Pedro de Silva: «No me gusta el estilo 'hiperliderista' de Pedro Sánchez»
«Yo nunca fui secretario general del Partido Socialista y eso me permitió centrarme en gobernar sin preocuparme de los equilibrios internos»
Aún no se ha puesto en marcha la grabadora cuando empieza a decir frases que darían para varios titulares. Y eso que, insiste durante toda ... la conversación, quiere «quitarse importancia», mantenerse en la «humildad, que no es lo mismo que la modestia». Y llega ahí una de las máximas de la entrevista y, quizás, de su vida. Aunque no tenga muy claro el entrevistado si es correcto transcribirla, es imposible no hacerlo. «O eres humilde, o eres gilipollas».
Pedro de Silva (Gijón, 18 de agosto de 1945), político, escritor, columnista, expresidente del Principado de Asturias, presenta este 20-N 'Lo que queda a la espalda. Unas memorias de Pedro de Silva dialogadas con César Iglesias'. Más de dos años de trabajo que han dado como fruto un volumen de nada menos que 996 páginas que son, lo dice el propio De Silva, un retrato de un tiempo, de una época.
En el despacho en el que a sus 80 años sigue trabajando (aunque hace un año decidió, por ejemplo, que ya no acudiría a más juicios), tomándose todo el tiempo del mundo para responder a cada pregunta, Del Silva desgrana esos 80 años de su vida que lo son, también, de la historia de Asturias. Y antes de arrancar, él mismo abre el libro por la página 70, donde se puede ver el primer artículo publicado por Pedro de Silva C. Jovellanos. Fue en estas páginas, las de EL COMERCIO. Era el año 1966 y el titular 'Jovellanos y su piedra (sin pedestal)'.
Con 18 años leyó a Unamuno y «cuando Unamuno pasa por ti, nunca es en vano. Te conviertes en un existencialista, es decir, en alguien que tiene muy presente en todo momento de qué va la existencia y cuál es el papel que juega cada uno». Y de ahí eso de que «o eres humilde, o eres…». Así que Pedro de Silva, asegura, aprendió pronto «de qué va esto». Y 'esto' es la vida.
-Tengo que empezar por el principio, el título del libro. ¿Qué queda atrás?
-Esto (señala el volumen).
-80 años y mil páginas.
-Hablo de mí, pero no solo de mi historia personal, sino también literaria. Pero casi hablo más de todo el entorno y de un periodo histórico. Una de las motivaciones principales es que no se pierda la memoria…
-Claro, porque habla de sus 80 años, pero también de la historia de Asturias a lo largo de esos años.
-Hablo de un tiempo, de personajes y sucedidos… Detrás de muchas cosas está Juan Cueto, uno de mis mentores y maestros.
-¿Tenía en mente hacer unas memorias o fue una idea de César Iglesias?
-Yo había empezado a escribir una especie de memoria, bajo pseudónimo. Porque los pseudónimos no solo sirven para encubrirte, sino que te permiten mantener una pequeña distancia, para poder hablar con más libertad, en tercera o en primera persona. Y mi pseudónimo era 'Manín', que era como me llamaba mi hermana mayor cuando yo era pequeño, porque yo era el 'hermanín'. Tenía como 300 o 400 folios hechos, cuando aparece César Iglesias y me propone hacer una especie de memorias en forma de entrevista. Puse dos condiciones. La primera, que fuera una entrevista de verdad.
-¿Cómo son las entrevistas de verdad?
-Las que no están preparadas bajo criterios de cortesía. Por tanto, que él no solamente puede preguntarme lo que quiere, sino que debe preguntarme. Porque tenía la sensación de que, si no, no tendría interés. El siguiente criterio me lo impongo a mí mismo: contestaré a todo lo que me pregunte.
-Intentemos entonces hacer una entrevista de verdad. ¿Qué fue antes? ¿El periodista, el político, el escritor?
-A mitad de la carrera (estudió Derecho) yo ya quería ser periodista. Pero mi padre me dijo que lo que tenía que hacer era terminar la carrera, ser abogado. Que ya tendría ocasión de ser periodista.
