller móvil ligado al Camino de Santiago

JUAN GARCÍA RIBADESELLA.

El 3 de septiembre pasado comenzaba la sexta fase de restauración de las pinturas murales de la iglesia de San Salvador de Moru y todo apunta a que esta será la última y definitiva. Las dudas iniciales manifestadas por la asociación cultural que las promueve se esfumaban con las últimas declaraciones de la restauradora que dirige los trabajos. Según Natalia Díaz-Ordóñez, «esta vez acabamos, esta vez rematamos la bóveda, que es lo que demanda la asociación de vecinos, así que habrá que hacer un esfuerzo final para que todos puedan ver su iglesia acabada este mismo año».

En este último empujón, Díaz-Ordóñez no está sola. En el equipo restaurador le acompañan otras tres profesionales que habían trabajado en fases anteriores, como María Menéndez, Cándida López y Cristina Hidalgo, además de dos nuevas incorporaciones, Claudia Bermejo y Patricia López. «Creo que hemos formado un grupo fantástico de trabajo en el que todo el mundo aporta su saber hacer y sobre todo, mucha paciencia que es lo que hace falta para completar esta obra», añadió la directora.

Como ya se imaginaban, los cien metros cuadrados de pintura mural que cubren la bóveda del altar mayor de esta iglesia de Nocéu presentaban un estado de conservación muy delicado, «con zonas de colapso, que corrían el riesgo de caer y desaparecer». Sin embargo, esta última fase la afrontan con la experiencia lograda en las cinco anteriores. Hoy en día conocen cuáles son los mejores tratamientos y los mejores materiales para conservar y fijar debidamente las pinturas del siglo XVI.

El equipo restaurador se ha encontrado con grandes extensiones de cal y una amplia capa vegetal que cubría las pinturas, «una pátina de musgo que se había secado, una especie de manto amarillo que en principio no nos dejaba adivinar lo que ocultaba». No obstante, según fueron limpiando han comprobado que bóveda conserva «muy bien toda su iconografía», aunque de esta no han querido hablar. «Preferimos mantener la sorpresa para que, en su momento, sean los vecinos quienes presenten las escenas que estamos encontrando en esta bóveda», añadió Díaz-Ordóñez. Esa puesta de largo será el 24 de noviembre próximo.

Mientras llega ese momento, Natalia Díaz-Ordóñez confirmó que las de San Salvador de Moru son unas pinturas «de calidad» elaboradas por un taller que «conocía muy bien la técnica de la pintura al seco aglutinada con cal». Porque las de Moru no son frescos. Es más, según su opinión, fueron pintados por un «taller móvil», de artistas itinerantes contratado para la ocasión que fue adquiriendo conocimientos técnicos e iconográficos a lo largo de su tránsito por el Camino de Santiago. «Si se hubiese tratado de un taller local, habríamos encontrado más referencias de sus pinturas en la zona, en iglesias cercanas como la de Xuncu», afirmó a expensas de lo que puedan argumentar los historiadores.

Lo que también destacó Díaz-Ordóñez fue la magnitud de esta «gran obra» elaborada en base a un programa «complejo, con escenas abigarradas, sacadas seguramente de grabados o de otros pintores que ya conocían». Una decoración bicroma, en la que sus autores jugaron siempre con las tonalidades resultantes de la mezcla del blanco y el rojo hasta todos sus límites posibles.

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