«Me hubiera muerto en vida si les llega a pasar algo a los niños que estábamos rescatando»

Sergio Mantas junto a la madre de la niña que rescató y el hermano de Adán Heredia./E. C.
Sergio Mantas junto a la madre de la niña que rescató y el hermano de Adán Heredia. / E. C.

«Vimos a los niños en peligro y actuamos sin pensar. En esos momentos no hay tiempo, reaccionas sobre la marcha»

LAURA CASTRO

En mitad del «caos», el guardia civil asturiano Sergio Mantas y su compañera Nora Pérez supieron mantener la calma y centrarse en lo importante: rescatar al mayor número de gente posible y, en primer lugar, a los niños. Su valentía les convirtió en un símbolo en mitad de una tragedia que se ha cobrado ya 12 víctimas mortales a la espera del balance definitivo. Sin embargo, el asturiano, natural de Ciañu, reconoce que hubo momentos «muy complicados». Lo peor, señala, «ver un torrente de agua llevándose los coches sin saber si había gente dentro».

¿Qué recuerda del momento en el que llegaron a San Llorenç?

Recuerdo a la gente pidiéndonos ayuda desde las ventanas, los tejados, dentro de vehículos… Nos hacían señales con las linternas del móvil y nos gritaban. El agua llegaba con mucha fuerza y estaba altísima. Recuerdo que cuando bajó un poco y entramos en el pueblo todavía estaban las marcas de hasta dónde había llegado…

¿Qué fue lo que más le impactó?

Cuando íbamos caminando por mitad del pueblo y encontramos una calle colapsada de coches. No sabíamos si había o no gente dentro. Había vehículos amontonados, hasta de tres en tres. No podíamos acceder a ellos y nos preocupaba mucho pensar que pudiera haber gente dentro. Ese es uno de los recuerdos más impactantes que tengo, pero hay muchísimos más… Los niños gritando y llorando asustados… Fue horrible. Nos llevábamos a la gente que estaba más cerca para ponerles a salvo y cuando volvíamos a por el resto a los pocos minutos, ya no estaban. No sabíamos si era porque les habían rescatado o si se los había llevado el agua. Eso es brutal, te queda la incertidumbre y la impotencia de no poder hacer nada más.

Mencionaba el pasado miércoles que nunca había vivido una situación similar y su compañera tampoco, pues acababa de salir de la academia… ¿Cómo se las apañaron para trabajar en mitad de un torrente de agua?

En primer lugar, decir que mi compañera Nora que está en prácticas se ha ganado el máximo reconocimiento por mi parte y por la de todos. Ha hecho un trabajo increíble, lo ha demostrado todo. Luego tuvimos la suerte de contar con un compañero del puesto de Sa Pobla, que está en prácticas también y que fue militar de la UME y estaba más preparado para este tipo de situaciones. Nos enseñó sobre la marcha a hacer una guía de viga con un cable que encontramos y fuimos poco a poco atravesando los torrentes para acceder. Hicimos una cadena humana, sacábamos a los niños en brazos de dos en dos en medio del agua. Rezábamos para no resbalar. Recuerdo que pensé: Sergio, si resbalas se te caen los niños. Me muero en vida si les hubiera pasado algo mientras los rescatábamos.

¿Cómo manejaron toda la tensión?

Sinceramente no lo sé. En esos momentos no hay tiempo, reaccionas sobre la marcha. No lo piensas, porque sino no podrías hacer ciertas cosas ni meterte donde nos metimos. El miedo te paralizaría. Mes mejor no pensarlo. Nada más llegar dimos prioridad a las personas que nos pedían ayuda y pusimos por delante a los niños más pequeños que estaban en peligro.

Entre ellos la sobrina de 3 años de Adán Heredia, la familia a la que rescataron en primer lugar. ¿Cómo ha sido el reencuentro con ellos?

Mi compañera Nora y yo fuimos a visitar a la madre y al hermano de Adán que colaboró mucho también el martes ayudando a rescatar niños pequeños y acogiéndolos en su gimnasio. Él se puso a llorar y la madre de la pequeña se emocionó también al darse cuenta de que fuimos nosotros quien rescatamos a la niña. Fue muy bonito la verdad.

Adán insiste en que no ser por ustedes, habrían muerto…

Se valora mucho que te lo agradezcan así. De todas formas, no fue por ser guardia civil. Creo que cualquier persona que vea esa situación, reacciona como hicimos nosotros. Había mucha gente en peligro, da igual que seas guardia civil, fontanero o repartidor. Todos tratarían de salvar a la mayor cantidad de gente posible, estoy seguro.

En medio de ese caos, ¿cómo consiguieron tranquilizar a la gente?

Estaban en estado de shock, gritando, llorando y muy alterados. Fue un trabajo en equipo. Protección Civil, bomberos, sanitarios, había muchísimos voluntarios, gente que se puso a trabajar a pesar de estar de descanso… A los niños pequeños les abrazábamos y les decíamos que mamá estaba de camino, sin saber ni quién era la madre ni si estaba bien. Era la única forma de calmarlos. Una vez que los dejábamos en el punto de ayuda más cercano, volvíamos al pueblo a seguir sacando a más personas.

Ahora que han pasado algunos días, ¿cómo está la situación?

En S'Illot y Sant Llorenç está todo el mundo trabajando. Ves a vecinos, señores mayores con rastrillos y palas. Hay mucha más gente que quiere entrar en el pueblo para ayudar, pero tenemos que organizar a todos los voluntarios. No es que no queramos más ayuda, es que si entra más gente entorpecemos el trabajo y al final es peor. Es de agradecer que todo el mundo está volcado con la causa, pero tenemos que organizarnos bien. Hay muchos camiones, palas, coches amontonados… es un caos.

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