El HUCA extrae tumores por orificios del tamaño de una moneda de dos euros

Los cirujanos Javier Aragón, Itzell del Pilar Pérez y Michelle Leung Shao (residente) y el anestesista David Fernández del Valle, durante la intervención para extirpar un timoma a Rafael Fernández. / P. LORENZANA

Es el único hospital que opera cánceres de timo por una única y pequeña incisión, y sin gas. En 24 horas, el paciente recibe el alta médica

LAURA MAYORDOMOOVIEDO.

«Me encuentro fenomenal. ¿Dolores? Solo si toso». Rafael Fernández, Falo, minero jubilado de 76 años, descansa ya en su casa de Santa Eulalia de Morcín y se deshace en elogios con los cirujanos y todo el personal del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Ha pasado una hora desde que recibió el alta médica. Treinta horas desde que fue intervenido para que se le retirara un tumor -«todo apunta a que benigno», dicen los médicos- justo detrás del esternón. Un timoma. Fue la suya una cirugía mínimamente invasiva que se ejecutó a partir de una incisión de apenas tres centímetros (similar al tamaño de una moneda de dos euros) en el costado derecho, bajo la axila.

El equipo que dirige Javier Aragón, jefe del servicio de cirugía torácica, lo operó con una técnica que solo se lleva a cabo en el HUCA. Es la cirugía videoasistida de un único puerto -'Uniportal VATS'- sin gas. El Central es el único hospital en el que las timectomías se realizan sin insuflar C02 en el interior del cuerpo del paciente, un procedimiento habitual para conseguir espacio en la cavidad torácica y realizar la cirugía con mayor comodidad. «No es que seamos más listos que nadie. Es que en el hospital antiguo no teníamos gas, así que aprendimos a operar el timo sin él». Por eso, con el tiempo, ya habituados a realizar operaciones de pulmón por una única incisión «nos resultó muy fácil adaptar la técnica uniportal sin gas a las timectomías», explica el doctor Aragón. La técnica encierra mayor complejidad, pero también tiene sus ventajas: «Se comprimen menos las cavidades del corazón», anota el cirujano Manuel Vaquero.

A Rafael, la lesión se la detectaron en una revisión médica y, tras un seguimiento, se vio que crecía ligeramente. Se decidió entonces intervenirlo, pero sus problemas de corazón le convertían en un paciente de alto riesgo. Una cirugía mínimamente invasiva, como la que se le practicó en el HUCA, era la manera de minimizar el peligro.

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Falo entró a quirófano el pasado 29 de mayo, miércoles, a primera hora de la mañana. La intervención fue presenciada por EL COMERCIO. En treinta minutos, con la ayuda de la doctora Itzell del Pilar Pérez y la residente Michelle Leung Shao, el doctor Aragón consiguió extirparle el tumor. Y una hora más tarde, habiendo dejado la zona que alojaba la lesión completamente limpia con un bisturí de ultrasonido, se daba por concluida una cirugía en la que se precisó «mucha paciencia». El HUCA fue, tras el de La Coruña, el segundo hospital de España en emplear la cirugía videoasistida de un único puerto en cirugías torácicas mayores, como las oncológicas. En el Hospital Central se operan por esta técnica el 80% de los casos que llegan al servicio de cirugía torácica (unos 240 al año). Las resecciones pulmonares son las intervenciones más habituales. Solo quedan excluidas de esta técnica las lesiones pulmonares de más de cinco centímetros -por ser de mayor tamaño que la propia incisión-, los tumores centrales -por su alto riesgo- y las lesiones con afectación de la pared torácica. En estos casos, hay que recurrir a la tradicional cirugía abierta.

Desde que comenzaron con la cirugía videoasistida de un único puerto, en 2012, la mortalidad perioperatoria -hasta un mes después de la operación- «ha sido cero» y los casos de complicaciones, excepcionales y todos de carácter leve. «Es la modalidad menos agresiva dentro de la cirugía mínimamente invasiva», destaca el doctor Aragón, quien avanza que «el siguiente paso que cabe es el de la cirugía robótica», es decir, que en lugar del cirujano sea un robot dirigido por aquel el que lleve a cabo la intervención.

La ventaja de esta técnica es que se reduce la probabilidad de complicaciones, se puede operar a pacientes de riesgo -como era el caso de Rafael Fernández-, el resultado estético de la intervención es considerablemente mejor, el dolor como resultado de la cirugía es menor y, para mitigarlo, basta un antiinflamatorio. Si no hay complicaciones, los pacientes reciben el alta al día siguiente y, en dos semanas, están haciendo vida normal. Es el tiempo que deberá esperar Rafael para poder volver a trabajar su querida huerta.