El turismo repunta en busca de otro verano de récord en el Principado

Varios turistas con su equipaje a su llegada a la estación de autobús de Gijón. / DAMIÁN ARIENZA
Varios turistas con su equipaje a su llegada a la estación de autobús de Gijón. / DAMIÁN ARIENZA

Los alojamientos rurales alcanzan el 90% de ocupación y la hostelería indica que el gasto ha aumentado

SUSANA D. TEJEDORGIJÓN.

Este es un buen verano para el sector turístico. Así lo señalan hoteleros y hosteleros que coinciden en señalar que se ha incrementado la presencia de visitantes. Un aumento que si bien no ha sido espectacular sí se ha dejado notar, tanto en cantidad como en calidad. El sector habla de un repunte de visitantes que ya no comen tanto de menú para compartir. Que piden de carta y empiezan a dejarse más dinero. Un incremento que apunta a otro nuevo récord.

A falta de unos días para que finalice agosto y con él el mes vacacional por excelencia, el sector apunta además que ni la meteorología, ni las previsiones que no dan en el clavo, han pasado tanta factura como otros años. Esos fallos a la hora de predecir si va a haber sol o lluvia, sostienen hoteleros y hosteleros, «nos afectan más a los de casa que a los que llegan de fuera». Y para avalar esta impresión citan un dato: la ocupación en el ámbito del turismo rural se sitúa en torno al 85 y 90% hasta el momento.

«Los asturianos estamos todo el año queriendo sol, pero los que vienen aquí no buscan eso; Asturias es otra historia ¿En qué lugar se puede estar a 1.800 metros de altitud y en cuestión de una hora estar mojándote los pies en una playa?», expone Adriano Berdasco, presidente de la Federación Asturiana de Turismo Rural. Un entorno natural que engancha, la gastronomía y la posibilidad de moverse entre mar y montaña en periodos muy cortos de tiempo son algunos de los atractivos que mueven a quienes visitan la región. Muchos de ellos repiten. Otros vienen aconsejados por algún familiar o allegado que ya conocía la región. Familias con niños, familias con mascotas, pandillas de jóvenes y parejas centran el perfil del visitante que recorre la geografía asturiana.

Un turista que -aunque los hoteles urbanos también se hayan llenado- no solo apuesta por estos establecimientos para hospedarse, sino que se decanta también por distintas opciones que permiten estar aún más cerca de la naturaleza o disponer de mayor autonomía, como son los campings, apartamentos u hoteles rurales.

Los turistas que se alojan en el Camping Municipal de Deva -el mayor de Asturias- repiten. «Son alojamientos cómodos y bastante asequibles, por ello hay una parte importante de pandillas de jóvenes, además de las familias con niños, que es muy habitual desde hace tiempo», sostiene su gerente, Tony Amieva. También él celebra el hecho de que, «aunque el tiempo no fue el mejor, tampoco llovió mucho». De todas formas, añade, «los campistas que llegan aquí se mueven mucho por la región». Atrás quedaron los tiempos en que las tiendas de campaña protagonizaban este tipo de oferta turística. «Los turistas llegan, generalmente, en caravanas o autocaravanas y si no, optan por los bungalows, con lo cual el tiempo ya no les importa demasiado». ¿De dónde vienen? «Fundamentalmente del País Vasco, Valladolid, Madrid, Salamanca y el centro del país, en general». En cuanto al extranjero, son los franceses son los más asiduos. En términos generales, el tiempo de estancia media ronda la semana.

Dado que, insisten quienes se dedican al sector, el paisaje y la naturaleza son la mejor baza de la región, los alojamientos rurales siguen siendo una elección para muchos visitantes. Pero quienes se deciden por este tipo de hospedaje ya no se parecen tanto a quienes lo hacían hace años. Así lo defiende Adriano Berdasco: «El turista que viene a alojarse por Somiedo, donde tengo yo mi negocio, es gente con poder adquisitivo medio alto. Recuerdo al principio, cuando venían por aquí los veraneantes me pedían que los llevase conmigo para ver cómo segaba yo; ahora quieren ya casas con piscina». Y se plantea, incluso, un cambio: «No sé si tendríamos que resetear porque se nos fue todo de las manos. A mí me han llegado a decir que hay pueblos demasiado rurales», plantea.

Quienes buscan un intermedio entre el asfalto y la vida rural sin perder un ápice de independencia pueden decantarse por apartamentos turísticos en villas como Ribadesella. Manuel González, quien regenta una vivienda de uso turístico allí, lo corrobora. «El turismo que llega es familiar, parejas con hijos y, cada vez más, parejas con mascotas». Recurrir a este tipo de alojamiento turístico «llega a abaratar el viaje hasta más de la mitad de lo que costaría un hotel de la zona».

Rutas gastronómicas

Y si a pesar de todo se prefiere la ciudad, además de a los hoteles convencionales se puede acudir a los apartamentos turísticos. Cristina Cueto, regenta en Gijón Apartamentos Turísticos Capua y defiende que este año la afluencia ha sido mejor que el pasado año. «Nosotros tenemos estancias largas y hemos estado completos todo el verano».

Dada su comodidad, dice, es un tipo de alojamiento en el que la gente también repite . Su clientela está formada, principalmente, por familias con niños que buscan activididades: «Preguntan qué hacer y qué ver». Valladolid, Palencia y Madrid son los lugares de los que proceden el grueso de los veraneantes de este año. «Hemos notado menos turismo extranjero; creo que por la dificultad de las comunicaciones», lamenta.

Cueto también afirma que muchos preguntan por rutas gastronómicas. Y es que todos coinciden en que uno de los reclamos de nuestra tierra es su gastronomía. La fabada sigue siendo el plato 'estrella'. «Y la sidra, ya que el 60% de lo que se consume se hace durante el verano», apuntan.

Javier Martínez, vicepresidente de la Asociación de Hostelería y Turismo en Asturias (Otea) y propietario de varios negocios en Gijón asegura que «es un verano bastante bueno». En hostelería, abunda, «el consumo se concentra durante los fines de semana y, por supuesto, durante la Semana Grande». Tras años de crisis, los restaurantes empiezan a notar una ligera mejoría y un aumento del gasto. «Se piden menos menús para compartir y más a la carta; en eso se nota mucho el cambio», celebra Martínez.

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