-Habla en el libro de Pedro, aquel niño que iba a la Inmaculada. Pero pronto entra en uno de los periodos históricos importantes, el franquismo. Precisamente se presenta el libro el 20-N, cuando se cumplen 50 años de la muerte de Franco. Mucho estamos hablando de este periodo y de si se ha contado bien el franquismo y la transición, de por qué hay tantos jóvenes que creen que 'entonces se vivía mejor'.
-Por una razón: por la falta de historia, porque se ha trabajado la memoria histórica, pero no la memoria histórica de esos 50 años.
-¿No?
-No, está falseada.
-¿A propósito?
-Hay un discurso, un relato sobre la transición de España… en la transición se produce un juego de dos fuerzas, las mismas que habían concurrido en la guerra civil. Por un lado, la clase obrera y, por el otro, el ejército. A partir de un momento se hace inviable, por el empuje de la clase obrera, el modelo sociopolítico y económico que representaba todo el franquismo. Y ahí empiezan a saltar los hilvanes. Y claro que hay un Rey que administra bien las cosas. Y un político, Adolfo Suárez, procedente del franquismo que, por su juventud se entera de que los tiempos han cambiado y que hay que hacer lo que hay que hacer. Pero las fuerzas son las que son. La historia es muy importante, sin historia no tenemos nada detrás, no podemos gestionar bien el presente si no conocemos la historia. Pero cada vez tiene menor relevancia y más el interés de la gente por el presente, es a lo que nos lleva todo el modelo virtual.
-¿Y eso es lo que nos pasa? ¿El presente está marcado por la falta de historia?
-El espacio vacío de historia está siendo ocupado por una especie de historia en tiempo real tras la que no va quedando nada. Y ahí estamos. Fenómenos como el populismo son la consecuencia de eso.
-¿De la falta de memoria?
-De la falta de anclajes, de referencias. Es particularmente evidente en la gente joven, a quienes no han contado ninguna historia.
-Pero la han estudiado, se supone.
-Para mí no hay ninguna situación que sea personalmente dramática por mi edad. Pero para la gente que tiene todavía muchos años por delante, debería ser dramática, percibida como dramática.
-¿El qué? ¿Lo que nos espera?
-Sí. Pero… ¿volvemos al libro?
-Volvemos. Decíamos que habla de su historia y de la de Asturias. ¿Cómo se ve el devenir de Asturias desde la atalaya, no voy a decir de la edad, sino de la experiencia?
-A principios de los 80 se encontraba en una situación crítica, límite, básicamente en cuanto a la situación económica. El entorno económico en el que nos movíamos había dejado de existir con esas características, como es el caso de la minería: otros padecían una situación difícil de sostener bajo aquel modelo, como era el sector naval. Otros estaban esperando una transformación radical, como es el caso de la siderurgia. Estaba todo en crisis. El campo, con una población ocupada que representaba el 25%, tenía una contribución al producto interior del 5%. Esa era la situación. Y lo que tenía por delante Asturias era la transición económica. Una transición muy difícil, extraordinariamente difícil, yo creo que felizmente culminada.
-¿Bien hecha?
-Felizmente culminada.
-Que no es lo mismo.
-Hecha…. Desde nuestra perspectiva regional lo mejor que pudimos y supimos. Desde el Gobierno de Madrid, en mi opinión, francamente mejorable. Hablo del periodo conocido como el 'felipismo'.
-Es uno de los muchos nombres propios que menciona en el libro, el de Felipe González…
-… la política industrial no estuvo bien planteada, sencillamente.
-¿No nos entienden desde Madrid, entonces y ahora?
-No es un asunto de Asturias. Las insonorizaciones yo creo que son generales. En aquel momento se decía que la mejor política industrial es la que no existe.
-¿Y eso qué significaba?
-Entregarnos a una especie de social liberalismo que en aquel momento era tutelado por el ministro de Economía, amigo mío, Miguel Boyer…
-¿Los dineros, siempre?
