La vida desde una cámara rodante

Positivado en el interior de la cámara rodante del riosellano. /  J. H.
Positivado en el interior de la cámara rodante del riosellano. / J. H.

La particular caravana estará esta tarde en Ribadesella para celebrar su aniversario con visitas y talleres fotográficos La Mamut del riosellano Jonathan Hevia lleva un año recorriendo la península

GLORIA POMARADA RIBADESELLA.

En una época de «disparos compulsivos» que se transforman en miles de imágenes almacenadas en la memoria de un móvil, el fotógrafo riosellano Jonathan Hevia se ha propuesto recuperar el romanticismo del sexto arte. Esta tarde el proyecto de la Mamut celebra su primer aniversario en la villa riosellana con talleres y visitas a la cámara oscura construida dentro de una caravana, con la que ha recorrido toda la península en los últimos meses. Desde Asturias a Ferrol, pasando por Barcelona, Segovia, Toledo y Lisboa, entre otros; Hevia y su cámara rodante atesoran recuerdos de las gentes locales plasmadas en papel. «Hay muchas fotos curiosas, en Lisboa encontré a un fotógrafo jubilado al que hice un retrato. Luego él mismo se puso a revelarlo», cuenta el riosellano, quien guarda también buen recuerdo de su paso por Segovia: «nos invitaron a estar en un encuentro de minuteros, fotógrafos de las plazas de antes, y allí estaba el último de toda España».

Parte fundamental de la experiencia de la Mamut pasa por divulgar entre los más jóvenes la historia y el valor de la fotografía. La cámara oscura rodante rinde de hecho homenaje a la primera 'Mammoth', creada en 1900 para tomar imágenes de una locomotora de la compañía Chicago & Alton Railway. Como en aquella primigenia cámara, la de Hevia vence las limitaciones técnicas con la destreza profesional y un resultado que supera la perfección de la era digital, mostrando el lado más humano en cada instantánea. Un ejemplo es la foto de familia tomada en el colegio de Ribadesella. El tiempo de exposición necesario, unos quince segundos, dio como resultado una imagen en la que «salen bien el director y los alumnos más formales, que se estuvieron quietos; los otros parecen fantasmas», bromea.

También de forma práctica está enseñando a los más pequeños la importancia de pensar la imagen. Emplea para ello una simple lata con un orificio, que les permite «una sola foto, por lo que no pueden tirar a lo loco. Es algo entretenido, pero también laborioso, que termina con una imagen de un valor importante para ellos».

«Me da pena que dejemos en un lápiz de memoria toda nuestra vida», dice el fotógrafo

La particular cruzada de Hevia -quinta generación de una familia de fotógrafos y orgulloso padre de Carlota, de 7 años, que ya apunta maneras para ser la sexta- llega también al papel. Hoy en día, lamenta, muy pocas familias guardan álbumes con sus recuerdos. «La foto está para ser vista y disfrutada en papel, me da pena que dejemos en un lápiz de memoria o en una cuenta en la nube toda nuestra vida», dice. Su receta es simple: basta con imprimir cinco fotos de cada viaje o acontecimiento para ir conformando el álbum vital.

Por el momento, el de Hevia y su Mamut sumarán una nueva instantánea hoy, a partir de las 17 horas en la zona de la lonja. Será la primera parada de otro año de viajes, que llevarán a la cámara rodante a Zaragoza, Alicante y Tenerife, siempre bajo la premisa de que «cada foto de la Mamut es única e irrepetible».

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