«A veces te dan hasta arcadas», dicen los empresarios sobre el olor de la ría

Puente de Llanes, zona de la villa donde los hosteleros denuncian malos olores. /  JUAN LLACA
Puente de Llanes, zona de la villa donde los hosteleros denuncian malos olores. / JUAN LLACA

Hosteleros y comerciantes piden al Ayuntamiento de Llanes que busque una solución al hedor que desprende el Carrocedo debido al ocle podre

LUCÍA RAMOS LLANES.

Durante las pasadas navidades los hosteleros y comerciantes que tienen sus negocios ubicados en uno de los principales puntos turísticos de la capital llanisca, el entorno del puerto deportivo, tuvieron una desagradable compañía. La confluencia de las mareas bajas, la acumulación de ocle en la ría del Carrocedo y unas temperaturas anormalmente elevadas para esa época del año hicieron que volviese a aparecer el temido hedor que en ocasiones invade el centro de la villa.

«Algunos días no había quien parase por la zona porque el olor era realmente desagradable», aseveraba Marisa Uría desde el restaurante Uría que regenta. «La peste nos afecta, pues mucha gente prefiere irse a comer o a tomar algo a otras zonas en vez de aquí», lamentó, y tildó de «vergonzosa» una situación que, aseveró, «no es nueva. Se repite de forma periódica todos los años y llevamos con ello toda la vida», apuntó. Por este motivo, considera que desde las administraciones «debería haber previsión y se debe dragar con cierta frecuencia la ría para evitar que se llene de porquería y de ocle».

Para Juanjo Noriega, camarero en la Casa del Mar, detrás del mal olor no solo están las algas en descomposición. «También influyen los alivios que se hacen a veces en el río por la zona del puente», señaló, e instó a los gobernantes, locales y regionales, a buscar una solución a los problemas que con frecuencia presenta la red de saneamiento.

De la misma opinión es Laura Amieva, camarera en la sidrería Colón, ubicada a pocos metros del puente de Llanes. «Que se siente la gente en la terraza y comente el mal olor es muy incómodo, la verdad», reconoció. «Aunque no nos culpan a nosotros, claro está; es un fastidio porque, además, coincidió justo con las vacaciones de Navidad», indicó. En su caso, no supo precisar si la pestilencia procede del ocle, de las aguas residuales que en ocasiones se vierten en la zona de Las Marismas o de una mezcla de ambos, pero sí dejó clara su postura: «Que dejen de pasarse la pelota entre ellos -por el Ayuntamiento de Llanes y el Principado- y trabajen para detectar el problema y solucionarlo», exigió.

Una reclamación con la que se mostró de acuerdo Azucena Esteban, de Frutas Azucena, quien aseveró que «a veces el olor es tan fuerte y nauseabundo que te dan hasta arcadas». El problema, agregó, se repite «año tras año y la gente está hasta acostumbrada». Para evitarlo, apuntó, «se debería limpiar el puerto deportivo cada seis meses».

Difícil solución

Sin embargo, no todo el mundo en la zona coincide con este parecer. Para uno de los comerciantes del entorno de la ría no hay solución que valga al problema de los malos olores. «Lleva toda la vida existiendo y así seguirá, es irremediable en un puerto con la forma del de Llanes, porque las mareas meten continuamente el ocle y éste fermenta en unos pocos días», apuntó este pequeño empresario. «Quizás en momentos puntuales sí se pueden retirar las algas para evitar que se mezclen con la arena y creen sedimentos, pero para evitar el mal olor debería haber una pala limpiando continuamente y eso no es viable», indicó. El Ayuntamiento llanisco ya exigió a principios de año a Puertos que procediese a recoger el ocle acumulado, pero por el momento éste sigue en la ría.

 

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