-No… Un entendimiento un tanto naif del liberalismo económico, que no tenía en cuenta lo que eran las fuerzas sociales. Es el tiempo en el que el Partido Socialista rompe con la UGT. Hablo de todo ello porque creo que debo hablar. Y lo cuento tal cual. Me he guiado por un criterio de veracidad. Fue un momento en el que hubo éxitos y ayudas evidentes: la reindustrialización de Ensidesa, que fue un éxito total; el Programa Nacional de Interés Comunitario, que permitió cosas como sanear el Nalón y el Caudal; las ayudas que permitieron la implantación de Dupont o de Thysen… No lo niego, y en esos casos el Gobierno de Madrid estuvo a la altura. Pero en el diseño de la política industrial hubo errores importantes: hacerla sin ir de la mano de los sindicatos, que era posible; sin ir de la mano de las comunidades autónomas, que era posible; sin adoptar medidas reindustrializadoras desde el propio sector público, en lugar de limitarse a liquidarlo… Que un partido llegue a romper con el sindicato con el que ha hecho toda su vida… es dramático. Luego hubo una recomposición relativa, basada en las relaciones personales.
-En varios momentos del libro se hace preguntas sobre Asturias. ¿Qué pinta Asturias en España?¿Qué diablos es Asturias? Ahora se lo pregunto yo. ¿Qué diablos es Asturias?
-Es una pequeña nación de España, lo mires como lo mires. Pero no estoy hablando de una nación en la acepción habitual del nacionalismo español. Pero ¿cómo queremos llamarlo? ¿Simplemente una nación?
-¿Pequeña en todos los sentidos?
-Pequeña por su tamaño. Un millón habitantes.
El papel del sindicalismo
-¿Ser pequeños siempre ha sido un hándicap para cómo nos ven desde Madrid?
-Lo es, porque en Madrid siempre se cuentan los votos. De hecho, insisto en el libro en que la fuerza que tuvimos en ese periodo, que fue notable, lo que yo llamo la caldera, fue el sindicalismo asturiano.
-El movimiento social, los que salieron a la calle.
-Sí, ahí estaba nuestra fuerza. Lo que nos correspondía a nosotros era canalizarla y administrarla. Yo creo que reconocer esto, reconocer el papel que tuvo la clase obrera organizada en todo el periodo de transición económica, aun a sabiendas de que esa transición económica inexorablemente la condenaba a un papel menor, la relegaba… hay que contarlo.
-¿Hemos perdido esa fuerza social, ese sindicalismo?
-El sindicalismo que había era el de las grandes unidades y las grandes unidades han ido a menos. El sindicalismo no ha sido capaz… Mi propia vida política ha estado muy unida al sindicalismo, básicamente a la UGT… Yo no he sido secretario general del Partido Socialista. Nunca. Nunca he tenido control sobre la ejecutiva del Partido Socialista. Yo lo que he tenido es un programa…
-De gobierno.
-Y el apoyo que me proporcionó el Partido Socialista y el sindicalismo socialista, de la minería y del metal.
-¿Qué cree más acertada, esa postura, la bicefalia, o unir ambos papeles en la misma persona?
-He sido muy heterodoxo en el partido siempre. Y las cosas no han ido por la bicefalia.. .A mí me fue bien con la bicefalia, porque me permitió concentrarme en gobernar sin tener que estar pendiente todo el día de la labor de mantener los equilibrios internos. Le debo mucho a personas como Jesús Sanjurjo. El apoyo más importante en el plano político que he tenido ha sido el suyo.
-¿Sigue ligado al partido? ¿Sigue siendo militante?
-Sí, sí, aunque no hago vida de agrupación, pero sí soy militante del Partido Socialista.
-Pero decidió quedarse en un segundo plano. ¿O no fue algo premeditado?
-Desde que dejé la política en julio de 1991 no tengo actividad política pública. Ni siquiera, salvo en algunos casos puntuales, opinando.
-¿No le gusta?
-No me parece que me corresponda calificar o descalificar a los sucesivos gobernantes de Asturias.
-¿Y dar consejos?
-Cuando me los han pedido.
- ¿Y se los han pedido mucho?
-No demasiado.
-Evidentemente, uno de los momentos más importantes de su vida es su llegada a la presidencia del Principado. ¿Qué Asturias se encuentra?
