Zonas verdes controladas desde las casas para evitar agresiones en Llanes

Pasadizo bajo un inmueble de la segunda fase de Las Malvinas, conducente a una zona verde. /  NEL ACEBAL
Pasadizo bajo un inmueble de la segunda fase de Las Malvinas, conducente a una zona verde. / NEL ACEBAL

El PGO apuesta en su informe de género por extender el alumbrado y reforzar el comercio de proximidad para «disminuir la peligrosidad»

G. POMARADA LLANES.

El Colegio de Arquitectos de Asturias lo había advertido el pasado verano: el documento de prioridades del Plan General de Ordenación (PGO) de Llanes carecía de un enfoque de género que, finalmente, ha sido incorporado en el documento de aprobación inicial. La ausencia de ese estudio llegó a poner en jaque planes como el de la localidad madrileña de Boadilla del Monte, donde el Tribunal Superior de Justicia de Madrid declaró su nulidad por dicha carencia. No obstante, este mismo diciembre el Tribunal Supremo revocaba la decisión al entender que el informe no era exigible.

El equipo redactor de Llanes sí ha optado por su inclusión, en base a las disposiciones de la ley de igualdad y a través de un análisis de tres páginas. En él afirma que las propuestas del PGO «tienen un impacto positivo sobre la población en general y específicamente en materia de igualdad de género», consideración que sustentan en nueve de las medidas concretas que desarrolla el plan. La mayor parte de ellas, hasta cinco, guardan relación con la movilidad y la apuesta por el peatón y las bicicletas frente al coche. Más específicas resultan las propuestas relacionadas con el urbanismo, especialmente aquellas vinculadas a los espacios públicos. Es el caso de la idea de establecer una «relación directa entre las edificaciones y las zonas verdes». De este modo los «espacios residuales» podrían ser «controlados visualmente desde las edificaciones, invitando a través de su mejora ambiental a la estancia y el encuentro». Esa vigilancia desde las propias casas «implica dificultar e impedir cualquier tipo de violencia», apunta el plan.

Para conseguirlo la apuesta va encaminada a establecer «nexos de conexión visual y funcional entre las edificaciones y los espacios libres a ellas asociadas, diseñando actuaciones de renaturalización y adecuación estancial en espacios vacantes, que ahora se utilizan 'de paso' y ocupados mayoritariamente por los coches». Ello debe ir acompañado, continúan, de una mejora en la accesibilidad a «los espacios libres, hacia y entre los núcleos y las zonas más transitadas, minimizando los peligros potenciales que generan los espacios cerrados para los colectivos más vulnerables».

La meta es reducir el peligro que suponen los «espacios cerrados para colectivos vulnerables»

Como ejemplo de esas zonas de conexión directa y de «mayor integración urbana-rural» citan el Paseo de San Pedro y su extensión futura en el parque de La Talá, el corredor verde del Carrocedo en su tramo urbano, el parque y campa de la Torre, el entorno de la ermita de la Virgen de la Guía o el área de ocio de Tieves.

Otro de los ejes llamado a prevenir incidentes es el alumbrado. El PGO hará obligatorio que «todos los espacios libres de los núcleos, tanto existentes como previstos, cuenten con una iluminación artificial suficiente». La meta es que no existan rincones poco iluminados y «susceptibles de convertirse, por ello, en escenarios adecuados para agresiones». A las luminarias y la vigilancia vecinal se suma la presencia humana a través de la actividad económica. El PGO alude específicamente al comercio de proximidad, cuya extensión por el concejo «supondrá la presencia de personas en diferentes franjas horarias, frente a los barrios dormitorios, con la consiguiente disminución de peligrosidad». La idea es que cada barrio «disponga al menos de un referente donde encontrar el comercio de primera necesidad», lo que a su vez evitaría desplazamientos en coche.

Barreras arquitectónicas

La apuesta por una movilidad activa es uno de los puntos en los que más incide el plan y que vuelca también en el enfoque de género. Dar continuidad a la red viaria, con interconexiones y prolongación de calles, «contribuye a la supresión de puntos potencialmente peligrosos por su aislamiento o posición de marginalidad», recoge el texto.

En el apartado de género queda también incluida la referencia a la eliminación de barreras arquitectónicas. Sostiene en este sentido que se atenderá «especialmente a las necesidades de personas con movilidad reducida», pero también a aquellas derivadas de desplazamientos «de carros de la compra o carritos de niños».

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