«La Universidad de Oviedo está a la altura en supercomputación»

Vicente Larraga, Alejandro Valencia, Adonina Tardón y César Nombela./
Vicente Larraga, Alejandro Valencia, Adonina Tardón y César Nombela.

Adonina Tardón resalta la necesidad de «aprovechar esta tecnología para prevenir las enfermedades»

M. MENÉNDEZLA GRANDA (GOZÓN).

Cuatro de los principales especialistas en biomedicina y computación participaron ayer en el primer día del curso 'Oportunidades para la biomedicina en el desarrollo global: 'big data', nutrición y enfermedades de la pobreza', que se está celebrando en La Granda (Gozón). Uno de ellos es Adonina Tardón, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública, quien resaltó la cantidad de información que ofrecen las nuevas tecnologías, así como la necesidad de procesarla. Según explicó, en Asturias «hay un centro de supercomputación en la Universidad de Oviedo, en la Escuela de Minas, que está haciendo estos análisis de manera rutinaria. Está a la altura en el tema de supercomputación y nosotros colaboramos con ellos». Su labor se centra en «aprovechar toda esta tecnología para prevenir la enfermedad conociendo específicamente a qué grupos de población acudir. Es un paso más en los programas de detección precoz dirigidos a la población con más riesgo que la población general». Y puso como ejemplo cómo se detecta la concentración de vitaminas en una madre y que esta se relaciona con la que tiene el hijo a los cuatro años. «Así ampliamos los análisis a las embarazadas para evitar que se traslade al niño».

El mayor experto de España en manejar tal volumen de datos es Alejandro Valencia, del Centro de Supercomputación de Barcelona, quien resalta que la mayor cantidad de información viene de la genómica, las imágenes y los dispositivos móviles, «una cantidad de información que necesitamos para comprender los procesos biológicos relacionados con el estado de salud de las personas o las enfermedades». Y apunta que «es una fuente de información brutal que ahora empezamos a saber cómo utilizar». Pero al tratarse, en muchos casos, de datos médicos, se pueden plantear problemas legales y éticos: «Hay que tener un balance entre la seguridad y la ética. Si nos quedamos en la confidencialidad, no vamos a llegar muy lejos».

En opinión de Valencia, «que haya una Consejería de Ciencia en el Principado es muy importante, porque hay acciones locales que son complementarias a las del Gobierno central y que se pueden hacer con una inversión moderada».

Vicente Larraga, del Centro de Investigaciones Biológicas-CSIC, recuerda que «las enfermedades de los pobres existen y, si no tuviéramos el sistema sanitario que tenemos, las tendríamos nosotros». Una vez dicho eso, remarca que los países desarrollados «tenemos una doble responsabilidad» con la investigación y su aplicación en el tercer mundo, «una moral y otra desde el punto de vista de que como no hagamos nada ciertas enfermedades volverán a recrudecerse en nuestros países». Y destacó que, por ejemplo, una empresa española, en colaboración con una Universidad de Zaragoza, «está desarrollando las pruebas finales de un vacuna frente a la tuberculosis en África del Sur. Y en España nadie lo sabe».

César Nombela, científico de la Universidad Complutense, es el director del curso y aboga por «cambiar nuestras normas de protección de la innovación» para que los avances lleguen al tercer mundo. Además, mantiene que «la apuesta que tenemos los científicos es la búsqueda de soluciones globales para la humanidad, pero hace falta voluntad política y aportación de recursos».