-Esa de la que hablábamos. Asturias era una región problema y reunía dentro un contingente de crisis presente o latente casi no equiparable a ninguna otra región de Europa.
-Y con todo por hacer, económicamente y políticamente. Empezaba el gran proyecto de las comunidades autónomas.
-Había empezado con el Gobierno de Rafael Fernández, que fue un buen periodo, en el que se sentaron algunas bases. Tan es así que cinco de mis consejeros proceden de aquel tiempo. Eran gente muy valiosa.
-¿Se rodeó siempre de buenos equipos?
-Tienes buenos equipos no sólo cuando tienes buenas personas, buena gente, capaz, sino cuando permites que desarrollen sus capacidades.
-¿En eso consiste ser un buen líder, no?
-Permitir que desarrollen sus capacidades sabiendo que el desarrollo de sus capacidades puede hacer crecer una alternativa al propio presidente. Pero no puedes es convertir a tu equipo en un grupo de empleados. Tienes que dejar que cada uno desarrolle su potencialidad y es cuando un equipo se hace grande.
-¿Reconoce aquella Asturias en la actual?
-Esta Asturias ha superado esa crisis, la composición sectorial ha cambiado por completo.
-¿Somos mejores?
-Somos distintos. La transición económica que se inició entonces fue una transformación verdaderamente histórica de la región. Asturias ya no es una región problema, es una región que puede tener unos problemas u otros, con una estructura económica y social básicamente equiparable a cualquier otra región, con muchos elementos dinámicos.
«La oficialidad debe llegar»
-Y con problemas que eran actualidad en aquellos momentos y que siguen siéndolo. Habla de la llingua, una «herida que aún sangra». Y del «lamento por las infraestructuras».
-En relación con la llingua, nosotros emprendimos un camino prudente. Hoy el asturiano se vive con cierta naturalidad. Hay resistencias a la oficialidad. Ya lo he dicho: la oficialidad debe llegar. Pero también es verdad que debe llegar con un consenso suficiente porque, si no, es una tontería, no va a funcionar. Por tanto, yo creo que hay que seguir trabajando en eso, hasta conseguir que todo el mundo lo asuma con naturalidad. Nuestra política pausada fue poco comprendida en aquel momento por parte del movimiento asturianista y poco comprendida también por los contrarios. Pero aquella siembra está debajo de mucho de lo que vino después.
-Entiendo que la política es eso, moverse entre las críticas de un lado y las de otro…
-Es que las limitaciones no venían solamente de la sociedad asturiana, venían también del propio Partido Socialista, en el que una gran parte no entendía la importancia de este asunto.
-¿Batallar con los de casa es más complicado que con los de fuera?
-Es un juego de suma cero. Cuando tienes problemas fuera es más fácil no tenerlos en casa y cuando tienes problemas en casa los problemas de fuera se atemperan. En mi segunda legislatura, en la que no tenía mayoría para gobernar, tenía que trabajar para conquistar a esa mayoría, y yo creo que fue mejor que la primera. Así funcionan las cosas.
-Porque con mayoría fuera, ¿los problemas de dentro eran peores?
-Evidentemente.
Comunicaciones
-El otro tema que sigue de actualidad y que menciona en el libro… las infraestructuras, que además es una cuestión que ha vuelto a sacar a la calle a la sociedad asturiana.
-¿El peaje, no? A una parte de los asturianos. Bueno, hay un componente atávico, subyacente. Es lógico que una región que está tan físicamente, geográficamente, aislada tenga ese sentimiento casi como el que se produce en las regiones insulares, que es una angustia de comunicación. El peaje está ahí, pero yo creo que Asturias es una región bien comunicada con el centro y, por carretera, también por la costa. Y tiene un gran problema: la comunicación ferroviaria por la costa. Defender la prioridad de la comunicación por la cornisa cantábrica estuvo a punto de impedirme tener una segunda legislatura. Fue tal el 'enfotu', la obsesión, con ir al centro.
