Vidiago resplandece bajo el sol con la Sacramental

Medio centenar de aldeanas participaron en la procesión. / JUAN LLACA
Medio centenar de aldeanas participaron en la procesión. / JUAN LLACA

Como cada año, la familia Suárez-Guanes Ybáñez instaló un altar en el que no faltaba detalle, a la entrada del palacio de La Cortina Medio centenar de aldeanas y numerosos vecinos se unieron a la comitiva que recorrió las calles del pueblo

GUILLERMO FERNÁNDEZ LLANES.

Con temperatura elevada, ausencia de nubes y sol resplandeciente, la localidad llanisca de Vidiago celebraba ayer la fiesta de la Sacramental. De los balcones de muchas viviendas colgaban pendones y banderas de España y Asturias, y en las casonas ilustres se hacían visibles un par de palmeras, restos de la emigración ultramarina del vecindario. Superado el mediodía, con la iglesia abarrotada, se iniciaba la misa solemne que fue presidida por Abundio Martínez Malagón, párroco de San Claudio, quien se encontraba asistido por Ignacio Pérez Perela, párroco de Vidiago, y los sacerdotes llaniscos Luis Díaz García y Rodobaldo Ruisánchez. La eucaristía fue cantada por el centenario coro parroquial, con Andrés Fernández Gutiérrez como solista y Ana Pilar Alonso Martínez al órgano.

Tras la función religiosa se formó una concurrida procesión que iba encabezada por los hermanos Julián y Conchita Herrero, gaitero y tamboritera, respectivamente, llegados desde Balmori. Seguían dos ramos. El de los niños trasladado a turnos por cinco alevines: Luis Galego, Mateo Hurtado, Mario Vivó y los hermanos Íñigo y Daniel Marquet. El de los veteranos iba a hombros de Raúl Domínguez, Íñigo Balmori, Juan Luis Galán y Francisco Rodríguez. Por detrás se hacían visibles medio centenar de niñas y mozas vestidas de aldeana llanisca.

Siete estandartes iniciaban la comitiva sacra. El del Corazón de Jesús en manos de Toño Castillo y el de la Virgen de Covadonga, trasladado por Pin Vega. Las telas abrían paso a un palio de seis apoyos con la Custodia en manos de Abundio Martínez. El Santísimo, presentado por Ignacio Pérez Perela, realizó la tradicional parada en un precioso altar instalado en el palacio de La Cortina, donde esperaban sus propietarios, los hermanos Álvaro y Lorenzo Suárez-Guanes Ybáñez, acompañados por un elevado número de miembros de la familia.

La procesión siguió su tradicional recorrido por las calles de Vidiago y a continuación se celebraba en la Bolera un festival folclórico con acompañamiento de gaita y tambor. Los críos interpretaron el Xiringüelín y las Carrasquina, mientras que los mayores bailaban el Saltón, las jotas de Cadavedo y el Cuera, el Xiringüelu de Naves y un Pericote de cuatro triadas. Por la tarde, a orillas del Cantábrico, se repitieron los bailes en el camping de La Paz, situado en la playa de Vidiago.