Muñó disputa sus olimpiadas rurales

Algunos de los participantes en Las Agoolimpiadas. /  IMANOL RIMADA
Algunos de los participantes en Las Agoolimpiadas. / IMANOL RIMADA

La sociedad de festejos local recupera con gran éxito de participación las Agroolimpiadas, que no se celebraban desde el año 2005

M. RIVEROMUÑÓ.

Las categorías olímpicas más rurales se disputaron ayer durante las fiestas de Muñó tras más de una década sin celebrarse.

La Sociedad de Festejos de Muñó (Sofesmu), ha sido rejuvenecida recientemente con un nuevo comité del que forma parte Tamara Álvarez. Los mismos que decidieron recuperar una de las tradiciones más divertidas de sus fiestas: Las Agroolimpiadas. «No las hacemos desde 2005», contó Álvarez, que explicó que las pruebas del día eran el lanzamiento de fesoria -con unos diez kilos de peso-, la carrera de madreñas y la carrera de carretillo con fardo. Tres disciplinas que requirieron de todas las habilidades de sus participantes.

A pesar de la timidez inicial, poco a poco los vecinos se fueron animando. No faltaron los jaleos a los competidores, que aguantaron no pocas chanzas de su público. Aguantar la risa formó casi parte de la competición.

El lanzamiento de fesoria fue la prueba más disputada, en la que participaron hombres, mujeres, jóvenes y mayores por igual. La medición se realizó en pasos a falta de un metro adecuado, nadie puso objeciones y felizmente se contaron los diecisiete pasos que coronaron a Javier Fonseca Riestra como ganador. «No tamos muy en forma», confesaba casi sin aliento al final de la carrera de carretillas en la que también quiso probar suerte. «Mover un poco la fesoria antes de tirarla vale mucho», aconsejó a futuros lanzadores.

La carrera de carretillas se vivió con más emoción que la Fórmula 1. Pablo González Martínez, que ya se consagrara campeón de la carrera de madreñas con unas prestadas por su padre, repitió podio en velocidad. «Un día inspiráu», celebró.

González se lanzó totalmente a correr con el calzado atado por cintas y relleno de papel al no se este de su número, lo que admitió que «igual fue hasta un poco de trampa», admitió. La experiencia le sirvió además para animarse a tener sus propias madreñas. Con el carretillo sí tenía experiencia propia: «estuve con mi padre haciendo obra y parece que me ha ayudado».

Ambos vecinos pusieron las marcas a batir, dejando a muchos con ganas de repetir y otros tantos de animarse el año que viene.