El Principado 'recluta' seis buitres centinela para que detecten venenos en el monte

El Principado 'recluta' seis buitres centinela para que detecten venenos en el monte
Un buitre leonado sobrevuela la sierra de Caranga, en el concejo de Proaza. / DANIEL MORA

Los capturará personal del ministerio para colocarles un GPS que transmitirá su posición cada cinco minutos

MARCO MENÉNDEZ GIJÓN.

Los buitres se encuentran entre las especies más afectadas por el veneno en toda la cornisa Cantábrica. Al utilizarse cebos emponzoñados para matar alimañas, lo natural es que las primeras que los localicen sean las aves carroñeras y, por lo tanto, se conviertan en sus primeras víctimas. El 22,1% de todos los animales muertos a causa de venenos en Asturias entre 2001 y 2017 fueron buitres leonados y lo que es una tragedia para la naturaleza se puede convertir también en una oportunidad para luchar contra este grave problema.

El Principado capturará seis ejemplares para que sirvan de centinelas ante el veneno. A cada uno de ellos se les colocará un GPS pero, por desgracia, para que se localicen restos envenenados es necesario que el ave muera. En León está previsto contar con otros seis ejemplares, con lo que entre las dos provincias y gracias a que los buitres pueden volar en un día más de 120 kilómetros, se pretende cubrir prácticamente toda la cordillera.

Patricia Mateo es investigadora de la Universidad de Oviedo y una de las principales especialistas del país en materia de venenos y grandes rapaces. Además de ser la autora de la estrategia asturiana contra el veneno, también es la piedra angular de este proyecto de los buitres como especie centinela. Explica que estos animales «localizan todo tipo de carroña». Por eso, cuando se utiliza veneno para eliminar a los depredadores del ganado, «los buitres son los primeros en localizarlo. Sus áreas de campeo son de cientos de kilómetros».

El grupo de captura de fauna silvestre del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente será el encargado de supervisar tanto la captura de los ejemplares -mediante una red con un cebo- como la correcta colocación del GPS. Aunque puedan caer en la red jóvenes o hembras, serán seleccionados ejemplares adultos y todos los capturados serán marcados con anillas de colores, visibles con telescopio, y con un código alfanumérico único para cada ave. La previsión es que estas labores de marcaje se realicen «después de la época de reproducción, en junio, cuando los pollos ya estén criados», apunta Patricia Mateo. ¿Cómo funcionará el sistema? El GPS transmitirá la posición del ave cada cinco minutos. Así, se sabe dónde se posó, dónde comió y todo lo que hizo el animal. «Si muere, hay muchas posibilidades de que haya veneno y el GPS nos permitirá ver dónde comió. Si no pasa nada, nos aportará información accesoria, como dónde se alimenta, es decir, dónde hay más comida. Y eso puede indicar que también hay más ataques de depredadores, con lo que, al mismo tiempo, que hay más riesgo de que se vaya a poner veneno», asegura la investigadora.

 

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