Salas llora a su mejor embajadora de los carajitos del profesor

Marichu Llavona, una maestra de los carajitos del profesor. / P. CITOULA
Marichu Llavona, una maestra de los carajitos del profesor. / P. CITOULA

Marichu Llavona, que falleció a los 85 años, siempre estuvo vinculada a la pasta de avellana

BELÉN G. HIDALGO SALAS.

La villa salense se quedó ayer sin uno de sus referentes, la confitera María Teresa Llavona, a la que todos conocían como 'Marichu', la del Casa del Profesor. La de los carajitos. Falleció ayer, a los 85 años, habiendo legado a sus hijas, Teresa y Carmen, la receta secreta de uno de los postres más populares de Asturias, una singular y centenaria pasta de avellana que puso a Salas, la puerta del suroccidente, en el mapa del mundo. «En los carajitos del profesor es donde descansa la promoción turística de Salas. Nadie se marcha sin ellos», recordó el cronista oficial, José de Arango. «En la villa hace unos años los peregrinos llegaban y no se encontraban señalización, pero sí encontraban los carajitos del profesor».

Aunque Marichu nació en la capital del Principado, vivió su adolescencia en el obrador de sus tíos, Carmen y Rafael, en la villa salense, cascando avellanas y batiendo claras a mano, empapándose del espíritu del célebre 'Falín', el hijo de aquel profesor de música que llenaba de magia, cultura y música aquella casa de comidas. Falín era el hijo de Pepín Fernández, aquel que había fundado en 1918 la renombrada 'Casa del Profesor'.

La receta del carajito del profesor sigue siendo un misterio, sin embargo, todos repiten la historia de aquel indiano que llegó a la Casa del Profesor y para pedir otra de aquellas pastas de avellana, entonces sin nombre propio, exclamó: «¡Dame un carajo de esos!».

El regidor salense, Sergio Hidalgo, lamentó la «importante pérdida» para el municipio que supone la muerte de Marichu. «Puso el nombre de Salas en el mapa de España a través de los carajitos, una receta centenaria. Fue un trabajadora incansable», afirmó el alcalde de Salas.

Matriarca a la vanguardia

La figura de Marichu se mantendrá en la historia de la repostería asturiana ligada a una empresa familiar que se adaptó a los tiempos sin renunciar a la esencia. «Era una mujer emprendedora, al estilo de las matriarcas del occidente de Asturias que fueron dominantes en las relaciones familiares. Supo mantener el grupo familiar unido y la empresa de los carajitos del profesor siempre en vanguardia, siempre innovando y buscando mantenerlos como una delicia del suroccidente de Asturias», afirmó, emocionado, el vicepresidente de la Fundación Valdés-Salas, Joaquín Lorences.

En la competencia también el reconocimiento a su valía se dejó ver en las palabras de Ana Menéndez, que regenta en Cornellana la repostería El Casino. «Fue una figura muy importante y se merece todo el respeto».

El espíritu de Falín continúa con sus herederos, remarca el cronista oficial, que no duda a la hora de afirmar que la figura de Marichu trasciende más allá de la gastronomía. «Es una institución social y cultural en Salas», agregó, al tiempo que destacó el carácter solidario de toda la familia. «Siempre ayudaba en todo. Era una gran benefactora del concejo, que no distinguía entre la villa y los pueblos».

Marichu tenía una ilusión, contar con su propio equipo de fútbol. Lo cumplió. «Llegaron a Salas dos fisioterapeutas que montaron una clínica en la villa. Jugaban en Tercera División en el Praviano y uno de ellos recogió el guante y fundó el Club Carajitos», relató De Arango. Hoy lidera su categoría.

Quienes conocieron a Marichu coinciden en señalar que heredó de su tío el carácter amable, su cercanía, su humildad, su alegría. «No tiene enemigos, ni siquiera por envidias», apuntó el cronista oficial.

También el gusto por la música lo heredó del célebre Falín. La confitera cantaba «maravillosamente bien» en el coro y no se amedrentaba con el acordeón de Falín, aquella que amenizó bailes que hacían crujir la madera de aquel salón. Su hija Carmen continúa la tradición y toca la acordeón de Falín. La familia también conserva su piano.

Marichu contrajo matrimonio con Nicasio de Aspe Luzzati, un mercante con el tuvo cuatro hijos: Teresa, Carmen, Reyes y Nicasio. Sus dos primogénitas han heredado la receta y el buen hacer confitero de la madre y han aprendido a mantener vivo la filosofía de su tío-abuelo.

Su funeral se celebrará hoy a las cinco de la tarde en la colegiata de Santa María la Mayor de Salas.