El 65% de los universitarios come de táper

El 65% de los universitarios come de táper
Integrantes del grupo de investigación de Sociología de la Alimentación de la Universidad de Oviedo. Por la izquierda, Amparo Novo, Isabel García Espejo, Cecilia Díaz y Maycom Noremberg. En segunda fila, Hans Peter van der Broek, José Manuel Parrilla, Sonia Otero, Sandra Sánchez y Tania Suárez. Detrás, María González y Laura Cabiedes. Faltan Trinidad Pascual y Nuria Hernández. / U. O.

«Ante el caos horario de Bolonia hace ocho años, se ha ido a una opción más sana»

LAURA MAYORDOMO GIJÓN.

El plan Bolonia revolucionó las aulas universitarias hace ocho años. Entre otras cuestiones, por el aumento de horas obligatorias de docencia. A decir de los propios profesores, esto trajo consigo «un caos horario» que ha obligado al alumnado a buscar alternativas para mantener, o al menos intentarlo, unos hábitos de alimentación lo más parecidos posibles a los que llevarían si pudieran seguir comiendo en casa. En familia. Porque así comemos mayoritariamente los españoles. Lo saben bien en el grupo de investigación en Sociología de la Alimentación, dirigido por Cecilia Díaz, que en estos años ha llevado a cabo diversos estudios sobre hábitos, desigualdades o aspectos políticos de las decisiones alimentarias.

Dentro de la primera categoría, la de los estudios sobre hábitos alimentarios, se encuadra el reciente trabajo realizado por Andrea Mallou, alumna de Turismo en la Facultad Jovellanos de Gijón, y dirigido por Trinidad Pascual y José Manuel Parrilla. Durante los meses de enero a marzo de este año llevó a cabo 207 encuestas a otros tantos alumnos de la Escuela Politécnica de Ingeniería, de Marina Civil, de Enfermería y de Ciencias Sociales. Es decir, los centros de la Universidad de Oviedo radicados en el campus de Gijón. Quería saber cuántos de ellos se llevaban el táper de casa para comer, cuántos recurrían a la cafetería o las máquinas expendedoras y cuántos compraban algo en un supermercado.

La conclusión es que la opción mayoritaria es la primera, la de la tradicional fiambrera. Con ella acuden a clase cada día un 65% de los encuestados. Otro 25% opta por la oferta de la cafetería y solo uno de cada diez recurría a comprar algún alimento preparado en el súper. «Esto demuestra que hay un esfuerzo por comer saludable. Mientras en otros países se ha ido más a consumir comida rápida o a tomar algo ligero para saltarse la comida y esperar a la cena, aquí, ante la distorsión horaria que ha supuesto Bolonia, la respuesta no ha sido ir a lo fácil sino a una opción relativamente sana», subraya Cecilia Díaz. La socióloga ve reflejada en esta cuestión «la importancia que damos los españoles a la comida». Los estudiantes valoran este tipo de comida porque «se adapta bien a sus horarios, es económica y garantiza una dieta saludable».

Al final, el recurso del táper -que, señala Díaz, aumentó durante los años de la crisis entre los trabajadores, pero mayoritariamente entre los estudiantes universitarios- no es más que «una prolongación del hogar y de la idea de salud» interiorizada en la sociedad española.

Desigualdades

Precisamente, este trabajo sobre los hábitos alimentarios de los estudiantes de la Universidad de Oviedo será una de los varios que se presentarán en el III Congreso Español de Sociología de la Alimentación que se celebrará en Gijón el próximo mes de septiembre.

Otra de las líneas de trabajo en las que está inmerso el grupo es la que analiza las desigualdades alimentarias en España. Es decir, el acceso diferenciado de la población a una alimentación sana. «Hay determinados grupos de riesgo que tienen un menor acceso a este tipo de alimentación y eso supone estar más expuesto a determinados enfermedades o a sufrir obesidad», explica Isabel García Espejo, investigadora principal de un proyecto de ámbito nacional que, tras dos años de trabajo de campo, entra ahora en la fase de análisis. La obesidad es una cuestión ampliamente estudiada por los nutricionistas, pero «a nosotros nos interesa saber por qué detrás de ella hay factores de carácter social», abunda Cecilia Díaz. Por ejemplo, la clase social -que se mide por la ocupación, los ingresos o el nivel de estudios-, el hábitat, la edad, el género e incluso la etnia.

La importancia del ejercicio

A lo que apuntan los datos recogidos hasta el momento es que, en la obesidad, influye más el sedentarismo, la falta de ejercicio físico rutinario, que la dieta alimenticia. «No vemos que la gente no lleve una dieta saludable. El modelo de alimentación sana se conoce, pero no la importancia de hacer ejercicio», pone de manifiesto la investigadora García Espejo, que considera necesario desarrollar políticas centradas en la promoción de la actividad física.

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