-Y ahí seguimos…
-Ahí seguimos. Habíamos encargado un proyecto, las cuatro comunidades, que demostraba su rentabilidad. Tras los resultados de las elecciones de 1987, la mayoría me obligó la mayoría a retirar ese proyecto. Dije que la historia lo recuperaría y yo creo que lo recuperará. Y en cuanto al campo interno, creo que había que alcanzar un consenso para organizar las comunicaciones ferroviarias de la zona central. Es algo factible pero que hay que hacer y que debería ser un gran objetivo en materia de comunicación.
-Volvamos al libro. ¿Qué le gustaría que se dijera de él? ¿Qué titular le gustaría?
-Que es, sobre todo, la crónica de una época. Obviamente está vertebrado alrededor de mi vida política e intelectual. Pero más allá de eso, lo que tiene interés es que es la crónica de una época, de un tiempo.
-Le voy a preguntar por algunos de los nombres propios de los que menciona en el libro. Felipe González.
-En el libro soy muy crítico con el 'felipismo' porque creo que su política autonómica fue carente de estrategia; su política industrial y muy particularmente en relación con el sector público fue 'liquidacionista' y en cuanto a la política industrial, realmente no puede hablarse de que la hubiera, independientemente de que como asturiano estoy agradecido por algunas decisiones importantes y beneficiosas. Dicho lo cual, creo que objetivamente es el estadista democrático español más importante del siglo XX.
-¿Nos faltan estadistas ahora?
- A veces los grandes estadistas no los ves en tiempo real. Los ves en su decurso y cuando tienes una distancia que te permita alcanzar la perspectiva de su estatura.
-Villa.
-Representa la mayor decepción política que he tenido en mi vida política.
-¿Nunca pudieron imaginar?
- Nunca pudimos imaginar que hubiera un enriquecimiento personal. Caramba, pero si yo le hice la laudatio cuando le dieron la Amuravela. Le hice un elogio de su honradez personal.
-¿Ha tenido ocasión de hablar luego con él?
-No he querido ni he tenido oportunidad. Indudablemente, la mayor decepción política. Y el SOMA fue crucial, absolutamente crucial. Y es justo ponerlo de manifiesto. El Plan Integral para las comarcas mineras estaba apadrinado por el SOMA. Ahí estaba la fuerza que, debidamente administrada, a mí me permitía negociar.
-Trevín.
-Fue un presidente que le tocó un momento complicado, que lo gestionó bien, que yo creo que desarrolló en ese periodo las cosas con mucho talento. Era un animal político. Lo conocí cuando empieza a eclosionar, cuando las inundaciones de Llanes de 1983. Voy a la zona y lo que me encuentro es un concejal que está con las botas de agua, con los vecinos. Ahí veías a un político comprometido de verdad con la gente.
-Dos nombres más, quizás más difíciles. Pedro Sánchez.
-En el libro cuento poco, no le he tratado. Hay distintas maneras de afrontarlo. Por ejemplo, aplaudo su coraje en relación con el cambio climático, que haya hecho de España una referencia. También es importante que haya sabido conjugar crecimiento económico y una razonable distribución o reparto, por tanto, que haya podido hacer política social y al mismo tiempo crecimiento económico… cuando se pensaba que no era posible. Que haya recompuesto la geografía de España.
-¿Por Cataluña?
-Claro. A través de una política de mucho riesgo. Vemos el oportunismo de reunir votos pero no vemos que detrás de ese oportunismo había también una política que permitió acabar con el soberanismo radical y pacificar Cataluña, reintegrarla al Estado. Hacer posible que el Rey pueda ir allí, caramba.
-¿Pero no sigue siendo rehén de alguna forma de cierto sobranismo, de Junts?
-¿Quién es Junts? Está condenado a volver a ser lo que era el pujolismo.
-Esperemos que mejor, porque si hablábamos antes de Villa, podemos también hablar de Pujol…
-Hablo de su papel de equilibrio. El 'pujolismo' mantuvo el equilibrio en el aspecto territorial sin dar lugar a un secesionismo y en el plano político jugando a derecha a izquierda. Yo creo que Puigdemont querría jugar ese papel.
