Empresarios antes de salir del aula

Desde bolsos, a comida o plantas vendieron las cooperativas ayer en las calles de la Pola. /  P. NOSTI
Desde bolsos, a comida o plantas vendieron las cooperativas ayer en las calles de la Pola. / P. NOSTI

Alumnos de Primaria y Secundaria de siete centros educativos venden sus productos en la Pola a través de once cooperativas

JUAN VEGA POLA DE SIERO.

Si hay algo que no deja de correr es el tiempo. Cuando uno se hace mayor se enfrenta al 'temido' mercado laboral. Durante toda la mañana de ayer, 152 estudiantes de siete centros educativos - École, Nuestra Señora de Covadonga, IES Escultor Juan de Villanueva, IES Río Nora, Granda, CAI Arboleya y Área Residencial La Arboleya- colmaron la calle Conde de Santa Bárbara para comprobar de primera mano lo que se les vendrá encima cuando finalicen sus estudios.

Para la mayoría de los participantes fue el primer contacto con el mundo de la empresa. Los alumnos más pequeños y los de educación especial confeccionaron manualmente sus productos para venderlos a los viandantes. Por otra parte, los alumnos de Secundaria fueron un paso más allá y durante todo el curso han establecido relaciones comerciales con mini-empresas de otras Comunidades Autónomas, con el objetivo de importar y exportar productos entre sí para poder venderlos ayer. Participaron un total de once cooperativas.

Álvaro del Campo, alumno del IES Nora, explicó que el primer paso fue diseñar la empresa, crear un logotipo, designar los puestos y ponerse en contacto con la cooperativa socia. «No descartamos ser emprendedores pero tenemos que ser muy conscientes antes de los riesgos que hay que asumir», matizó.

Preparados para el futuro

Después de recibir una dosis de realidad laboral por parte de la Policía Local en cuestiones de documentación, Laura Orviz, presidenta de la cooperativa del Colegio École, valoró la actividad: «Hemos aprendido cómo se organiza una empresa. Es una experiencia que nos prepara para el futuro. Nos será más fácil afrontar las dificultades».

A pesar de que la actividad estaba destinada a formar a los alumnos en prácticas emprendedoras, hay algunos que ya se han atrevido a dar el salto. Aarón Garrote, del colegio Nuestra Señora de Covadonga, nos contó que ya tiene montada una empresa de ropa, con un amigo, en la que vende camisetas y sudaderas. «Queríamos sacarnos algo de dinero e introducirnos un poco en el mundo de la empresa», aseguró.

Después de una dura jornada de trabajo, el último paso, antes de echar cierre definitivo, es, por supuesto, analizar los resultados y repartir los beneficios. Para los que no hayan tenido la oportunidad de visitarles, el año que viene habrá más emprendedores.