Los padres del Celestino Montoto exigen más seguridad para frenar el botellón

La Policía Local de Siero durante una pasada inspección en en el recinto escolar. /  PABLO NOSTI
La Policía Local de Siero durante una pasada inspección en en el recinto escolar. / PABLO NOSTI

Reclaman al Ayuntamiento una ordenanza que regule esta práctica, que invade el recinto escolar muchos fines de semana

JUAN VEGAPOLA DE SIERO.

El inicio del curso escolar en Pola de Siero se desarrolló ayer sin incidentes, pero en los colegios públicos Celestino Montoto y Hermanos Arregui están preocupados por la vuelta de los botellones al recinto escolar los fines de semana, como denunció el director del Celestino Montoto, Javier García a través de este diario. Los jóvenes sortean las cámaras de seguridad y se cuelan en sus jardines para beber, dejando tras de sí desde cristales de botellas rotas, plásticos y, en ocasiones, preservativos, según abundó.

Ante esta situación, los padres exigen a la administración que adopten medidas para terminar «inmediatamente» con esta práctica. Temen que sus hijos puedan sufrir heridas con los restos de cristales o encontrarse con otros restos indeseados. Proponen para ello la regulación de la actividad para que no se pueda realizar en cualquier sitio, más presencia policial o mejoras en la seguridad del centro.

La secretaria de la Asociación de Padres y Madres de Alumnos del Celestino Montoto, Mónica Fernández, aseguró que ayer mismo, antes de comenzar las clases a las nueve de la mañana, tuvieron que retirar un plástico de latas de cerveza que colgaba de una de las ventanas del AMPA. «El conserje viene antes que el resto e intenta retirar todo lo que puede, pero no da abasto con la cantidad de colillas, cristales y plásticos que se encuentra», apuntó. Además, considera que el problema radica en que, a los jóvenes, «no se les da un escarmiento» que les disuada, por lo que no tienen problema en «volver a hacerlo».

María Goitia Fuertes fue una de las primeras madres en llegar al colegio público para acompañar a su hijo y se mostró «muy quemada» «Al utilizar este espacio para el botellón, nuestros hijos pueden encontrarse con cachos de cristales y pueden cortarse. Tampoco está bien que los más pequeños vean esto sucio, y con restos de basura, porque es un espacio que para ellos debe estar, en teoría, limpio y ordenado». «Si lo que queremos es educarles, esto es lo menos educativo, por lo que las autoridades deberían regular este tipo de prácticas», matizó.

Segundos más tarde, y por la parte trasera del colegio, llegó Inmaculada Vega que coincide en que se «necesita» una regulación: «A pesar de las cámaras de seguridad, aquí se cuela todo el mundo, lo dejan hecho un desastre». Además, prosiguió, «es una pena porque los alumnos más mayores ya van tomando conciencia de lo que se hace aquí los fines de semana y puede influir en que en un futuro, cercano, sean ellos los que terminen invadiendo la propiedad de los colegios para beber con sus amigos».

Francisco Conde Palomino, que acudió con su nieta al colegio, fue muy crítico, porque este asunto, dijo, le sienta como un «tiro». «Hay que tener mucho cuidado, porque esto los jóvenes lo aprenden antes que estudiar», ironizó. También quiso contemplar el caso de que, finalmente, termine sucediendo algún percance: «¿De quién va a ser la responsabilidad?», preguntó.

Rocío Enríquez, madre de Inés Iglesias que cursa su segundo año en el Montoto, destacó la «gran labor» que, considera, está haciendo el director del centro, Javier García, y el resto del equipo docente para frenar los botellones. Sin embargo, criticó que la instalación de nuevas cámaras de seguridad, dentro del recinto escolar, no están dando los «resultados esperados». Además, propuso «un nuevo cerramiento en el recinto» para evitar las intrusiones. Por último, Pablo Blas reclamó una solución «inmediata» porque habiendo niños en edad escolar «no se puede permitir» que haya restos de fiestas adolescentes en el patio de los colegios.

El director pide soluciones

El director del Celestino Montoto, Javier García, fue el que denunció que los botellones «han vuelto». Aseguró que el día que se reincorporaron los profesores y el personal de mantenimiento a su actividad laboral, el patio estaba lleno de desperdicios: «Pedimos una solución definitiva al problema», reclamó a la administración.