Sidra a la orilla del Sella

Gerardo Díaz en el llagar de la casa familiar que comparte con su primo en Collera, Ribadesella. /  ACEBAL
Gerardo Díaz en el llagar de la casa familiar que comparte con su primo en Collera, Ribadesella. / ACEBAL

Con llagares en Arriondas y Collera, Julio Rodrigo y Gerardo Díaz son los mejores elaboradores caseros de La Folixa

JUAN GARCÍARIBADESELLA.

Los dos son parragueses de nacimiento, aunque uno vive en el curso medio del Sella y el otro en su desembocadura. El primero elabora sidra desde hace más de treinta años en su llagar de Castañera, en Arriondas, y el segundo desde hace solo cuatro años en Collera, en Ribadesella. Hasta ahora, a Julio Redondo y a Gerardo Díaz solo les unía su afición por el fermentado del jugo de la manzana asturiana, pero desde el pasado domingo han quedado hermanados por los lazos de La Folixa al ganar el V Concursu de Sidre Caseru. Julio Redondo fue el vencedor absoluto al sumar 59 puntos. La suya era una sidra «corchada durante la luna de marzo» de la que ahora apartará dos palos para acudir al Campeonato de Asturias del mes de octubre, en Villaviciosa. El de Ribadesella fue su primer concurso. Llegó, se presentó y venció. Ahora quiere repetir suerte en el municipio maliayo, «aunque aún queda mucho y la sidra también cambia, evolucionando para mejor o para peor», explicó. El siempre la hace igual, «pero unas veces sale buena, otras regular, otras mala y otras muy mala y no sabes porqué».

Su secreto, «estar muy pendiente del llagar, apretando cada poco para que esté siempre chorrando». Para su elaboración utiliza un llagar de mil kilos al que le acomodó un sistema eléctrico para no tener que apretar a mano. «Basta con darle a un botón para que baje y suba, pero también hay que cortar la madera y sacar todos los tacos que pesan lo suyo», dijo. Son muchas horas de trabajo, pero la jubilación se lo permite. De esta forma suele elaborar alrededor de 1.500 botellas al año, «siempre con algún vecino que me ayuda a mayar o corchar». La manzana la saca de sus diez pomares, «que dan para una mayada», y el resto se la compra a vecinos del concejo de Parres.

Por su parte, Gerardo Díaz solo utiliza manzana de Ribadesella, «la que nos da mi tío Carlos Piélagos», cosechero incluido en el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida Sidra de Asturias. El llagar que tiene en un almacén de la casa maternal de Collera lo comparte con su primo Alejandro Piélagos y los dos participan en todo el proceso de elaboración. Primero eligen la manzana, «aquella que está mejor de maduración y no está picada». Este año, la que les permitió ganar el segundo premio de La Folixa con 53 puntos, primer premio del concejo de Ribadesella, era una sidra elaborada con variedades «ácidas y amargas».

«Hay que estar muy pendientes del llagar, unas veces sale buena y otras regular», dicen

Como tienen un llagar pequeño, con capacidad para cuatro sacos, solo hicieron 400 litros, «que es poca cantidad, pero bastante bien mirada». Los primos de Collera apuestan más por la calidad y parece que en esta ocasión han acertado. Por ese motivo, el llagar cuenta con una especie de túnel de lavado o «cadena de limpieza con un sistema de agua a presión para dejar la manzana lo más limpia posible y para que recuda bien el agua, evitando cualquier tipo de contaminación cruzada en todo lo posible, tanto en el proceso de fermentación como en el embotellado», explicó. Gracias a su buen hacer y al premio conseguido durante La Folixa, su llagar lucirá en breve un escanciador único en el mundo, labrado en piedra por Jorge Sampedro, marmolista de Margolles.