-Si hablamos de Pedro Sánchez le tengo que preguntar por el momento que vive el partido y los casos de corrupción.
-Que le haya entrado por la línea de flotación esa corrupción es terrible. Creo que él… estoy convencido de que él es un hombre limpio. Estoy hablando de Koldo, Ábalos, Cerdán…
-Sí, la línea de flotación que menciona.
-Me parece terrible.
-Que han fallado los mecanismos de control es evidente pero ¿qué le parece cómo se está gestionando la situación?
-No lo sé… Cuando hay cosas que técnicamente están 'sub iudice' es difícil ir más allá.
-Pero yo hablo de la gestión política.
-Hay un estilo de gobierno, 'hiperliderista', que no me gusta. Yo eso ya lo combatí en el 28 Congreso del Partido Socialista en el año 1979, enfrentándome entonces al 'felipismo', en su maniobra de ida y vuelta, cuando dimitió para volver, y aun entendiendo las ventajas que tiene la dirección única y una dirección muy empoderada, utilizando la expresión actual, y aun admitiendo que detrás de la victoria de Felipe González en el 82, está esa política. Y admitiendo también que esa victoria de Felipe González permitió la victoria de los presidentes autonómicos, como yo mismo en 1983. Pero los partidos 'superlideristas', los dirigentes 'superlideristas', no me gustan. Acostumbrado a todas horas a oírse a sí mismo, un líder se insonoriza del mundo. En el caso de Sánchez, y de todos, no puedes hacer juicios totalizadores de un personaje. Hay que poner pros y contras.
-Bueno, es lo que ha hecho con Sánchez, pero dejando claro que el modelo de gobierno no le gusta.
-Pero nada. Tampoco me gusta nada el grado al que llevó las concesiones a su aliado táctico, Podemos, no entendibles por la mayoría de la gente y por mi tampoco.
-Último nombre propio. Adrián Barbón.
-Adrián creo que es un buen político. Está permanentemente conectado con la sociedad.
-Y con las redes sociales.
-Y a las redes, algo con estos tiempos es muy importante. Tiene corazón, que en política es muy importante aunque poco valorado.
-Tener corazón no es suficiente.
-No, pero estás conectado y es suficiente. Y creo que deja gobernar a sus consejeros en sus ámbitos. Su idea de equipo en ese sentido se parece bastante a la mía. Transmite concordia en todas direcciones, no insulta. La línea política en la gestión ordinaria que lleva, tiene limitaciones objetivas que derivan de una administración autonómica que antes o después habrá que reformar al fondo.
-Pero solo me dice cosas buenas.
-¿Tengo que decir las malas?
-Solo pregunto… Como de otros políticos sí las dice y defiende que todos los personajes tienen sus pros y sus contras. Y como la perfección no existe…
-No, la perfección no existe. Pero la verdad es que a ningún presidente del Principado en ejercicio le he hecho críticas. Ni a Juan Luis, ni a Trevín, ni a Sergio, ni a Tini.
-¿Ni a Cascos?
-Ni a Cascos. Al revés, por no hacerle críticas en tiempo real, muchas personas zaheridas por el casquismo empezaron a mirar de reojo.
-Habla de sus debilidades: Gijón, Asturias, la familia…
-Soy muy asturianista, es la verdad. El amor se apoya siempre en las ambivalencias y con Asturias me pasa eso.
-Al ser querido le queremos con sus defectos y virtudes.
-Intenta que esto no sea un titular, pero un día la amo y otro no la aguanto (ríe). Nos pasa a todos. Y en cuanto a la familia, he tenido la fortuna de tener al lado sucesivamente a tres mujeres maravillosas.
-Al hacer balance de la vida, ¿qué faceta ha pesado más? ¿El Derecho, la política, la literatura, el periodismo?
-Hay una definición que me di hace tiempo y creo que aguanta el tipo: vivo de la literatura.
-Habla de algo vital, no económico, supongo.
-Vital. La literatura me da la vida. Como de la abogacía y cargo con la biografía. Y lo que me gustaría ahora, si tuviera menos años, sería escribir poesía y coger olas.
-¿Hacer surf?
-Mejor: sin tabla.
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