«Fue una gran suerte parar y oír los gritos»

Rubén López Rimada y su hermana Marieta leen la noticia del rescate en EL COMERCIO en su domicilio de Villaviciosa. / JOSÉ SIMAL

La insistencia del niño Rubén López salvó la vida del holandés que se cayó en una grieta en los Picos | El pequeño relata cómo se detuvo en el ascenso a la Vega de Urriellu para hacer unas fotos y escuchó «una voz que salía de la tierra y pedía ayuda»

LUCÍA RAMOSBULNES (CABRALES).

La de este pasado domingo será una jornada que ni Rubén López Rimada ni su hermana Marieta podrán olvidar. Y es que uno no le salva la vida a una persona todos los días. El fino oído de este pequeño maliayo de diez años fue clave para la espectacular evacuación llevada a cabo por el Grupo de Rescate de Bomberos del Servicio de Emergencias del Principado (SEPA) de un holandés de 64 años que se había precipitado por una grieta en pleno corazón de los Picos de Europa. Él fue quien dio la voz de alarma al comprobar, atónito, cómo «una voz salía de la tierra y pedía ayuda», según relató ayer a EL COMERCIO.

Faltaban apenas unos minutos para las diez de la mañana y la familia López Rimada se disponía a afrontar la última subida fuerte antes de llegar a la Vega de Urriellu. Era su tercer intento, los dos anteriores se vieron truncados por diferentes motivos, y estaban decididos a culminarlo. Tan amante de la fotografía como de la montaña, Rubén se adelantó un poco en el camino y se detuvo a capturar el paisaje. De pronto, un tenue sonido llamó su atención. «Me quedé quieto, porque en cuanto te movías ya no se oía nada, y pude escuchar cómo alguien decía '¡hola! ¡hola! ¡ayudadme!', así que bajé corriendo a avisar a mis padres», explicaba, aún nervioso, el chaval.

En un primer momento, sus progenitores, Jorge y Celia, no se tomaron demasiado en serio el relato del pequeño, pero dada su insistencia, le acompañaron y pudieron oír ellos mismos la desesperada llamada de auxilio del hombre. «Un rato antes nos habíamos encontrado con un pastor y su rebaño y pensamos que podría ser otro», reconocía el padre. «También creímos que era una grabación, pues sonaba más o menos cada minuto y decía siempre lo mismo», apuntó Marieta. Preocupados, avisaron a otros senderistas que había por la zona, quienes coincidieron en que se oían unas voces que parecían proceder de una canal entre Bulnes y Urriellu.

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«Entonces decidimos avisar al 112 y un rato después vinieron los bomberos en helicóptero, fue alucinante», relató el pequeño. El grupo de rescate «estuvo un rato dando vueltas por la zona hasta que uno que iba asomado vio algo y entonces bajaron él y otro por el cable», prosiguió su relato el niño. Efectivamente, uno de los rescatadores había logrado ver cómo de una profunda grieta salían unas señales luminosas que parecían hechas con una linterna. Pasado un rato, Rubén, Marieta y el resto de personas que estaban en la zona asistieron a la evacuación del herido. «Lo sacaron por el aire con una cuerda, fueron muy valientes», apuntó el pequeño.

Todavía conmocionados por la «aventura» que acaban de vivir, los López Rimada continuaron su ascenso y, tras tomar algo en el refugio de la Vega de Urriellu y reponer fuerzas -el padre estuvo buscando en la zona de donde procedían los gritos junto a otro montañero antes de la llegada de los bomberos, por lo que tuvo que descender y subir varias veces- se dispusieron a regresar a casa. Fue entonces cuando supieron del rescate en EL COMERCIO y al ver que el accidentado había sido trasladado al hospital de Arriondas decidieron acercarse, ya que Rubén se había quedado «muy preocupado». Una vez en el Grande Covián, el montañero holandés se mostró «tremendamente agradecido». «Fue una gran suerte parar y oír sus gritos, pues antes que nosotros había pasado por allí mucha gente, pero en cuanto te movías o caminabas ya no se oía nada, era muy suave», señaló el niño. Y tanto él como su hermana reconocieron haber aprendido una valiosa lección: «No se debe ir solo a la montaña y no hay que subestimarla», apuntaron al unísono.

Por si las emociones del domingo no hubieran sido suficientes, los pequeños recibían ayer una invitación muy especial, la de los Bomberos del SEPA para conocer su helicóptero.