Un año de aventuras en el Picu Fariu

Una de las salidas del grupo Picu Fariu a la Peña Tchantacabatcho, en Somiedo, de 1.610 metros. /  E. C.
Una de las salidas del grupo Picu Fariu a la Peña Tchantacabatcho, en Somiedo, de 1.610 metros. / E. C.

José Manuel Piniella recuerda, a través de una serie de imágenes, las veintidós salidas del grupo de montaña

MÓNICA RIVERO OVIEDO.

Picu Fariu es sinónimo de José Manuel Piniella, y a él se le encomendó la tarea de sazonar con anécdotas las proyecciones sobre las veintidós salidas colectivas que el grupo realizó el pasado año y que se vieron en el Auditorio.

Piniella es uno de los dos encargados de realizar las fotos en cada salida: «Vamos dos cámaras y sacamos veinte o treinta fotos», explica el montañero. Estos recuerdos son los que recopila hasta llegar el Memorial Casimiro Argüelles, momento en el que por fin se descubre todo aquello que los objetivos capturaron: paisajes, gestos y sentimientos. El retrato de varias prendas de ropa tendidas en un día de lluvia como recordatorio de «aquel día que no era bueno para secar la ropa» solo tiene sentido en un contexto.

La foto imprescindible es la de la cumbre, siempre se hace una unos metros antes por si no hubiera espacio, pero también las bromas y costumbres internas: «el día que falta Ramón no falta Ramón, falta la bota», dice, porque eso también es Picu Fariu: «Tan importante es la parte en la montaña como la del bar, que con la persona con la que estuviste pasando frío, calor o a la que ayudaste tomes una sidra o una cerveza; luego si quieres en quince días nun los ves más».

Los asistentes a la proyección también disfrutaron de los momentos nunca vistos, como las expediciones a la montaña los días antes de subir en grupo para ver si hay refugios o las condiciones tras días de intensas nevadas. «No es una lucha, es un encuentro tú a tú con la montaña, ella te mide las fuerzas pero no puedes devorarla. Es como pasar tres meses con tu suegra comiendo pollo al ajillo, que ya puedes llevarte bien con ella», bromea. A estas expediciones suele subir Piniella, normalmente acompañado de otra montañista, y él las considera «una visita a una amiga o una abuela a la que vas a presentarle a tu pandilla de amigos».

Entre el grupo se encuentran personas de todas las edades, desde los catorce hasta más de setenta, y de todas las ocupaciones. Algunos llevan más de dos décadas compartiendo salidas, «son el ADN del grupo».

Cuando la niebla se cierra y no hay paisaje con el que maravillarse, las motivaciones del grupo cambian y «lo que existe más cerca es el compañero, el calor humano, ahí es donde sale el espíritu de equipo, donde tienes que depender del compañero de delante».

Aunque el ánimo intenta mantenerse siempre alto, hay salidas que son complicadas. «Hablamos con los paisanos de los pueblos siempre porque ye muy importante, son como una delegación del HUCA, son los primeros que te pueden ayudar, es un error pasar sin decir ni buenos días», cuenta Piniella.

No han sido pocos los viajes pasados por agua en los que el grupo ha compartido paraguas y ganas de continuar hasta la cima. «Haz años la gente veía un día feo, llamábase por teléfono y decía 'no vamos', pero al final aprendimos que no era un día malo, solo diferente».

Precisamente la lluvia fue la culpable de que el año pasado el Grupo Picu Fariu no pudiese terminar la Marcha Popular que todos los años emprende desde Siero hasta la Peña Careses: «Los caminos se convirtieron en ríos», relata el montañista, «cubría el agua por les rodilles». Una foto de varios compañeros caminando en fila india por un muro al lado de un camino inundado lo demuestra.

Ayer, a la misma hora y en el mismo lugar, el Auditorio, Francisco Ballesteros ofreció otra proyección audiovisual titulad 'Recorridos por la garganta del río Dobra'. El sábado comenzarán las actividades al aire libre, con el día de escalada en la Escuela El Llano de Quirós para aprender o afianzar lo aprendido; y el domingo, la Peña Careses les espera.