Roban por segunda vez en una semana en una tienda de móviles de Llanes

Un operario retira el escaparate destrozado por los cacos. /  N. ACEBAL
Un operario retira el escaparate destrozado por los cacos. / N. ACEBAL

Los ladrones volvieron a destrozar el escaparate del negocio durante la noche, apenas unas horas después de haber sido reparado

G. POMARADA LLANES.

La historia se ha vuelto a repetir en la tienda de telefonía de la calle Pidal de Llanes para desesperación de sus propietarios. En la noche del sábado los ladrones volvían a penetrar en el establecimiento, apenas cuatro días después del robo perpetrado en la noche del martes. El método utilizado fue idéntico al de pasadas ocasiones: los cacos destrozaron el escaparate «empotrando un coche», explican desde el negocio. Se da la circunstancia de que este mismo viernes habían finalizado las tareas para reponer la vidriera tras los daños del martes. Apenas unas horas después, los ladrones repitieron 'modus operandi', llevándose esta vez «lo que quedaba del otro día», señalan los propietarios, desde móviles de alta gama a terminales más básicos e incluso routers. «Van a por todo, no había ni dado tiempo a reponer nada», lamentan.

Cambio de local

Los dos robos registrados esta semana se suman a la larga lista de episodios que sufre el mismo negocio desde hace años. Este mismo diciembre dos taxistas lograron frustrar la huida de los delincuentes, que habían empleado también el método del alunizaje. Entonces, dos de los conductores de la parada cercana pillaron 'in fraganti' a tres cacos sustrayendo móviles y, tras enfrentarse a ellos, consiguieron que abandonaran la operación dejando el botín sobre la carretera.

En agosto, explican los propietarios, se registró otro robo y en 2016 la tienda sufrió dos asaltos más, también en escaso periodo de tiempo, en apenas tres semanas. Cansados de ser el blanco de los robos en la villa, desde el establecimiento de telefonía han optado por cambiar su ubicación a un local «más céntrico y protegido» de Llanes. Actualmente están a la espera de los últimos permisos para ocupar el nuevo establecimiento, en el que confían en abrir una nueva etapa lejos de los amigos de lo ajeno. En la calle Pidal «tienen más fácil escapar, tiran calle arriba y salen a la autopista», apuntan sobre el motivo que a su parecer explica los frecuentes robos.