«No hay secreto, solo tener buenos ablanos»

El alcalde Iván Allende con los ganadores Cristina Rojo, Claudia Rodríguez, Anselmo Forcelledo y Verónica Longo./
El alcalde Iván Allende con los ganadores Cristina Rojo, Claudia Rodríguez, Anselmo Forcelledo y Verónica Longo.

El premio a la mejor avellana se va al concejo de Parres, donde Cristina Rojo mantiene media decena de árboles herencia de sus padres

E. CARBALLEIRAINFIESTO.

La mejor avellana del festival 2019 se va al concejo de Parres, concretamente a la localidad de Carúa, limítrofe con el municipio piloñés. Allí, en la zona de Les Dueñes, mantienen cinco o seis ablanares Cristina Rojo Sánchez, junto a su hermana y su sobrina. Era la primera ocasión en la que se decidían a acudir al festival de Infiesto y lograron triunfar con el máximo galardón. La alegría estaba muy presente en el puesto número 61 del recinto, donde la avellana ganadora se ofrecía en sus bolsas de kilogramo. Las protagonistas del festival recibían las felicitaciones de los asistentes y compañeros de venta, mientras comprobaban que la demanda del mejor fruto ascendía.

A la hora de buscar una razón a la calidad de estos frutos, Rojo insistió en que «en realidad no hay secretos. Lo fundamental es tener buenos ablanos, una buena planta situada en tierra adecuada y en un lugar soleyeru. Esto es muy importante para el sabor, pero también para que la avellana tenga un buen color». Afortunadamente «nosotras contamos con unas muy buenas plantas que ya eran de mi padre y de mi madre», añadió, confirmando que un buen cuidado, «con una poda y un abono adecuado también ayudan».Del abono se encarga su hermana, «que utiliza abono natural, a base de compost, nada químico».

A la hora de participar en la edición de este año, que ha sido una de las más concurridas con unos noventa inscritos, «fue fundamental el papel de mi sobrina, que tiene once años». La niña, Claudia Rodríguez Rojo, «tenía la ilusión, desde hace tiempo, de poder participar en el festival». Así que este año se animaron a inscribirse con tan solo 25 kilogramos del fruto. «Miré que me coincidiesen los turnos del trabajo, porque yo vivo en Gijón, y nos animamos a participar. Ella fue la que más ilusión mostró, incluso seleccionando las avellanas».

Aunque era su primera participación en los puestos de venta del festival, la tradición familiar también ha tenido su peso, «puesto que mi madre sí solía participar en el certamen, así que se puede decir que se trata de mantener la tradición». Este relevo generacional es uno de los principales retos que tiene ante sí el campo asturiano y el sector avellanero local. «Por lo que a nosotros respecta vamos a tratar de que ese cultivo siga delante, de que no se pierdan las ablanares al menos mientras podamos», afirmaron las ganadoras.